Mostrando entradas con la etiqueta William Wyler. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta William Wyler. Mostrar todas las entradas

11.12.14

“The wrong man” -1- Alfred Hitchcock




Falso Culpable 1956

Director: Alfred Hitchcock  The wrong man 
Guión: Maxwell Anderson, Angus MacPhail  
Música: Bernard Hermann (ver Filmografía cine negro en el Blog
Fotografía: Robert Burks (también en cine negro: The Verdict (Don Siegel-1946), The enforcer (Sin conciencia-Raoul Walsh-1951), Tomorrow is another day (Felix Feist-1951),  y con Hitchcock, entre la serie de sus  películas en las décadas de 1950-60: I confess, Strangers on train
Montaje: George Tomasini (también en otras películas de Hitchcock en las décadas de 1950-60)
Dirección Artística: Paul Sylbert
Productores: Herbert Coleman-Hitchcock-Warner


Actores:
Henry Fonda es Christopher Emmanuel "Manny" Balestrero
Vera Miles es Rose Balestrero
Esther Minciotti es Mama Balestrero
Nehemiah Persoff es Gene Conforti


Una falsa acusación
Los guionistas Maxwell Anderson, Angus MacPhail parten del libro del primero, “La verdadera historia de Christopher Emmanuel Balestero”, y del artículo de Herbert Brean publicado en Life Magazine el 29 de junio de 1953: “A case of identity” (Un caso de identidad):
Un hombre, Christopher Emanuel Balestrero, músico en la orquesta de un club selecto de Nueva York, casado, con dos hijos, no consigue  gestionar correctamente con su pareja la vida material de la familia y las deudas se acumulan. Una mañana de enero de 1953, el hombre va a la compañía de seguros a pedir un préstamo sobre la póliza de su mujer que tiene que ir al dentista. La persona que le atiende le identifica como el hombre que les atracó unos seis meses antes. La policía arresta al hombre a su salida del trabajo sin permitirle avisar a su familia. Una prueba de grafología en la que se compara su escritura a la de una nota dejada por el atracador –  y llevada a cabo por los mismos agentes de la comisaría y sin confirmación por un grafólogo –  pone en evidencia la similitud de escrituras y el mismo error en la ortografía de la palabra “drawer” (limitado a draw), Los testigos de los diferentes atracos cometidos en el barrio en estas fechas le identifican como el atracador.  El tribunal decide dejarlo libre bajo fianza que paga su cuñado (una suma desproporcionada con respecto al dinero robado). El hombre prepara su defensa. El abogado que acepta el caso le aconseja ahondar en las pruebas de su inocencia y buscar una coartada para los dos días que corresponden a los atracos –sin proponerle ninguna ayuda por su parte. Con la ayuda de su  mujer, el hombre conduce su propia investigación. En el juicio, los resultados de su investigación no están tomados en cuenta, los testigos presentados por el fiscal se contradicen, el jurado pone de manifiesto la falta de preparación de la instrucción. El abogado, en busca de notoriedad frente a un fiscal más experimentado en materia penal, consigue la anulación del juicio, lo que significa para el hombre la vuelta al punto de partida y una nueva pesadilla. Su mujer, profundamente afectada por la situación, tiene que ser ingresada en un psiquiátrico. A los pocos tiempos, el verdadero culpable comete un atraco en el barrio, lo arrestan y… los testigos anteriores le reconocen. Se anula el juicio del hombre  pero su familia está destrozada.
Conviene hacer notar que después de los eventos que cuenta la película, el hombre, “Manny” Balestrero (1909-1998), se mudó a Carolina del Norte, mientras su mujer Rose (1910-1982) pasa dos años en el psiquiátrico y muere en Florida. Ningún documento consultado menciona una indemnización por perjuicio moral ni sabemos si los autores de la revista, la novela, la película han compensado el hombre por la utilización de su nombre en la revelación pública de este suceso.
*******
*****
***
Hitchcock realiza una obra austera y sobria que se diferencia profundamente de su filmografía estadounidense, de Shadow of a doubt hasta su vuelta a Ingleterra con Frenzy.  En The Wrong Man no hay ni una denuncia del nazismo como en la época británica  o en Notorious (Encadenados-1946), ni del anticomunismo de Torn curtain (La cortina rasgada-1966) de una ideología  poco definida como en North by Northwest (La muerte en los talones-1959). Con respecto a las relaciones familiares, estamos muy lejos de los problemas edípicos de Strangers on a train  (1951) o Birds (Los pájaros-1963) y por supuesto Psycho (1960).
Los tonos de grises, unos decorados y unos vestuarios más propios del Ladrón de bicicleta de De Sica, de Force of Evil (La fuerza del destino-Abraham Polonsky-1948),  o de la época inglesa del director con, por ejemplo, Joven e inocente, potencian el realismo del tema.

La verdad enmascarada de las apariencias
Hitchcock consigue unir el movimiento de las imágenes cinematográficas con la revelación de una verdad enmascarada de las apariencias” escribe Jacques Rancière (Les écarts du cinéma-La Fabrique-2011).

 “Lo que se dice y no se muestra está perdido para el espectador” (Alfred Hitchcock)

La “estrategia de lo indecible”
 El tratamiento que da el director a The wrong man es profundamente distinto a lo que podrían hacer los autores citados con la historia de Manny Balestrero. Se podría interpretar como un rechazo a la denuncia directa o a un apego (real o aparente por razones comerciales) al modelo hollywoodiano de las grandes estrellas que adornan sus obras de esta época,  a pesar de haber elegido unos actores que rompen con el glamour. Otra interpretación – que conviene más a la visión de la obra que intentaré desarrollar – es la voluntad de expresar sin artificios un estilo que se acomoda mal con la verosimilitud. Lo reconoce en una entrevista: “Pedir a un hombre que cuente unas historias que tengan en cuenta la verosimilitud me parece igual de ridículo que pedir a un pintor figurativo representar las cosas con exactitud”. Veremos cómo Hitchcock utiliza una estrategia hábil y discreta que muestra sin demostrar, da a la imagen el monopolio de la narración, versión cinematográfica de esta “estrategia de lo indecible” que se aplica a otro británico, Harold Pinter.

Una obra aparte
 The Wrong Man sorprende también por la ausencia de suspense y puede irritar la presencia de una simbología religiosa más marcada que en I confess (1953). Sobre el primer punto, tenemos aquí la demostración de que humor y suspense forman la envoltura superficial de la tragedia en la obra de Hitchcock. Escribe André Bazin después de su estreno en Francia: “si tuviéramos que definir Falso Culpable con respecto al género policiaco, sería como un suspense vaciado de todo suspense, pura espera sin catarsis: el despliegue inexorable, sin complacencia y sin efectos,  del tema de la acusación, de la inocencia y la culpa. Si este tema constituye también la esencia de las otras películas policíacas de Alfred Hitchcock, el suspense es sólo su ropa o su coartada. Con Falso Culpable, Hitchcock nos ofrece probablemente por la primera vez el revés trágico de su humor”. Lo que su discípulo Truffaut resume así: Falso Culpable es el asado sin la salsa.
Con respecto a la referencia al catolicismo, Hitchcock presenta a la familia del protagonista,  Manny Balestrero,  como profundamente creyente –Manny reza durante el juicio, rosario en mano. La relación entre el Mal y la Verdad es el fundamento de la mayoría de sus películas, con un tono moralizador y un cierto conformismo. Utiliza a menudo el contrapunto de lo falso y la mentira para hacer resaltar la belleza de la verdad, corolario de la justicia. Pero,  con una referencia directa al catolicismo en Falso Culpable, la verdad se vuelve corolario de una justicia divina. Es la segunda película que evoca explícitamente el catolicismo después de I confess (1953) en su vertiente de “Bondad divina” frente al Mal y con una referencia a la iconografía y la oración. Con el secreto de la confesión de un asesino, el cura Logan aplica en Yo confeso la ley del silencio, dogma de su iglesia que pasa por encima de la justificación de su inocencia frente a las instituciones seculares. Pero  en  Falso Culpable, Manny no sabe para dónde mirar: ¿Dónde está el Mal? Se nos habla de un atraco a la compañía de seguros, y de otros dos en unas tiendas donde el inspector obliga a Manny a entrar, andar y salir;  el atracador ha simulado tener una pistola a través de su abrigo; no tenía arma. Ha robado 70 dólares aquí, 200 ahí... La tarifa del dentista para Rose,  la mujer de Manny, es de 300 dólares. Manny reconoce unas deudas con algunos amigos de unos 40 a50 dólares. El verdadero culpable  gritó cuando le arrestaron: “tengo hijos…” Manny no puede ver el Mal sino la injusticia mientras le presionan en la comisaría para que reconozca más deudas.

Determinismo y azar

 ¿Dónde está el Bien? ¿Dónde está lo verdadero? el joven de Young and innocent (1937), el personaje de Kaplan / Cary Grant de North by Northwest, son unos “falsos culpables” que se mueven desde lo verdadero, apoyados por la familia del inspector de policía o por los servicios secretos respectivamente. Pero la sociedad no ofrece estas referencias a Manny Balestrero. No se atreve a juzgar las instituciones y se refugia en la oración. Ha pasado este calvario del sistema policiaco-judicial sin encontrar ninguna referencia a lo verdadero. Por conminación de “la máma”, cuando se encuentra al borde de la desesperación, vuelve a centrarse en la referencia a la imagen santa del Cristo colgada en la pared, en un más allá de la verdad humana. La justicia divina acaba actuando a su favor cuando el verdadero culpable se manifiesta con un nuevo atraco. Sin embargo, la “estrategia de lo indecible” de Hitchcock permite que esta manifestación determinista y trascendente acentúe la fuerza de su opuesto: el azar, la suerte, “único suspense de la película…” escribe J.L.Godard[1]. Añade en su análisis de The Wrong Man: “el tema de esta película reside más en la probabilidad de los eventos que en lo imprevisto”. Porque, a continuación del pretendido “milagro” debido a la oración, el inspector que arrestó a Manny, se entera,  en el pasillo de la comisaría, justo antes de marcharse,  que han arrestado a un hombre por un atraco. Relaciona inmediatamente el evento con el caso Balestrero, duda un corto instante y, por fin, pone en marcha la máquina administrativa que libera a Manny. Puro azar o probabilidad ínfima como dice Godard.
Por otra parte, si Manny no juzga las instituciones, lo que parece haber pasado según el artículo de Life Magazine, y que Hitchcock representa, sitúa el “Mal” en estas mismas instituciones: Manny Balestrero es rehén de la sociedad y, como el príncipe Michkine, el idiota,  se vuelve un icono crístico. Siempre filmo un inocente en un mundo culpable dirá Hitchcock a Truffaut.  En una época en la que Hollywood produce tantas películas sobre familias rehenes de fugitivos armados, vanagloriándose del buen funcionamiento de las instituciones estadounidenses y del comportamiento, heroico para su prole,  del “jefe de familia” –pensamos por ejemplo en Desperate Hours (William Wyler-1955) o Suddenly (Lewis Allen-1954), Hitchcock invierte la situación y representa las consecuencias de ésta sobre las relaciones humanas, sin por eso tener que comprometerse denunciando los grandes símbolos de una sociedad democrática.
Tenemos aquí una diferencia mayor con sus otras obras. El mismo año en que Fritz Lang firma dos películas sobre Verdad y Apariencias, On a reasonable doubt (Más allá de la duda) y While New York sleeps (Mientras Nueva York duerme), Hitchcock utiliza una narración que, desde la imagen, rompe el sistema de juicio y se sitúa entre lo verdadero y lo falso. Para los investigadores, no hay error o duda: el interrogatorio que conduce a la acusación es falseante; y si para algunos testigos hay dudas, para otras el director sugiere una posible falsedad. No hay error judicial porque el juicio ha sido anulado por vicio de forma… y, más tarde,  el inspector libera a Manny sabiendo que había una alternativa a la  decisión que tomó de arrestarlo: ahondar más en la investigación en vez de este juego tramposo con Manny Balestrero. Con su rechazo de la verosimilitud, del realismo por el realismo, del documental o del cine-vérité, Hitchcock opta por la utilización exclusiva de su sensibilidad para tejer unas imágenes narrativas que Deleuze llama lo falso elevado a la enésima potencia, la del artista.

El telar de Hitchcock
El bastidor es el marco de la pantalla, o más bien el encuadre de la cámara en sus movimientos. Hitchcock encierra en él todos los elementos del suceso descrito anteriormente. Pero el primer plano que encuadra es él mismo. No es uno de sus famosos cameos: acompañado de dos notas de música – en la tonalidad de la escena siguiente que acompañará los títulos de crédito – se presenta en contra luz en un estudio de la Warner. Nos invita a ver un film diferente porque se trata de “una historia verídica”. Insiste (en la versión original): “cada una de sus palabras lo es”. Sigue hablando, con un tono de publicista para lavadoras: “Sin embargo contiene unos elementos más extraños que las ficciones que he tratado en tantos thrillers anteriores”.
Hitchcock nos propone un juego: lo falso se encuentra justamente en los “elementos más extraños” que anuncia. Si su bastidor contiene todos los eventos, no significa por supuesto que son todos verídicos, y menos todavía que “cada una de sus palabras lo es”; saber si su única fuente es el artículo de una revista sobre un hecho ocurrido unos años antes o si e puede reconstituir lo que pasó en la casa de la familia Balestrero no es lo que importa. Las “palabras verídicas” anunciadas no pueden serlo porque todo lo que se dice en la película no ha sido transcrito, ni en la comisaría, ni en casa de la familia Balestrero, ni en la investigación que emprenden Rose y Manny. Las transcripciones del juicio son típicas de cualquier juicio y las confesiones de Manny en el despacho del abogado O’Connor, aunque transcritas por su secretaria,  corresponden a la única escena elíptica.
La frase cinematográfica, palabras incluidas, pertenece en exclusiva al director. Descubrimos que utiliza su arte para distanciarse de la verdad y dar una representación subjetiva de unos eventos reales. Al opuesto del documental, no nos enseña la realidad desde el discurso, la denuncia del error judicial, los conflictos latentes en las relaciones. Todo está sugerido y sujeto a interpretación.


 La creatividad artística del director consigue transformar un suceso propio de un documental, con este largo recorrido administrativo entre el arresto y el juicio, en una “autentica ficción” con estos movimientos de una cámara a veces objetiva, siguiendo la evolución de los eventos y  de los personajes relacionados con Manny, a veces subjetiva cuando enfoca lo que ve Manny. El resultado es un trabajo  plano por plano y, para cada encuadre de su bastidor, un prodigio de dirección de actores, particularmente de las expresiones de Henry Fonda, en su composición del hombre reservado, casi introvertido, con sus explosiones de ira, sus pasos decididos cuando se le permite actuar.  Consigue una perfecta sincronización de los estados emocionales de Manny  con la entrada de los temas musicales de Hermann, los ángulos de toma, los contrastes luminosos de la fotografía y el ritmo de montaje. Cuando Hitchcock filma la “historia verídica” de Manny Balestrero,  no vemos lo que ha pasado a Manny Balestrero, vemos una obra de Hitchcock, la tela que ha tejido.
   
Urdimbre: los símbolos en las relaciones

Hitchcock suele elegir en sus películas una acción particularmente impactante: podría ser “matar”; aquí es “robar” como, un año antes en To catch a thief. Retomará el tema en 1964 con Marnie.   Tensa la urdimbre de su telar, o sea lo que no se oye ni se ve, lo que está “fuera de campo”, de tal manera que cobre una importancia simbólica decisiva. Lo hace sobre la base de la acusación: “el hombre acusado, su función en la sociedad, la fragilidad de los testimonios, del sistema policial y de la justicia[2]. Muestra fríamente, sin crítica aparente, el funcionamiento de las instituciones, de la sociedad (inmigración, pobreza, atracos para poco dinero…), de la justicia humana: lo verídico y lo falso, la inocencia y la culpa. Da más peso a la familia, núcleo de afectividad y de conflictos, y a su inseparable compañera, la religión (aquí, el catolicismo y la hipótesis de una justicia divina). Unos leves indicios dejan planear una duda con respecto a la condición de Balestrero, muy probablemente de origen italiano (“Ciáo, máma” en la visita a la madre, la frecuentación de algunos lugares como el Hotel de Ferraro): la actitud condescendiente, por momentos irónica,  de los inspectores de policía que pronuncian con dificultad su apellido y emprenden un juego sucio con él durante el interrogatorio con la prueba de grafología; también se nota una actitud paternalista por parte del abogado O’Connor. Más importante es la diferencia marcada entre Rose y el resto de la familia Balestrero.


 Hay en la película dos planos-secuencia que reúne a la familia de Manny con su mujer y su madre; sugiere que la madre, la hermana y el cuñado Conforti,  forman un clan en el que Rose no está incluida: se puede interpretar que Rose es protestante de origen anglo-sajón mientras los Balestrero son católicos. En la primera de estas escenas se sitúa la causa principal del profundo trauma que Rose vivirá más tarde: este corto instante en que Rose sospecha de las relaciones de su marido con las apuestas y las deudas en contraste con la confianza incondicional de la máma.   Nada está dicho,  los detalles en las imágenes sugieren los símbolos de esta sociedad.

Trama: las relaciones en la acción
Lo que pertenece a la trama que el director va tejiendo es la acción, las imágenes de los eventos, la música que las acompaña y, dentro de la acción, las relaciones que marcan a los personajes y de las cuales algunos se desmarcan…. Al final, se corta los hilos que solidarizan la obra al bastidor: la trama tendrá su propio destino, acompañada por este “fuera de campo” que la sostiene y así llegará al espectador[3].
Hitchcock va tejiendo la trama, incorpora la acción principal (robar) a un conjunto de relaciones y describe unos eventos que cuentan más que la propia actuación de los personajes. Manny es un hombre cualquiera, está acusado de robo, atrapado en una situación que no puede controlar: él es parte de unos eventos. Pero, según Eric Rohmer y Claude  Chabrol (“Hitchcock” Ed.d’Aujourd’hui),  sería insuficiente decir que  “un inocente  está acusado de un crimen que no ha cometido”.  Culpabilidad e inocencia están en un  equilibrio inestable: el verdadero ladrón ha cometido un delito “por” el otro, el inocente… que ya no lo es totalmente. El hombre equivocado (the wrong man) se va sentir culpable de su mala gestión del presupuesto familiar, probablemente de algunas apuestas en las carreras,  reales y no imaginarias como intenta justificarlo a su mujer. No sabemos hasta que punto se elevan realmente sus deudas. A ella también le va a pasar lo mismo: se atormenta por la gestión de la casa y por, un breve instante, duda de la inocencia de su marido. A la culpabilidad que la roe, se añaden las investigaciones y el juicio que no conducen a ninguna parte: pierde el contacto con la realidad y hay que ingresarla en un psiquiátrico.  


 Desde la primera secuencia,  nos identificamos con el hombre, falso culpable hasta la devolución de la inocencia a éste y la culpa al otro, el verdadero culpable,  realizada con un  fundido de las dos caras. Lo que nos dice Hitchcock es que “no se puede separar el crimen del “intercambio” como en Stranger on a train o también “dar” o “devolver” tu crimen al inocente como en I confess. En el cine de Hitchcock, uno no comete un crimen: lo devuelve, lo da o lo intercambia. .. La relación (intercambio, dono, devolución…) no se limita a envolver la acción: la penetra por todas partes  con antelación…” (Gilles Deleuze- nota anterior).
Las relaciones marcan este movimiento de intercambio y devolución hasta la restitución a cada uno de su papel: Manny carga la consciencia del verdadero atracador culpabilizándolo del trauma de su mujer.




 Porque nada será lo mismo de antes: uno de los términos de la relación ha saltado fuera de la trama. El devenir de cada uno en este delicado equilibrio entre inocencia y culpabilidad ha transformado el conjunto de las relaciones; los eventos han conducido a uno de los personajes a desmarcarse: Rose. Al principio, nos encontramos en una relación ordinaria de pareja: el afecto y los problemas del día a día. Pero el desequilibrio inocencia-culpa se instala y, después de un corto instante en oposición con el resto de la familia por la sombra de una duda, la mujer se desmarca totalmente, borra la relación y entra en otro movimiento mental. Los personajes han llegado a un delicado y trágico equilibrio en unas nuevas relaciones. Más tarde, una gaviota se desmarcará de la relación ordinaria entre  los humanos y los pájaros… lo que conducirá a un nuevo equilibrio más bien precario (Birds-1963).

Continúa: The wrong man -2:Un relato de Hitchcock


Blogs de memento
individuo y sociedad                  cine negro  Más de memento







[1] J.L.Godard: “ Le cinéma et son double” Cahiers du Cinéma Junio de 1957
[2] François Truffaut en Cahiers de cinéma 1/05/1957.

[3] Gilles Deleuze en Image-mouvement-Editions de Minuit-p.270 y siguientes: “En  Hitchcock, las acciones, los afectos, las percepciones, todo es interpretación, desde el principio hasta el final. Rope está hecho en un único plano de tal manera que las imágenes forman unos meandros  de un solo y mismo razonamiento… el plano único de Hitchcock somete el todo (de las relaciones) al encuadre: abre este encuadre a lo largo manteniéndolo cerrado la anchura, justo como en un telar cuando se teje un tapiz infinitamente largo …

25.11.13

"The dark past"-Rudolph Maté


Cerco de odio  1948
Director: Rudolph Maté

Guión: Philip Macdonald-Michael Blankfort-Albert Duffy /Adaptación: Malvin Wald-Oscar Saul / obra: “Blind Alley” de James Warwick

M úsica: George Duning

Fotografía:  Joseph Walker

Montaje:  Viola Lawrence

Productor: Buddy Adler (Columbia)
Actores:

Nina Foch es Betty
Lee J. Cobb es Dr. Andrew Collins
William Holden es Al Walker

Rudolph Maté, este gran fotógrafo –de su trabajo inmemorable en1928 con La pasión de Juana de Arco seguido por Vampyr de Carl Dryer  en 1932, hasta Gilda y The lady from Shanghai  (1947) –ha regalado como realizador al cine negro el excelente D.O.A y un correcto Unión Station en 1950.  Con The dark past,  se adentra en el film noir freudiano. El doctor Andrews, profesor de psicología y psiquiatra consejero de los servicios de policía de la ciudad,  cuenta el caso de Al Walker, que consiguió curar de sus pulsiones de matanza con arma de fuego aplicando el análisis de un sueño obsesivo.


La curación se efectúa en unas condiciones particularmente violentas. Walker acaba de evadirse de la cárcel  tomando a un funcionario como rehén. Le ayudan su compañera  Betty y dos acólitas más. Mata al funcionario y el grupo se refugia en la casa de campo de Andrews que pasa el fin de semana con su mujer, su hijo y algunos amigos. Es así como el doctor Andrews se convierte rehén de Walker;  pero, muy pronto, se invierte la situación.

Mientras la familia,  los amigos y las empleadas de la casa están vigilados por la banda en habitaciones distintas, Andrews se queda en el salón con Walker, aumentando progresivamente su autoridad sobre su comportamiento: pone en evidencia su fragilidad psíquica y consigue, con la ayuda de Betty, llevar a Walker a desvelar su sueño obsesivo.

Es la revelación del amor a una única mujer, la madre,   la muerte violenta del padre,  el niño Al Walker, pistola en la mano, escondido debajo de una mesa rodeada por las piernas de los policías, mientras las gotas de sangre del padre caen sobre su cara, una lluvia de sangre. El análisis freudiano libera a Al de una parálisis de dos dedos y de su pulsión de muerte cuando apunta a un policía con su pistola.


Nos encontramos con la típica película de rehenes que ayuda la Asociación de Rifles de los EEUU a aumentar sus fabulosos beneficios. Pero, ¿se repiten los clichés de The desperate hours de William Wyler en 1955 o de Suddenly de Lewis Allen en 1954, tratadas en este Blog: la apología de las armas en Suddenly, los valores familiares amenazados, el padre héroe en la obra de William Wyler, el niño héroe en Suddenly…? No exactamente. El encuentro entre el asesino fugitivo psicópata y el doctor Andrews – excelente Lee J.Cobb en su caracterización del profesor de psicología, pipa en la boca –da un toque original para la época y el cliché del niño héroe presente en las películas citadas está aquí atenuado.


con este tipo de películas sobre atracos y rehenes, Hollywood no se limita a hacer la apología de la defensa individual con armamento: está poniendo de moda al gremio de los psis  con unos guiones explicativos que, al día de hoy, se revelan bastante pesados. Está claro que, desde 1945, Spellbound (Recuerda-Hitchcock) y Conflict (Retorno al abismo-Curt Bernhardt), con el fin de la guerra mundial en tela de fondo, marcan el estallido de las consultas a las diferentes ramas del gremio con el consecuente beneficio económico para los que las practican.
Lo que limita la calidad de la película proviene esencialmente de un guión centrado únicamente sobre Andrews y su paciente, dejando de lado a los demás personajes. La primera limitación está en la actuación de William Holden: tiene una experiencia de 10 años de cine pero no consigue ser convincente en el papel del psicópata. Encontrará a Rudolph Maté con Union Station en 1950, después de rodar Sunset Bvd con Billy Wilder. Pero, Holden tendrá siempre el papel de Holden. Si le pasa lo mismo a Lee J.Cobb, por lo menos se le ofrece unos papeles que corresponden a su personalidad.   El papel de Betty / Nina Foch, compañera de Walker compasiva y paciente,  sabe a poco. La evasión de la empleada o del niño –que la actitud de la madre contribuye a asustar todavía más –y, sobre todo, las relaciones turbias entre algunos invitados… están justo bosquejadas cuando podían añadir emoción y ritmo al clima claustrofóbico que exige el guión.

Rudolph Maté, sin embargo, consigue dirigir con buenos encuadres y una cámara fluida. La secuencia inicial con el doctor Andrews que se dirige a su trabajo en cámara subjetiva y voz en off comentando sus impresiones sobre la gente que cruza, es una excelente introducción al tema. También, el director mantiene el interés con algunas escenas como la partida de ajedrez entre el doctor Andrews y Walker o el juego de dardos con el dibujo del cerebro como mira.

La representación del sueño es, por supuesto, el clímax: Maté trata a su manera el análisis del sueño de Spellbound:  si Lee J.Cobb no es Ingrid Bergman, la representación del sueño en negativo,  con la lluvia negra sobre fondo blanco,  nos salva de la ridícula puesta en escena del sueño de Gregory Peck hecha por  Salvador Dalí e Hitchcock. 




Blogs de memento
individuo y sociedad                  cine negro         Más de memento

21.4.13

"The desperate hours" de William Wyler


Dossier CINE NEGRO Parte III: En el corazón del cine negro

Horas Desesperadas (1955)

Director: William   Wyler
Guión:  Joseph hayes
Música:  Gail Kubik
Fotografía: Lee Games


Actores:
Humphrey Bogart as Glenn Griffin
Fredric March as Daniel C. Hilliard
Arthur Kennedy as Deputy Sheriff Jesse Bard
Martha Scott as Eleanor "Ellie" Hilliard


Daniel Hilliard dice a su hijo amenazado por Griffin/Bogart: “Corre, Corre…”
Si He ran all the way es la última película de John Garfield, esta es la penúltima de un Humphrey Bogart ya agotado: Más duro será la caída (Mark Robson-1957) marca el final de sus 30 años de carrera con altos y bajos. Horas Desesperadas –para los atracadores como para la familia rehén, pero también como el espectador –es el último ejemplo de lo  “bajo” que puede caer Boggey, acompañado en esta caída por el otro protagonista,  Fredric March, y por el director William Wyler que nos ha demostrado otra maestría en The letter (en este Dossier) que esta obra soporífera.  Si He ran all the way ha tenido una distribución injusta en salas, Horas Desesperadas también,  pero por razones opuestas.

Tengo muchos reparos en presentar esta película en este Dossier, no tanto porque es más una peli de gánsteres que puro cine negro sino por ser la peor película que trato hasta ahora en el Blog.
Si me acerco a este objeto repulsivo después de citarla en la página anterior dedicada a la excelente He ran all the way de John Berry, es para ahondar en lo que las opone. En esta página, hacia referencia a la denuncia que puso Sam Ross, escritor de la novela (1950) adaptada por John Berry, con un guión de Trumbo, en contra de Joseph Hayes que escribe Desperate Hours (la novela en 1953 y la  obra de teatro con Paul Newman en 1954). La similitud entre las dos obras –toma de rehenes y misma composición de los miembros de las dos familias –no permitió a Sam Ross ganar la contienda. Joseph Hayes se inspira en un evento similar ocurrido en 1952 a la familia Hills. La película tendrá otros tipos de problemas con la justicia: una revista publicó unas fotos con los actores en la casa donde ocurrió la toma de rehenes.

La familia Hills se había mudado mientras pero denunció los hechos por atentar contra la vida privada. Estos hechos, aunque anecdóticos, reflejan unos detalles interesantes sobre la estrategia de la industria cinematográfica estadounidense frente a la sociedad consumidora de sus producciones, o sea gran parte de la humanidad.  Se destroza una obra que pone de manifiesto la relación entre delincuencia y pobreza, la influencia de la moral religiosa sobre el orden social y su obstaculización de la solidaridad humana, la consecuencia de estos dogmas sobre la fragmentación de la sociedad y del núcleo familiar.  Se pone en marcha la máquina publicitaria para hacer resaltar la visión opuesta: la familia burguesa feliz y amante del orden amenazada por la violencia absoluta de unos seres perversos, unos humanos inhumanos. Se contrata a unos actores famosos,  comerciales, se crea el evento con un pequeño escándalo judicial.

El guión  destaca la cohesión de la familia amenazada y la valentía del padre de familia que sabe comportarse como un héroe frente al peligro y la necesidad, por la generación siguiente,  de este ejemplo estoico. Se pone en marcha la banalización de la violencia: la primera película desaparece de las pantallas unos cuantos de años, dejando a The despserate hours el beneficio taquillero y el lanzamiento de la moda “rehén”, usada para todo: clientes de bancos, viuda o madre soltera y sus críos, en un ambiente confortable en barrios residenciales, o rural de western… enfrentados a unos temibles psicópatas. La película tendrá un remake hindi  en 1970 con Drohl de K.Bapalah, otro en 1974 con 36 Ghantes de Raj Tilak , en 1990 con 37 horas desesperadas de Michael Cimino. Medio siglo después de la película de Wyler, la moda resiste, tanto en la TV por supuesto, como en el cine comercial.

Ver hoy Horas Desesperadas da la impresión de encontrarnos de nuevo con esta familia típica de los sitcom que los EEUU venden como churros a todas las TV del mundo.  Hasta Pedro Almodóvar, también con sus altos y sus bajos comerciales,  cuenta como se inspira en Horas Desesperadas para su guión de Átame: «…decidí escribir una película que tuviese lugar en un estudio. Así podría poner la cámara donde quisiese, podría mostrar la belleza oculta del decorado. En aquella época, vi Horas desesperadas. Tres malhechores (Humphrey Bogart es el cabecilla) se fugan de prisión y se refugian en la casa de una familia de clase media. Toman como rehenes a todos los miembros de la familia. Esto me dio la clave. En mi primera aproximación, tres delincuentes se fugan de prisión y llegan por casualidad a un estudio donde acaba de terminar el rodaje de una película. Irrumpen en el plató. Por primera vez, tienen una casa bonita sólo para ellos, aunque sólo se trate de un decorado de cartón-piedra. Todo es falso, como en un piso piloto, pero es un buen escondrijo. Por la noche, llega todo el equipo de la película para festejar el final del rodaje. Los tres delincuentes se ven obligados a secuestrar a todos los miembros del equipo. Como ocurre a menudo en el proceso de escritura, tras desarrollar esta primera idea, de los tres malhechores sólo quedó uno (Antonio Banderas) que sale de un centro psiquiátrico y decide secuestrar a una chica con la que recuerda haber echado un polvo años antes. El resultado es ¡Átame!, un cuento de hadas romántico sobre la dificultad de convivir en pareja».

La muerte de Bogart / Griffin: “¡que muera la bestia!” así acaban también Frank Sinatra en Suddenly, John Garfield en He ran all the way o Richard Conte en Cry of the City
 
Blogs de memento
individuo y sociedad                  cine negro                        más

7.4.12

"The letter" (William Wyler)



 The Letter (1940)

Director: William Wyler
Guión: Howard Koach/Somerset Maugham(obra teatro) 
Música:  Max Steiner -arreglos Hugo Friedhofer
Fotografía:  Tony Gaudio 
Actores: 
Bette Davis..... Leslie Crosbie
Herbert Marshall..... Robert Crosbie
James Stephenson..... Howard Joyce
Gale Sondergaard..... Mrs. Hammond
Frieda Inescort..... Dorothy Joyce
Bruce Lister..... John Withers
Sen Yung..... On Chi Seng
  • Un disparo, una paloma se echa a volar...


  • Otro disparo, los perros se despiertan. Los demás tiros y los ladridos son el fondo sonoro de una sorprendente coreografía. Unos hombres medio desnudos se precipitan fuera de las hamacas donde dormían en esta noche de luna llena.  


    En la Malasia colonizada por los ingleses a principio del siglo pasado, estos esclavos de una plantación de caucho son testigos del crimen cometido por Leslie Crosbie,  la mujer del amo. Bette Davis, majestuosa, acaba de matar a su amante.



    La primera secuencia de The letter (La carta-William Wyler-1940) es negra, muy negra. Un melodrama va a desencadenarse dentro de una micro sociedad británica y holandesa instalada para explotar el caucho…  y a los malayas. A este grupo de individuos vestidos de blanco les va mal el calor de sus colonias.



    Tampoco aguantan que una de los suyos, tan notable,  sea juzgada por asesinato. Leslie miente para defenderse con el argumento de la violación y de la legítima defensa. De todas maneras, los demás no pueden permitir el escándalo que hace de una mujer blanca una vulgar criminal a los ojos de los indígenas. El mundo de los hombres blancos de los negocios y de la justicia se organiza para protegerla.
    La relación dominante-dominado esta sutilmente marcada en la película. El talento de Bette Davis para disfrazar sus sentimientos invade la pantalla mientras manda a los criados con naturalidad.  El abogado mantiene una actitud  cortés frente a su asistente malayo cuando lo que siente es un profundo desdén. En la época del estreno de la película, el espectador occidental podía identificarse fácilmente con estos individuos que viven un drama en tierra hostil. Los protagonistas parecen víctimas de un mundo extraño, misterioso, inquietante. ¿Quiere William Wyler invitarnos a leer la imagen con este enfoque cuando a los malayos les corresponde demostrar su propio poder?



    No conviene equivocarnos: se trata claramente de la decadencia de una sociedad, de toda una civilización. Estos individuos colonizadores están dispuestos a humillarse, a renunciar a su dignidad para mantener su estatus. Leslie Crosbie, con sus gafas, sus bordados y su taza de té con los amigos,  pertenece a la cultura de las apariencias y de las mentiras. La mujer malaya del amante de Leslie tiene la prueba de su culpabilidad: la carta. El abogado de Leslie, amigo de la pareja Crosbie,  está dispuesto a sobornar a los testigos de cargo. Probablemente, la magistratura inglesa sabrá cerrar los ojos. Leslie no tendrá ningún reparo en arrodillarse delante de la malaya, mujer del hombre que mató por celos, dándole las gracias por permitirle recuperar la carta comprometedora.
     


    La maniobra cuesta a su marido todos sus ahorros. El sacrificio vale la pena cuando se trata de demostrar a los indígenas que un blanco, depravado por atreverse a unirse a una de los suyos, es el violador de una respetable mujer blanca.


    Sin embargo, los criterios de juicio no son los mismos para todas las culturas: a la justicia de los blancos, que protegen a los suyos,

    … responde la ley del talión: el puñal.

      El asistente del abogado, intermediario en esta maniobra, sale ganando materialmente pero, ante todo, aparece como el símbolo de una nueva época.




    Un encuentro con Somerset Maugham
    La película The letter esta sacada de la obra de W.Somerset Maugham "The casuarina Tree", publicada en 1924 (traducida de la edición francesa por  "El sortilegio malaya"). Es una selección de seis relatos, The lettercorrespondiendo al último , "El asunto Crosbie" y a su transposición al teatro por el autor con el nombre de "The letter", estrenada en Londres en 1927.
    La obra tuvo una primera adaptación al cine en 1929, dirigida por Jean de Limur, y con Jeanne Eagels en el papel de Leslie Crosbie. La actriz muere repentinamente después del rodaje de la película y es nominada a título póstumo en los Oscares de 1941. Una versión TV de la obra sale en 1982 con Lee Remick.
    Bette Davis interpretó con Leslie Howard la adaptación de la obra maestra de Somerset Maugham, Of Human Bondage (Cautivo del deseo-John Cromwell-1934).

    El director William Wyler, como Somerset Maugham, nace en Francia. El que marcó el cine comercial con Ben Hur, dirigió a Bette Davis antes de The letter en la película que lanza la fama de la actriz, Jezabel en 1938 y, más tarde, en The littel foxes (La loba-1941).

    Herbert Marshall tiene el papel del marido de Leslie Crosbie, administrador de la plantación de caucho, después de interpretar al amante asesinado en la versión de 1929. Se encuentra de nuevo con Bette Davis en The littel foxes. Pero, a Marshall se le recuerda por su interpretación de… Somerset Maugham en The razor's edge(El filo de la navaja-Edmund Goulding-1946). En este Dossier, lo vimos en Foreign Correspondant (Enviado Especial-Hitchcock-1940).

    James Stephenson, el abogado Howard Joyce en la película, hace un papel notable que le vale una nominación al Oscar así como a Max Steiner por la música: sus violines bajo la luna llena de la primera y la última secuencia acentúan la densa atmósfera del acto criminal. La nominación por la dirección fotográfica a Tony Gaudio está muy justificada también. Gaudio sabe fotografiar a Bette Davis, encontrar los mejores ángulos y luces, ya que han trabajado juntos en The old maid (La solterona-Edmund Goulding-1939) y Juárez (William Dieterle-1939). Se encontraran de nuevo en The great lie (La gran mentira-Edmund Goulding-1941).
     
    Blogs de memento
    individuo y sociedad                  cine negro         Más de memento