Mostrando entradas con la etiqueta Stanley Baker. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Stanley Baker. Mostrar todas las entradas

26.5.17

“Blind Date” (2): lo visible y lo enunciable- Joseph Losey





Puede esta imagen ser parte del relato de Jan o una representación de lo que imagina el inspector Morgan que acaba de volver a gozar de “La edad de oro” de Luís Buñuel?



¿Qué es lo que vemos? ¿Podría Jan ser cómplice de la cámara del director para despistarnos en esta primera secuencia en la cual todo le acusa de la muerte de Jacqueline? ¿Y quién habla en esta sucesión de flashbacks que cuentan la relación entre Jan y Jacqueline?¿Pueden estos flashbacks corresponder al relato verdadero hecho por Jan o a la imaginación del inspector Morgan?

 Lo visible y el relato, la imagen y los diálogos… Pero Ver no es Hablar y el uno puede capturar al otro si se da una relación de poder, unas fuerzas que afectan a otras fuerzas….   ¿Hasta que punto la imaginación del inspector Morgan consigue capturar   progresivamente el relato que le hace Jan, en total contradicción con el presente? ¿Cuáles podrían ser las relaciones de fuerzas que afectan el inspector Morgan para tal composición de imágenes?  ¿Y con qué propósito? ¿Confirmar su visión del mundo burgués dominador y corrupto o encontrar la verdad sobre Jacqueline?

Ver página anterior la primera parte de: Blind Date (Chance Meeting)


*****

Un divertimiento en dos actos
La carrera cinematográfica de Joseph Losey marca una evolución en la complejidad de la estructura narrativa y demuestra su interés por el decorado,  objeto de una notable atención, evidentemente relacionado con su experiencia teatral. Blind Date es un buen ejemplo de estas características del director. Utiliza una narrativa  de lo más clásica en el género negro, la culpabilización del “inocente en un mundo culpable” (según Hitchcock), para ofrecer un divertimiento en dos actos con dos decorados. Jugando con unos efectos teatrales voluntariamente muy exagerados,  un verdadero pastiche del teatro de bulevar en algunas escenas de la primera secuencia y en el final de la obra,



La coreografía de los personajes, el encadenamiento de las secuencias y el sentido del espacio potencian una narración que debe más a la imagen que al texto. Las investigaciones de Joseph Losey sobre la utilización del decorado son de lo más creativas en Blind Date: el contraste entre los exteriores con grandes panorámicas luminosas y el apartamento sobrecargado de muebles, ropas, espejos pretenciosos, permite potenciar la claustrofobia del primer acto en la casa de Jacqueline. Sin embargo, la acumulación de objetos (algunos dan muestra de  signos de riqueza) toman aquí todo su sentido porque desvelan progresivamente unas informaciones sobre la identidad de Jacqueline, punto clave del enigma…
 Volveremos a esta atmósfera claustrofóbica en la segunda parte: los interiores de estudio representando la comisaría – con sus tuberías de calefacción, sus ventanas de entresuelo, unos espacios que, por momento, se abstraen… , –  forman una serie de clichés voluntariamente exagerados de un ambiente de cine negro holywoodiano revisitado por Losey.



Los encuadres van a modelar estos decorados en función de la intensidad dramática: las paredes y el techo parecen encerrar progresivamente a Jan, el sospechoso rodeado de policías, bajo la presión de los interrogatorios. Los espejos le reflejan al infinito pero también le enmarcan, sumándose a la serie de señales que le hacen perder el sentido de las realidades que suceden a su alrededor, cayéndose continuamente en las trampas del inspector Morgan. El cuarto de baño prácticamente redondo y sobrecargado en sus pinturas murales se ve transformado en jaula donde se enfrentan dos leones: Morgan y su colega mandado por la jerarquía para vigilar el desarrollo de su investigación, ya que el caso es de lo más sensible: hay que proteger la fama de un alto funcionario y acabar lo ante posible con el asunto, Jan presentándose como el acusado ideal.  
Intercalados a lo largo del primer acto, los flashbacks iluminan la pantalla con un decorado (el taller del pintor) sobrio, casi aéreo, iluminado por todas partes. Aquí el espejo enmarca la pareja Jan-Jacqueline en los momentos de confidencias: “me espera un marido que tiene afición por el coñac y me pega cuando está borracho. Sí, la violencia no es patrimonio de los pobres. ¿No sabe lo que pasa en las casas de estilo Regency?...”



Además de la acertada utilización del espacio, el otro elemento interesante de Blind Date es reside en su construcción. Los dos actos están bien delimitados por los dos decorados. Los flashbacks del primer acto no son los únicos en inyectar los datos: este primer acto es un continuo movimiento de personajes entre habitaciones, salón, cocina y cuarto de baños: los policías, el jefe de Morgan, un médico forense… y el cartero que, en una escena  (cortada por la censura franquista) da unas indicaciones que cambian el rumbo de la investigación.
El segundo acto, con una corta interrupción en exteriores, es una encerrona que pasa de dos a tres personajes con una violenta tensión que se relaja en la imagen final que sirve de contrapunto a la primera imagen de la película: un autobús se lleva aJan con el mismo ritmo, el mismo ambiente musical,  que el de la primera imagen. El tono del divertimiento con el que Losey encierra su obra transmite la primacía de la libertad de un cuerpo joven sobre cualquier encadenamiento pasional: entre dos paradas de autobús, este Blind Date, esta cita imprevisible en un apartamento desconocido, no es nada más que un paréntesis en la vida de Jan.


Morgan y las ambigüedades



De hecho, tanto la estructura de la obra como los decorados sirven principalmente de molde a la evolución de los sentimientos del inspector Morgan en la elaboración de su investigación En Blind Date, La interpretación inteligente de Stanley Baker se traduce por una impresión de puro presente en un cuerpo arrastrado por la urgencia del instante. Además, el actor desarrolla toda la riqueza de los matices y relieves de su textura interpretativa para transmitir al espectador esta sorprendente aceleración de la mente del inspector Morgan. Una mente abducida por el relato del joven pintor, en busca de una verdad arrancada a la carne viva de los sentimientos y las pasiones de Jan y Jacqueline, que no para de reinterpretar a partir de su propia experiencia y su intuición.
Stanley Baker  podría haber sido un gran intérprete del cine de Luís Buñuel en su representación del fetichismo y de las pulsiones y de una violencia contenida que potenciará con dramatismo en The Criminal y Eve.
Por ejemplo, después de su entrada en escena  exageradamente teatral, el descaro de Morgan cuando registra el dormitorio de Jacqueline nos recuerda –por su total oposición – la actitud del detective Mark McPherson (Dana Andrews) registrando también  la casa de una mujer asesinada, Laura (Preminger-1944). En unos decorados igualmente muy cargados de objetos que participan de la revelación de las identidades, Mark contempla una realidad que le inspira deseo e inaccesibilidad. Mientras, el inspector Morgan se quita el abrigo y lo deja tirado, se tumba en la cama de la muerta, coge una ropa interior  y la manipula con nerviosismo, tira la combinación…. Jan le observa y empieza a tener tics extraños... Más tarde, en el cuarto de baños, Morgan su colega se tiran el albornoz  y ropa interior de la mujer a la cabeza… 



La imagen revela los estados emocionales y afectivos de los personajes, sus pulsiones profundas que les arrebaten desde un mundo de los orígenes para hacerles derivar hacia el fetichismo, la misoginia y el machismo, la atracción sexual y el deseo de venganza…Unos personajes resentidos, otros animados por el deseo y la vitalidad de la juventud, todos exacerbados por la soledad. Joseph Losey confirma su entrada en el club de los cineastas naturalistas como los define Giles Deleuze en Imagen-Tiempo, al lado de Luís Buñuel y Eric Von Stroheim. En particular, el tratamiento que el director hace de los  flashbacks constituye probablemente uno de los mejores ejemplo de la representación de esta tendencia tan específica de algunos autores. Losey aprovecha esta técnica clásica y muy convencional en la primera época del cine negro para realizar sus objetivos: desarrollar  libremente la utilización de la imagen-pulsión que caracteriza esta tendencia del naturalismo pero también para potenciar  sus temas favoritos: por una parte los problemas socio-políticos de clases y de dominación y, por otra parte,  el tratamiento de una de las situaciones que se repiten en su filmografía: la ocupación de un territorio por un personaje que lleva a la confusión de los sentimientos, al caos, a la muerte.
El drama social es lo que va a permitir una utilización original de los flashbacks. En efecto, el interés que tiene Morgan para el joven Jan, aunque disimulado por la ironía, encuentra toda su significación en el punto identitario que une los dos hombres: hijos de obreros en su resistencia al poder de dominación de la clase burguesa (representada por Jacqueline para Jan, por la jerarquía profesional y la complicidad con el poder político para Morgan). El relato que le hace Jan a Morgan es una verdadera transferencia del discurso de Jan en las imágenes de los flashbacks: la imagen captura literalmente el texto. La ambigüedad entre las primeras imágenes de la película que nos enseña un joven sensible que vive el impulso del deseo de Jacqueline con alegría y romanticismo y lo que descubrimos de violencia, resentimiento y vulgaridad en los flashbacks, cae inmediatamente cuando ponemos las imágenes que vemos en la mente de Morgan y no como la realidad que nos cuenta la cámara de Losey. Las imágenes de dominación de la mujer, las escenas erótica que desvelan el cuerpo de Jan más que el de Jacqueline no pueden ser una traducción del discuros de Jan: Morgan ofrece a la cámara su imaginación y probablemente un interés para Jan que va más allá de la condición social, En particular la escena en la que Jan enseña el hombro a Jacqueline para explicarle lo que es dibujar un cuerpo humano: imagen de La edad de oro de Buñuel- el machismo de Jan visto por Morgan… El intento de dominación de los cuerpos, la violencia contenida pero algunas manifestaciones de bruscas pulsiones: de Morgan hacia Jan en la realidad,  pero también de Jan hacia Jacqueline en la Tate Gallery cuando  la coge por detrás y le cierra los ojos, ella grita “no me toque”: Jan tiene el mismo grito  cuando Morgan decide registrarle con brusquedad o le tira un vaso a la cara y le tira en el suelo…



El segundo punto, la ocupación del territorio,  tan bien marcado en The prowler (El merodeador)  unos años antes, encuentra aquí una doble representación que da su título en inglés a la obra: la cita de Jacqueline con Jan en el apartamento en la realidad filmada, desencadenador de la investigación y, por medio de los flashbacks, la territorialización del taller de Jan por Jacqueline a partir de una cita inicial.
El ave de rapiña elige su presa: Jacqueline elige a Jan para realizar sus propósitos. La imagen de los flashbacks crea una nueva ambigüedad entre la realidad del apartamento de Jacqueline y la Jacqueline que da Jan en su discurso y que Morgan acepta inmediatamente:¿no debe Jacqueline representar la burguesa de clase rica que intenta pervertir al joven hijo de minero? La perversión: el tema del predador que va hasta el final de lo que se propone, explorando el medio que territotializa, hurgando en él hasta su agotamiento, hasta volverse contra sí mismo. Lo que Jan no ha visto en su propio discurso, Morgan lo imagina y nos lo enseña con la cámara de Losey. Unos flashbacks que ponen a descubierto las pulsiones y las perversiones de cada uno de los personajes, unas imágenes que capturan el relato para, más allá de las ambigüedades,  desvelarnos la verdad en carne viva.  


Blogs de memento
individuo y sociedad                  cine negro           +Más+ de memento



28.4.17

"Blind Date" (Chance Meeting)- Joseph Losey



¿Qué pensamientos atraviesan la mente de estos dos hombres? ¿Cómo las imágenes se transforman pasando del uno al otro? ¿A qué velocidad?





 Clave del enigma (La)  1959   

Director: Joseph  Losey  

Guión:   Ben Barzman / Leigh Howard (novella

Música:  Richard Rodney Bennett

Fotografía:  Christopher Challis

MontajeReginald Mills

Productor:  David Deutsch UK
Actores:
Hardy Krüger es Jan Van Rooyer
Stanley Baker es Inspector Morgan
Micheline Presle es Jacqueline Cousteau
John Van Eyssen es Westover, colega de Morgan



“No hay nada dentro de lo negro que no haya sido ya antes en la luz” oímos en la primera película de Joseph Losey, The Boy with Green Hair (1948). Sin lugar a duda, las zonas oscuras del enigma de Blind Date corresponden a algo que se alumbró en la mente de una o más personas a una hora precisa. Sin embargo, todo se podría aclarar a partir  de la frase inversa de la primera: “No hay nada en la luz cada vez más blanca de una sucesión de flashbacks que no salga de la mente oscura de uno u de otro, del inspector Morgan o de Jan que le cuenta su (im)probable  historia”…
…¡O de la voluntad de enturbiar la imagen narrativa por parte del mismo Joseph Losey!

Unas reglas de juego ambiguas

Jan tropieza con la cámara


 En un día soleado del principio del verano londinense el tono suave de una flauta se transforma en un ritmo de jazz cuando Jan, tan alegre e impulsivo que su zapato le anticipa cuando baja del autobús, está a punto de tropezar con la cámara de Losey. 
¡Bailando bajo el sol! Claro, Jan sabe que la cámara sigue filmándolo… ¿Cuál es su juego? Llama a una puerta entreabierta, un ramo de violetas en la mano: “¡Jacqueline, Jacqueline!…”. Sin embargo,  Losey nos manda un mensaje subliminal: Jan no parece no conocer el edificio donde se aloja esta “Jacqueline”, la cual parece ser su amante si nos fijamos en su expresión cuando entra en el dormitorio

 ¡Uahh!... ¡qué cama nos espera!...



Un sobre en su nombre lleno de billetes: a Jan le viene una sonrisa cómplice (¿con la cámara?) Fuego en la chimenea, música de jazz, Jan se tumba en el sofá, oye unos pasos en la escalera: ¡Jacqueline! Alarga su brazo, el ramo de violetas en la mano, en dirección a… dos policías.

Desde esta primera secuencia, el espectador se encuentra inmerso en un océano de informaciones. Algunas se verán cuestionadas en las secuencias siguientes. Otras pueden descolocar a cualquiera por el desfase entre la situación y el comportamiento de los personajes. Por ejemplo, ¿no convendría extrañarse cuando,  más tarde, nos enteraremos (por medio de otro mensaje subliminal) de que una vecina había visto ya anteriormente a Jan entrar en el edificio…? ¿Cómo una primera escena tan luminosa puede ser ensombrecida por una simple reflexión sin que Losey no ve la necesidad de aclararnos?
Además, la secuencia que pondrá en marcha la serie de flashbacks nos permitirá descubrir a una Jacqueline poco acorde con el decorado del apartamento donde Jan se presentó…¡Una lluvia de ambigüedades!  No, ¡Losey no puede engañarnos hasta este punto!  Aceptamos las reglas de su juego y suponemos que Jan es realmente alegre, , vital, profundamente sensible, enamorado … pero muy sospechoso. ¿De qué se puede sospechar a Jan? ¿De la muerte de Jacqueline? No vio su cuerpo en la entrada porque lo tapó con su impermeable, no vio la cara de la muerta porque se desmayó… ¿O sigue jugueteando con la cámara de Losey?

Bueno, ¡quién sabe!... ¿Y si con su sonrisa juvenil, sus muecas delante del espejo y sus desmayos, Jan estuviese engañando al propio Losey?... Tenemos que reconocer que si, entre todos los personajes, alguien es suficientemente poderoso para manejar la potencia de lo falso y tener la clave del enigma, el artista Losey trabaja a la enésima potencia de lo falso diría Orson Welles en una versión de La Dama de Shangai escrita por Gilles Deleuze… A propósito de “La Dama”, aquí tenemos a la femme fatal, además del inspector Morgan y de los flashbacks de los que tenemos que hablar. Los buenos ingredientes del cine negro están servidos… con el toque Losey.


Los pliegues del Inspector Morgan

El guión se ve desviado con ingeniosidad por la cámara de Losey a partir de los encuadres y de los movimientos de los cuerpos en la ocupación del espacio  de tal manera que la historia que cuenta Jan, la progresión de su relación amorosa con Jacqueline hasta la cita en este apartamento, se ve desdoblada o más bien recubierta en transparencia por una posible visión del inspector Morgan. ¿Los amantes protagonistas de una historia que vemos desde la perspectiva de Morgan? ¿Stanley Baker como protagonista absoluto?

Por supuesto, Losey ha calculado el ritmo que conduce a la entrada de Morgan. Los dos policías que le preceden provocan un cambio total en el tono de la película que se transforma en un teatro del absurdo. Un policía prepara un café a Jan después de querer obligarle a tumbarse en el suelo… Teatro por el tono y la situación pero no por la imagen que potencia, en contrapunto, el efecto del cambio: esa juega con los primerísimos planos, los encuadres apretados, íntimos… hasta la entrada del inspector Morgan, muy teatral también, pero con un tono de los más clásicos.  panorámica, profundo picado, todas las luces se encienden. Desde este instante, Baker en su papel de Morgan resfriado, constantemente con un pañuelo o un spray en la mano, inviste el espacio, literalmente lo sitia, de la cocina para servirse un café, al dormitorio y el cuarto de baños que se parecen a una caja de bombones, o se tumbae en los sofás del salón…

Morgan va a plegar la película. Va a doblarla, encerrar en ella a Jan y a Jacqueline y hacer de los amantes unos dobles: los dobla en el espejo del taller de pintura, dobla al infinito a Jan en los espejos del apartamento, como esta serie de flashbacks que se repiten: ¿Y eso es todo? Repite Morgan después de cada flashback en los que Jan le cuenta sobre Jacqueline… o todavía más: en los que Jan, este hijo de un minero holandés, puede vivir, haciendo el amor con una rica mujer francesa…¿Acaso él mismo, Morgan, no es también “hijo de obreros” –lo dice con orgullo a su jefe que le reprocha su falta de diplomacia –él para quien no se puede presentar en el apartamento de una “dama” tan mal vestido como Jan?
Morgan registra, nervioso, el dormitorio de la “dama”: bragas y sujetadores vuelan: hípernervioso, registra también el cuerpo de Jan que se defiende… Las preguntas caen como un hacha, con un tono irónico, cínico:
“Quiero conoceros a los dos: ¿cómo le conquisto a usted? Hizo ella el primer paso? Oiga, esta es la casa de una mujer muy cara, ¿cómo una mujer de esta clase pudiera pensar que usted valía la pena?”  
El encuentro con Jacqueline en la galería donde Jan trabaja, el sorprendente otro encuentro en la Tate Gallery con una clase de pintura improvisada: los diálogos se convierten en discusión Jan se muestra agresivo frente a esta mujer tan elegante como fría. 

Micheline Presle en el papel de Jacqueline


“Este cuadro me parece vacío, infantil. Hecho para halagar a millonarias frívolas sin criterio. Bien para usted, no para mí… le aconsejo que vaya a ver las obras de la Tate Gallery. Sola… No para quedar bien…. Este cuadro es frío, frío como el hielo”.

-       “El hielo también quema” le contesta la mujer
-        
Morgan puede comprender la situación de este hijo de minero… “Eso que describe no es un encuentro, es una colisión…. Continúe… no me tome por un entrometido, no me interesa su vida amorosa pero tengo que saber lo que había entre usted y esta mujer…”

En la Tate Gallery,  ella le dice que está casada con un hombre que colecciona cuadros. Sabe que Jan pinta, que vive en… “Un obrero tendría mejores modales. Si un hombre lleva boina, probablemente es contable. Si parece un futbolista probablemente es un pintor que vive en Chelsea con cien obras maestras debajo de la cama… Supuse que tendría novia. Una joven estudiante de arte, con cola de caballo, calcetines verdes y las uñas sucias”.
Jan en realidad alquila un estudio por horas. Jacqueline quiere que le de clase de dibujo:
 “Si lo que quiere es divertirse, búsquese a otro”: el policía que entra en el apartamento oye esta frase en boca de Morgan que acaba de repetir la última frase de Jan a Jacqueline en el flashback. Sorprendido, el policía está confuso… Losey juega con las ambigüedades pero ahora va a ir más lejos: los flashbacks se vuelven más eróticos, Jacqueline tiene unas reflexiones cada vez más despreciativas sobre la “clase obrera”. Podemos notar la impaciencia y el nerviosismo de Morgan, en sus comentarios sobre ella: “Mira esta habitación (el dormitorio) corresponde a una de estas mujeres que acaban en el depósito. Yo sé de lo que hablo, las conozco (coge una prenda interior encima de la cama)… claro, todo era muy romántico… sigue contando… ¿cuándo la volvió a ver? ¿Cuántas veces venía al estudio?...”. Entonces vuelve la duda sobre el nivel de las ambigüedades: ¿Acaso, la cámara de Losey se ha metido en la cabeza de Morgan? Estos diálogos violentos, estos desprecios hacia la condición de Jacqueline por parte de Jan y recíprocamente, ¿son realmente comentados por Jan o son unas interpretaciones de Morgan?, estas imágenes de torsos desnudos, esta mujer de rodilla… ¿corresponden a la realidad o son fruto de la imaginación de Morgan? ¿Se ha encerrado el inspector en el pliegue que ha creado?
Joseph Losey va a responder pronto: no es una intuición, lo dice explícitamente en el montaje que hace de dos imágenes: un zoom  hacia Jan, en el taller,  confunde su cara con la de Morgan, en el apartamento,  que se aleja en un zoom inverso, a la misma velocidad.
.

Dirección:  la Comisaría


Morgan enseña a Jan una carta suya a Jacqueline que le compromete. Los dos hombres están tumbados en los sofás, frente a la chimenea… Jan le cuenta el último encuentro en un flashback de los más luminosos. El erotismo se centra más en el cuerpo de Jan mientras Jacqueline se quita la ropa, las medias, pasea en combinación (Morgan tiene materia por alimentar su imaginación), se vuelve a vestir. Jan le tira a la cara el dinero que le había puesto Jacqueline en un sobre y le obliga a recogerlos (eso si es de Jan que busca la coartada… aunque a Morgan le puede gustar imaginar a la burguesa humillada recogiendo su dinero en el suelo a los pies de su macho)
Ella se marcha; la cámara se acerca rápidamente de la cara de Jan,  pasa enseguida a la cara de Morgan de la que se aleja a la misma velocidad

Morgan: ¿Eso es todo?, la misma pregunta de siempre



Ahora Morgan sabe a donde ir, tiene datos, algunos de ellos subliminales (¡otros eliminados por la censura franquista!): impone el cambio de decorado y nos hace pasar del apartamento de Jacqueline a la comisaría. Empieza el cine negro:

 Tratará de niño a Jan que se defiende…como un niño que no ha parado de comprometerse… Morgan aprietará más el pliegue sobre Jan: ya no se trata de aplastarle para saber la verdad, sino de protegerle. La situación ha cambiado, el asunto es político, hay unos datos secretos y Morgan estará vigilado con poca discreción  por su colega que tanta alergia le da (spray y pañuelos…). Para Morgan hay que buscar otra pista, la que vislumbra: creará otro pliegue, doblará todavía más… hasta tirar a Jan al suelo, ¿Jan?,  no tan niño si es capaz de meterse en la mente de Morgan… ¿Hasta dónde irán estos dos?...




Blogs de memento
individuo y sociedad                  cine negro           +Más+ de memento