17.9.17

"Sexualidad molecular y Sexo molar: de Proust a Hocquenghem"-Gilles Deleuze


Portada de "Sodome y Gomorrhe" de Marcel Proust






*****

1-PROUST: SODOMA Y GOMORRA
En el curso sobre Michel Foucault [Ver en el Blog: Relaciones Saber Poder (3): Integración]

21 y 28 de enero de 1986
Abrir las cajas…
La instancia molar alrededor de la cual se actualizan y se integran todas las relaciones micro-sexuadas, es lo que llamamos “Sexo”. Una de las tesis fundamentales, en el final de La Voluntad de Saber, cuando Foucault empieza su historia de la sexualidad, es el acercamiento a “la sexualidad sin el sexo”: la microfísica de la sexualidad debe ignorar esta imponente instancia molar que es el sexo. ¿Pero qué es una sexualidad sin sexo? Ese sería el buen momento para fijar de nuevo tanto  la diferencia como la complementariedad de lo molar y lo molecular, de lo macro y lo microfísico… La curiosa concepción que Proust se hace de la sexualidad puede, en cierto sentido, lo abre todo para una comprensión de este problema “sexualidad molecular-sexo molar”. Decir un hombre, una mujer, es hablar en términos estadísticos. Sin embargo, Proust nos explica en Sodoma y Gomorra que hay tres niveles.  El primero es el nivel de los grandes conjuntos molares que se extiende a lo largo de En busca del tiempo perdido: el gran conjunto molar que se distribuye en todo el campo social es el conjunto de los amores heterosexuales dice Proust. Es un conjunto estadístico. Sin embargo, este conjunto está atravesado por tantos accidentes, tantas dificultades para funcionar normalmente, que tiene que haber algunos entresijos. ¿Y qué hay, según Proust,  debajo de este conjunto horizontal, este conjunto melódico que se reparte en la sociedad? ¿Qué hay bajo los tejidos de las relaciones en las que la mujer remite al hombre y el hombre a la mujer? Algo a echarse a temblar, horroroso: dos series verticales, una, Sodoma,  en la que el hombre remite al hombre y la otra, Gomorra,  en la que la mujer remite a la mujer. Estas dos series homosexuales independientes, cara a cara, se encuentran bajo la predicción abominable, cada una por su lado en el ámbito de la vergüenza y la culpabilidad, en todo caso el ámbito del secreto…
Sin embargo, Proust no se limita a eso y con gran soltura, se lanza en un arreglo de cuentas: hay un tercer nivel que no es horizontal como el primero ni vertical como el segundo, sino transversal… Las dos series verticales homosexuales se encuentran totalmente desmenuzadas: Proust pulveriza la culpabilidad que puede haber en el segundo nivel. La miseria de nuestra condición viene del hecho que tenemos los dos sexos pero están compartimentados, todo está compartimentado, idea fundamental en Proust: las cosas no comunican, están metidas en cajas. Entonces lo que hay que hacer es abrir las cajas y que salgan los pequeños diablitos de los jardines japoneses… 

… y superar las series de la culpa
Y evidentemente lo que a Proust le interesa, es este tercer nivel, su gran tema de la sexualidad vegetal, inocente que va superar las series de la culpa; por eso, a mí me parece lamentable que algunos pueden pararse a los dos grandes series verticales de Sodoma y de Gomorra que son también  unas series estadísticas como la serie horizontal heterosexual.
El caracol es hermafrodita pero, como no puede fecundarse sólo, en esta situación virtual tiene que ir en busca de otro caracol, igualmente hermafrodita para actualizar esta virtualidad: tiene los dos sexos, eso es real pero virtual y para actualizar sus dos sexos tiene que pasar por una relación con otro caracol. Lo llamaremos: el Saber de los caracoles.  ¿No os parece estupendo? Sin embargo, no hay lugar para los celos con respecto a los caracoles.
«El cuerpo y sus placeres» dice Proust muy a menudo. «Una sexualidad sin sexo» dirá Foucault que, a mi parecer, rechaza el término de “deseo” para presentar una sexualidad con estas únicas variables: los placeres del cuerpo.  Con este nivel de la transversalidad conseguimos una sexualidad molecular mientras que los dos otros niveles [el horizontal de la heterosexualidad y los dos verticales de Sodoma y Gomorra] son niveles puramente estadísticos o molares, o globales. Proust va a hablar efectivamente de “placeres locales” opuestos a  la globalidad en todos los sentidos de este término.


¿Cómo nace la centralización en Proust?
La microsexualidad se integra de dos maneras: hay dos series verticales globalmente homosexuales, Sodoma y Gomorra, serie macho y serie hembra con tres combinaciones cada una; y hay una serie horizontal global hombre-mujer heterosexual con cuatro combinaciones (ver en Integración las 10 combinaciones). ¿Qué relación tiene eso con Proust? Si observamos el esquema de los amores en Sodoma y Gomorra, hay algunos homosexuales evidentes que aparecen en toda la obra de En busca del tiempo perdido pero hay también amores heterosexuales como entre el narrador y Albertine,  el narrador y Gilberte. El punto de partida es este especie de conjuntos constituido por estos amores heterosexuales. De este conjunto Proust saca con angustia y horror dos series homosexuales: el narrador ama a Gilberte, después ama a Albertine pero se va a dar cuenta de que Albertine es culpable, seguro, seguro. Albertine ha amado y sigue amando a otras mujeres. Así que extrae una primera serie de amores homosexuales. Por otra parte, Proust efectúa otra extracción: de la misma manera con la que  Albertine remite secretamente a otras mujeres,  Charlus remite secretamente a otros hombres. Aunque la idea que Charlus debe ser homosexual parezca tan evidente, se va ir descubriendo poco a poco por el narrador… comprenderá más tarde… De los amores heterosexuales, Proust extrae así sus dos series homosexuales, amores a priori culpables, una culpabilidad primaria. ¿Por qué culpable? “Porque Albertine remite necesariamente a otras mujeres, eso es la profecía abominable, cada sexo muere por su lado,  separado del otro”: eso es el error del lector, error inexcusable por su parte, eso es nuestro gusto por lo trágico: para los grandes autores, lo trágico siempre es un mal momento y debemos atracar en costas más alegres…  Vemos así como los amores homosexuales se presentan en dos series malditas. La de Sodoma y la de Gomorra… pero, claro, ¿la culpa?,  Proust va a encargarse de ella. ¿De qué manera? Se da cuenta que estas dos series no tienen la última palabra sobre la sexualidad, que estas dos series están inmersas en un especie de conjunto, de multiplicidad de una naturaleza muy distinta de su punto de partida inicial, el conjunto de los amores heterosexuales, A saber: unas series inmersas en un especie de sexualidad molecular en la que, estrictamente hablando, no hay sexo sino unos polos, no hay dos series sino 10 combinaciones de relaciones entre un polo y otro, entre un punto y otro. Ya no se trata aquí de dos formas, hombre mujer, que están en relación para unirse o separarse, sino distintas relaciones que se establecen entre unos puntos, diez combinaciones que constituyen la sexualidad molecular.

*****
2-PRELUDIO A LA SIESTA DE LOS FAUNOS

Nadie puede escapar de ella, ni el autor del libro, ni el editor, ni el prologuista, la verdadera víctima, aunque no hay necesidad de un prefacio. Es un libro alegre. Podría haberse llamado: ¿Cómo surgieron dudas sobre la existencia de la homosexualidad o Nadie puede decir “soy homosexual”, firmado Hocquenghem.

¿Cómo llego hasta aquí? ¿Evolución personal, señalada en la sucesión y el tono diverso de los textos de este libro? ¿Revolución colectiva asociada a un trabajo de grupo, a un devenir del FHAR? Obviamente no es por un cambio, volviéndose heterosexual por ejemplo, por lo que Hocquenghem tiene dudas sobre la validez de las nociones y de las declaraciones. En la medida en que uno permanece homosexual for ever, permaneciendo y siéndolo más y más, cada vez mejor, puede decir «pero, después de todo, nadie lo es». Lo que es mil veces mejor que la llana y anodina sentencia según la cual todo el mundo lo es, todo el mundo lo sería, marica inconsciente latente. Hocquenghem no habla de evolución ni de revolución, sino de voluciones.
Imaginemos una espiral muy móvil: Hocquenghem se encuentra en ella a varios niveles al mismo tiempo, sobre varias curvas a la vez, ora con una moto, ora colocado, ora sodomizado o sodomizando, ora travesti. En uno de los niveles puede decir si, soy homosexual, en otro nivel no, no se trata de eso, y en otro nivel,  es otra cosa más… Este libro no repite el precedente, El Deseo Homosexual, lo distribuye, lo moviliza de manera muy diferente, lo transforma.

Primera volución. Contra el psicoanálisis, contra de las interpretaciones y reducciones psicoanalíticas –la homosexualidad vista como relación con el padre, con la madre, con Edipo. Hocquenghem no está en contra de nada, hasta escribió una carta a la madre. Pero eso no funciona. El psicoanálisis nunca ha podido soportar el deseo. Siempre tiene que reducirlo y hacerle decir otra cosa. Entre las páginas más ridículas de Freud, están las que conciernen la “fellatio”: un deseo extraño y tan « chocante» no puede valer por si solo, hace falta que remita a la ubre de la vaca y, de ahí, al seno de la madre. Se tendría más placer en chupetear una teta de vaca. Interpretar, regresar. Eso hace reír a Hocquenghem. Puede ser que haya una homosexualidad edípica, una homosexualidad-mama, culpabilidad, paranoia, todo lo que quieres… Pero justamente esta cae como el plomo, lastrada por lo que esconde y que el consejo concertado de la familia y del psicoanálisis quiere que oculte: no  tiene interés por la espiral, no aguanta la prueba de la ligereza y de la movilidad. A Hocquenghem le basta con plantear la especificidad y  la irreductibilidad de un deseo homosexual, flujo sin meta ni origen, asunto de  experimentación y no de interpretación.
Dicho de una vez por todas que la infancia ya era un presente que no remitía a ningún pasado, uno nunca es homosexual en función de su pasado sino de su presente. Porque el deseo no representa nada y no remite a otra cosa que se mantendría en segundo plano sobre una  la escena del teatro familiar o privado. El deseo agencia, tiene su maquinaria, establece conexiones. El bello texto de Hocquenghem sobre la moto: la moto es un sexo. No sería homosexual aquel que se limita al mismo sexo sino el que descubre innumerables sexos de los que no tenemos ni idea? Pero ante todo Hocquenghem trata de definir este deseo homosexual específico, irreductible –y no lo hace desde una interioridad regresiva pero desde los caracteres presentes de un Afuera, de una relación con el Afuera: el movimiento particular del ligue, el modo de los encuentros, la estructura « anular», la intercambiabilidad y la movilidad de los roles, una cierta traición (¿complot contra su propia clase, como dice Klossowski?: «nos dijeron que éramos unos hombres, nos tratan como mujeres; sí, para nuestros adversarios, somos traicioneros, maliciosos, de mala fe; sí, en cualquiera situación socila, en cualquier momento, podemos dejar los hombres, somos unos desertores y orgullosos de serlo»).  

Segunda volución. La homosexualidad no es producción de deseo sin ser a la vez formación de enunciados. Porque producir deseo es lo mismo que formar nuevos enunciados. Obviamente Hocquenghem no habla como Gide o Proust y todavía menos como Peyrefitte: pero el estilo es política –y las diferencias de generación también, y las distintas maneras de de decir “Yo” (ver el abismo de diferencias entre Burroughs padre e hijo cuando dicen “Yo” y hablan de la droga). Otro estilo, otra política: la importancia hoy en día de Tony Duvert, un tono novedoso. La producción por la homosexualidad de enunciados que no se refieren ni deben referirse propiamente a la homosexualidad se hace hoy desde el fondo de un nuevo estilo. Si se trataba de decir « todos los hombres son unas maricas», ningún interés, proposición nula que sirve sólo  a divertir a los débiles. Pero posición marginal del homosexual hace posible y necesario lo que tiene que decir sobre lo que no es homosexualidad: « con los movimientos homosexuales ha sido revelado el conjunto de  los problemas sexuales de los hombres». Para Hocquenghem los enunciados de homosexualidad son de dos clases complementarias. En primer lugar, sobre la sexualidad en general: lejos de ser falócrata, el homosexual denuncia un fenómeno único entre el rechazo hacia él y el avasallamiento de la mujer, un fenómeno que constituye el falocentrismo. Este actúa indirectamente y forma el modelo heterosexual plegando la sexualidad del chico sobre la chica a la que da el papel de primera tramposa y de primera tramposa y primera atrapada. A partir de entonces, que haya una misteriosa complicidad entre chicas que prefieren chicas, chicos que prefieren chicos, chicos que prefieren la moto o la bici a las chicas, chicas que prefieren…etc., lo importante  es que no se introduzca cualquier relación simbólica o pseudo-significante en estos complots y complicidades («un movimiento como el FHAR aparece íntimamente unido a los movimientos ecológicos… aunque eso sea inexprimable en la lógica política»).
De ahí también la segunda clase de enunciados que se refieren al campo social en general y la presencia de la sexualidad en la totalidad de este campo: por escapar al modelo heterosexual, a la localización de este modelo en un tipo de relación así como a su difusión en todos los lugares de la sociedad, la homosexualidad es capaz de llevar una micro-política del deseo y de servir de revelador o de detector para el conjunto de las relaciones de fuerzas a las cuales la sociedad somete la sexualidad ( incluido en el caso de la homosexualidad más o menos latente que penetra los grupos viriles militares o fascistas). Precisamente la homosexualidad se libera cuando no tiene ninguna utilidad social y no por romper las relaciones de fuerzas: «ya las relaciones de fuerzas no son más inscritas como origen por la sociedad, los roles hombre-mujer, follado-follador, amo-esclavo, son inestables y reversibles a cada momento». 

Tercera volución. Se creía que Hocquenghem estaba fijándose, haciéndose  un hueco en el margen. Pero, ¿qué es este margen?, ¿qué es esta especificidad del deseo homosexual y estos contra-enunciados de homosexualidad? Otro Hocquenghem, en otro nivel de la espiral, denuncia a la homosexualidad como palabra. Nominalismo de la homosexualidad. Y verdaderamente, no hay poder de las palabras sino nada más que palabras al servicio del poder: el lenguaje no es información o comunicación, sino prescripción, mandato y mandamiento. Te quedaras en el margen. Lo central es lo que hace lo marginal.
«Este desglose abstracto del deseo permite controlar hasta los que se escapan para entrar en la ley lo que está fuera de la ley. La categoría en cuestión,  y la misma palabra, son una invención relativamente reciente. El imperialismo creciente de una sociedad que quiere dar un estatuto social a todo lo que es inclasificable ha creado esta particularización del desequilibrio…  desglosar para reinar: el pensamiento pseudo-científico de la psiquiatría ha transformado la intolerancia bárbara en intolerancia civilizada». Ahí está lo extraño: menos la homosexualidad es un estado de las cosas, más se confirma como palabra y hay que tomarla como palabra, asumir su posición como específica, sus enunciados como irreductibles y hacer como si nada… Por desafío, por casi-deber. Por momento dialécticamente necesario, Por paso y por progreso. Haremos las locas de momento que es eso lo que quiereis. Rebasaremos vuestras trampas: «Hacer que la vergüenza sea más vergonzosa, eso es progresar. Reivindicamos nuestra feminidad, está misma que las mujeres rechazan y, en el mismo tiempo, declaramos que estos roles no tienen ningún sentido… No se puede escapar de esta forma concreta, es el paso por la homo sexualidad».  De nuevo una máscara, otra traición más, Hocquenghem se descubre hegeliano –momento necesario por el cual hay que pasar –Hocquenghem se encuentra de nuevo marxista –marica propietario de Eros («lo que piensa tiene un valor universal porque, precisamente, vive con aceptación la situación la más particular»). El lector se extraña. ¿Homenaje a la Escuela Normal Superior? ¿Homo-hegelianismo-marxismo? Pero ya Hocquenghem se encuentra en otra parte, otro lugar de su espiral y dice lo que tenía en la cabeza o en el corazón, y que no se aleja de una especie de evolución. ¿Quién entre nosotros no tiene que hacer morir en sí-mismo Hegel y Marx y la infame dialéctica?

Cuarta volución. Última figura de danza, de momento, última traición. Conviene seguir los textos de Hocquenghem , su posición con respecto al FHAR y dentro del FHAR, como grupo específico, las relaciones con el MLF (Movimiento de Liberación Feminista).  Y también la idea que el estallido de los grupos no tiene nada de trágico.
Lejos de encerrarse sobre “lo mismo”, la homosexualidad va a abrirse a todas las nuevas relaciones posibles, micológicas o micropsíquicas, esencialmente reversibles, transversales, con tantos sexos como hay agenciamientos, sin excluir unas nuevas relaciones entre hombres y mujeres: la movilidad de ciertas relaciones SM, las potencias del travesti, las 360 000 formas de amor a lo Fourier, o los n-sexos (ni 1 ni 2 sexos). Ya no se trata de ser hombre o mujer sino de inventar unos sexos, de tal manera que un hombre homosexual pueda encontrar en una mujer los placeres que le daría un hombre y al inverso (ya Proust había opuesto a la homosexualidad exclusiva del Mismo esta homosexualidad más múltiple y más “localizada” que incluye todas suerte de comunicaciones trans-sexuales, incluyendo flores y bicis). En una bella página sobre el travesti, Hocquenghem habla de una transmutación de un orden a otro, como de un continuum intensivo de sustancias: « No es el intermediario entre el hombre y la mujer, o el mediador universal; se trata de una parte de un mundo transferida dentro de otro como si se pasa de un universo a otro universo, paralelo al primero, o perpendicular u oblicuo; o más bien un millón de gestos impropios, de rasgos trasladados, de eventos…».
 Lejos de cerrarse sobre la identidad de un sexo, esta homosexualidad se abre a una perdida de identidad, a un « sistema en acto de conexiones no exclusivas del deseo polívoco». En este punto preciso de la espiral, comprendemos como el tono ha cambiado: ya no se trata en absoluto para el homosexual de ser reconocido y de erigirse en sujeto provisto de derechos (¡qué me dejen vivir, después de todo, toda la gente lo es un poquito…!, homosexualidad-petición, homosexualidad-reconocimiento, homosexualidad de lo mismo, forma edípica, estilo Arcadie). Para el movimiento homosexual se trata de precisar ser así para poder decir por fin: Nadie lo es, eso no existe. Vosotros nos tratáis de homosexuales, de acuerdo, pero ya estamos en otra parte.
No hay más sujeto homosexual sino unas producciones homosexuales de deseo y unos agenciamientos homosexuales productores de enunciados que proliferan dondequiera, SM y travestis, en unas relaciones de amor como en unas luchas políticas. No queda más  sujeto-Gide, arrastrado dividido, ni tampoco el sujeto-Proust aún culpable, y aún menos el lamentable Yo-Peyrefitte. Se comprende mejor cómo Hocquenghem puede encontrarse sobre cualquier punto de su espiral y decir en el mismo tiempo: el deseo homosexual es específico, hay enunciados homosexuales, pero la homosexualidad no es nada, solo una palabra que, sin embargo,  hemos de tomarnos en serio y por la que hemos de pasar necesariamente para conseguir que saque todo lo que contiene de diferente–y que no es el inconsciente del psicoanálisis sino la progresión de un devenir sexual por venir.

Guy Hocquenghem en una entrevista TV

Blogs de memento
individuo y sociedad                  cine negro           +Más+ de memento




"Los intelectuales y el Poder"- Convesación Deleuze-Foucault 1972




 No escribo para un público, escribo para unos usuarios y no para unos lectores… Mi discurso es evidentemente un discurso de intelectual y, como tal, funciona en las redes de poder de turno. Sin embargo, un libro está hecho para ser aprovechado para usos no definidos por quien lo ha escrito. Cuanto más nuevos usos, posibles e imprevistos, habrá, más contento estaré. Todos mis libros son… unas pequeñas cajas de herramientas. Si la gente tiene a bien abrirlas, utilizar tal frase, tal idea, tal análisis como de un destornillador y aflojar los pernos para provocar  un cortocircuito, descalificar, romper los sistemas de poder incluidos eventualmente los que han salido de mis libros…¡ Pues, mejor!”. Michel Foucault: Dits et écrits, T. II,

*****

A continuación una traducción de la conversación entre Deleuze y Foucault del 4 de marzo de 1972.

Texto en francés: ver "Les intellectuels et le pouvoir", Revue  L’arc nº49 : "Gilles Deleuze", 2ème trimestre 1972-pages 3 a 10"

Ver también en Michel Foucault : "Dits et Ecrits"- Tome II Texte nº106.


Michel Foucault: Un mao(ista) me decía: «Con respecto a Sartre, entiendo bien por qué está con nosotros, por qué hace política y en qué sentido la hace: respecto a ti, en última instancia, comprendo un poco: tú has planteado siempre el problema del encierro. Pero Deleuze, de verdad no lo entiendo». Esta cuestión me ha sorprendido enormemente porque a mí esto me parece muy claro.
+++++

Gilles Deleuze: Se debe posiblemente a que estamos viviendo las relaciones teoría-práctica. de una nueva manera. La práctica se concebía tanto como una aplicación de la teoría – como una consecuencia –, tanto, al contrario, como debiendo inspirar la teoría, como siendo ella misma creadora de una forma de teoría futura. De todos modos se concebían sus relaciones bajo la forma de un proceso de totalización, en un sentido o en el otro. Para nosotros, la cuestión se plantea probablemente de manera diferente.

Las relaciones teoría-práctica son mucho más parciales y fragmentarias. Por una parte una  teoría es siempre local, relativa a un dominio limitado, y puede tener su aplicación en otro dominio más o menos lejano. La relación de aplicación no es nunca de semejanza. Por otra parte, desde el momento en que la teoría se instala en su propio dominio desemboca en obstáculos, muros, choques que hacen necesario que sea transmitida con otro tipo de discurso (es este otro tipo el que hace pasar eventualmente a un dominio diferente). La práctica es un conjunto de transmisores de un punto teórico con otro, y la teoría el transmisor de una práctica con otra.  

Ninguna teoría puede desarrollarse sin encontrar una especie de muro, y la práctica es necesaria para traspasar el muro. Usted, por ejemplo, usted; ha empezado analizando teóricamente un modo de encierro como el psiquiátrico en el siglo XIX en la sociedad capitalista. Después desembocó en la necesidad de que personas precisamente encerradas se pusiesen a hablar por su cuenta, que operasen una transmisión (o bien al contrario es usted quien era un transmisor con respecto a ellos), y esta gente se encuentra en las cárceles, están en las cárceles.
Cuando usted organizó el Grupo de Información sobre las Prisiones fue sobre esta base: instaurar las condiciones en la que los prisioneros pudiesen ellos mismos hablar. Sería completamente falso decir, como parecía decir el mao, que usted pasaba a la práctica aplicando sus teorías. No había en su trabajo ni aplicación, ni proyecto de reforma, ni encuesta en el sentido tradicional. Había algo muy distinto: un sistema de transmisores en un conjunto, en una multiplicidad de piezas y de pedazos a la vez teóricos y prácticos. Para nosotros el intelectual teórico ha dejado de ser un sujeto, una conciencia representante o representativa. Los que actúan y los que luchan han dejado de ser representados ya sea por un partido, ya sea por un sindicato que se arrogaría a su vez el derecho de ser su conciencia. ¿Quién habla y quién actúa? Siempre se trata de una multiplicidad, incluso en la persona que habla o que actúa. Somos todos grupúsculos. No hay más representación, solo acción, acción de la teoría, acción de la práctica en unas relaciones de transmisores o de redes.
+++++

M. F.: Me parece que la politización de un intelectual se generaba  tradicionalmente a partir de dos cosas: por una parte, su posición de intelectual en la sociedad burguesa, en el sistema de la producción capitalista, en la ideología que ésta produce o impone (ser explotado, reducido a la miseria, rechazado, «maldito», acusado de subversión, de inmoralidad, etc.); y por otra parte, su propio discurso en tanto que revelador de una cierta verdad, descubridor de relaciones políticas allí donde éstas no eran percibidas. Estas dos formas de politización no eran extrañas la una a la otra, pero tampoco coincidían forzosamente. Había el tipo del «maldito» y el tipo del «socialista». Estas dos politizaciones se confundieran fácilmente en ciertos momentos de reacción violenta por parte del poder, después de 1848, después de la Comuna, después de 1940: el intelectual era rechazado, perseguido en el momento mismo en que aparecía la «verdad» de las «cosas», en el momento en que no se podía  decir que el rey estaba desnudo. El intelectual decía lo verdadero a quienes a aun no lo veían y en nombre de aquellos que no podían decirlo: conciencia y elocuencia.

Ahora bien, después del avance reciente los intelectuales han descubierto que las masas no les necesitan para saber; saben claramente, perfectamente, mucho mejor que ellos; y lo afirman muy bien. Pero existe un sistema de poder que tacha este discurso y este saber, los, prohíbe, los invalida. Poder que no reside solamente en las instancias superiores de la censura, sino que se hunde más profundamente, más sutilmente en toda la red social. Los intelectuales, forman parte ellos mismos de ese sistema de poder; la idea de que son los agentes de la «consciencia» y del discurso es también parte de este sistema. El papel del intelectual ya no es de situarse «un poquito hacia adelante o un poquito al margen» para decir la muda verdad de todos; ante todo, se trata para él de luchar contra las formas de poder allí donde éste es a la vez el objeto y el instrumento: en el orden del «saber», de la «verdad», de la «conciencia» del «discurso».

En este sentido la teoría no expresará; no traducirá, no aplicará una práctica; la teoría es una práctica. Pero local y regional, como usted dice y no totalizadora. Lucha contra el poder, lucha para hacerlo aparecer y golpearlo allí donde es más invisible y más insidioso. Lucha no por una «toma de conciencia» (hace tiempo que las masas han adquirido  la conciencia como saber y que la conciencia como sujeto ha sido tomada, ocupada por la burguesía), sino por un trabajo de zapa y la toma de poder, al lado y con todos aquellos que luchan por esto, y no manteniéndose en margen para alumbrarles. Una «teoría» es el sistema regional de esta lucha.
+++++
G.D.: Eso es, una teoría es exactamente como una caja de herramientas. Eso no tiene nada que ver con el significante... Está hecha para que sirva, que funcione. Y no para uno mismo. Si no hay gente para utilizarla, comenzando por el teórico mismo, que deja entonces de ser teórico, es que no vale nada, o que su momento no ha llegado aún. No se vuelve sobre una teoría, se hacen otras, hay otras por hacer. Es curioso que sea un autor que pasa por un puro intelectual, Proust,  quien lo haya dicho tan claramente: tratad mi libro como unas gafas dirigidas hacia el afuera, y bien, si no os sirven tomad otras, encontrad vosotros mismos vuestro aparato que es necesariamente un aparato de combate.
La teoría no se totaliza, se multiplica y multiplica. Por su naturaleza, el poder es lo que opera totalizaciones, y usted dice exactamente: la teoría por naturaleza esta en contra del poder. En cuanto una teoría se incrusta en tal o cual punto choca con la imposibilidad de tener la menor consecuencia práctica, a no ser que tenga lugar una explosión, en otro punto cuando fuere necesario. Por este motivo la noción de reforma es tan estúpida como hipócrita. O la reforma está realizada por personas que se pretenden representativas y que se dedican a hablar por de los demás, en su nombre, y entonces eso significa una ordenación del poder, una distribución del poder que va acompañada de una represión incrementada. O, a lo mejor, es una reforma pedida, exigida, por aquellos a quienes concierne; y entonces deja de ser una reforma es una acción revolucionaria que, desde el fondo de su carácter parcial,  está determinada o a poner en entredicho la totalidad del poder y de su jerarquía. Es evidente en el caso de las prisiones: la más minúscula, la más modesta reivindicación de los prisioneros basta para desinflar la pseudo-reforma PIeven. Si los niños consiguen que se oigan sus protestas en una escuela maternal, o incluso simplemente sus preguntas, esto sería suficiente para producir una explosión en el conjunto del sistema de la enseñanza. ¡

De verdad,   este sistema en el que vivimos no puede soporta nada!: de ahí su fragilidad radical en cada punto, al mismo tiempo que su fuerza de represión global. A mi juicio usted ha sido el primero en enseñarnos algo fundamental, a la vez en sus libros y en un terreno práctico: la indignidad de hablar en nombre de los demás. Lo que quiero decir es que se podía burlar de la representación, se decía que había terminado pero no se sacaba la consecuencia de esta conversión «teórica» -a saber, que la teoría exigía que, por fin, las personas concernidas hablasen prácticamente por su cuenta.
+++++

M. F.: Y cuando los prisioneros se pusieron a hablar, tenían ellos mismos una teoría de la prisión, de la penalidad, de la justicia. Esta especie de discurso contra el poder, este contra-discurso que tenían los prisioneros o aquellos a quienes se llama delincuentes es eso lo que cuenta y no una teoría sobre la delincuencia. El problema de la cárcel es un problema local y marginal puesto que no pasan más de 100.000 personas cada año por las prisiones; en total actualmente en Francia hay probablemente 300 ó 400.000 personas que pasaron por la cárcel. Sin embargo este problema marginal sacude a la gente. Me ha sorprendido ver que se pudiesen interesar por el problema de las cárceles tantas personas que no estaban encarceladas; me ha sorprendido que tanta gente que no estaba predestinada a escuchar este discurso de los detenidos, lo haya finalmente escuchado.

¿Cómo explicarlo? ¿No será porque de un modo general el sistema penal es la forma en la que el poder como poder, se muestra del modo más obvio? Encarcelar a alguien, guardarle en la cárcel, dejarle sin comida, sin calefacción, impedirle salir, hacer el amor..., etc., ahí está la manifestación del poder más delirante que se puede imaginar. El otro día hablaba con una mujer que había estado en prisión y ella decía: «cuando se piensa que a mí, que tengo cuarenta años, se me ha castigado un día en prisión poniéndome a pan duro». Lo que me llama la atención en esta historia no es solo la puerilidad del ejercicio del poder, sino también el cinismo con el que se ejerce como poder, bajo la forma más arcaica, la más pueril, la más infantil. Imponer a alguien el régimen del pan y agua, ¡eso se enseñaba a los niños! La prisión es el único lugar en el que el poder se pone al desnudo en sus dimensiones más excesivas, y al mismo tiempo justificarse como poder moral. «Tengo toda la razón para castigar puesto que sabéis que robar, matar..,  todo eso es muy feo.». Eso es lo que fascina de las cárceles: por una vez el poder no se oculta, no se enmascara, se muestra como tiranía llevada hasta los más ínfimos detalles, poder cínico en sí mismo y al mismo tiempo puro, enteramente «justificado» ya que puede formularse enteramente en el interior de una moral que enmarca su ejercicio: su tiranía salvaje aparece entonces como dominación serena del Bien sobre el Mal, del orden sobre el desorden.
+++++

G. D.: Así que lo inverso es igualmente verdadero. No solo los prisioneros son tratados como niños, sino los niños como prisioneros. Los niños sufren una infantilización que no es la suya. En este sentido es cierto que las escuelas son casi unas cárceles, las fábricas lo son mucho más. Basta con ver la entrada en Renault. O en otros sitios: tres bonos para hacer pipi en el día. Usted ha encontrado un texto de Jeremias Bentham en el siglo XVIII que precisamente propone una reforma de las prisiones (ver en el Blog: El ojo del poder-Michel Foucault). En nombre de esta importante reforma, establece un sistema circular que hace que la prisión renovada sirva de modelo, y que a la vez se pase insensiblemente de la escuela a la manufactura, de la manufactura a la prisión e inversamente. Es esto la esencia del reformismo, de la representación reformada. Al contrario, cuando las personas hablan y actúan en su propio nombre, no oponen una representación, aunque sea invertida, a otra; no oponen una representatividad a la falsa representatividad del poder. Por ejemplo, recuerdo que usted decía que no hay justicia popular en contra de la justicia: se hace a otro nivel.
+++++

M. F.: Pienso que, bajo el odio que el pueblo tiene a la justicia, a los jueces, a los tribunales, a las cárceles, no conviene ver solamente la idea de otra justicia mejor, más justa, sino, y en primer lugar, y ante todo, la percepción de un punto singular en el que el poder se ejerce a expensas del pueblo. La lucha anti-judicial es una lucha contra el poder. No creo que esto sea una lucha contra las injusticias, contra las injusticias de la justicia, y por un mejor funcionamiento de la institución judicial. Aún así, es realmente asombroso que cada vez que ha habido motines, revueltas y sediciones, el aparato judicial ha sido el blanco, al mismo tiempo y al mismo título que el aparato fiscal, el ejército y las otras formas de poder. Mi hipótesis, pero no es más que una hipótesis, es que los tribunales populares, por ejemplo en el momento de la Revolución, han sido para la pequeña burguesía una manera para recuperar, para recobrar el movimiento de lucha contra la justicia aliándose a las masas. Y para recobrarlo,  se propusó este sistema de tribunal que se refiere a una justicia que podría ser justa, a un juez que podría dictar una sentencia justa. La forma misma del tribunal pertenece a una ideología de la justicia que es la de la burguesía.
+++++

G. D.: Si se considera la situación actual, el poder tiene necesariamente una visión total o global. Quiero decir que todas las formas de represión actuales, (y son múltiples), se totalizan fácilmente desde el punto de vista del poder: la represión racista contra los inmigrados, la represión en las fábricas, la represión en la enseñanza, la represión contra los jóvenes en general. No es preciso buscar la unidad de todas estas formas únicamente en una reacción al Mayo del 68, sino mucho más en una preparación y en una organización concertadas de nuestro futuro próximo. El capitalismo francés necesita de una «reserva» de parados, y abandona la máscara liberal y paternal del pleno empleo. Desde este punto de vista es así que encuentran su unidad: la limitación de la inmigración –una vez dicho que se confiaba a los emigrados los trabajos más duros e ingratos –,  la represión en las fábricas, ya que se trata de devolverle al francés el «gusto» por un trabajo cada vez más duro, la lucha contra los jóvenes y la represión en la enseñanza, ya que la represión policiaca es tanto más viva cuanto menos necesidad de jóvenes hay en el mercado laboral. Todas las distintas categorías profesionales van a ser convidadas a ejercer funciones policiales cada vez más precisas: profesores, psiquiatras, educadores de todas clases, etc. Hay aquí algo que usted anuncia desde hace tiempo y que se pensaba que no podrían producirse: el refuerzo de todas las estructuras de encierro.

Entonces, frente a esta política global del poder se hacen respuestas locales, cortafuegos, defensas activas y a veces preventivas. Nosotros no tenernos que totalizar lo que sólo se totaliza del lado del poder:  para totalizarlo de nuestro lado haría falta restaurar las formas representativas de centralismo y de jerarquía. Como contrapartida, lo que nosotros podemos hacer es llegar a instaurar conexiones laterales, todo un sistema de redes, de base popular. Y es esto lo que es difícil. En todo caso, la realidad para nosotros no pasa en absoluto por la política en sentido tradicional de competición y de distribución de poder,  de instancias llamadas representativas en el estilo del Partido Comunista o del sindicato CGT. La realidad es lo que hoy pasa efectivamente en una fábrica, en una escuela, en un cuartel, en una cárcel, en una comisaría. Si bien la acción comporta un tipo de información de naturaleza muy diferente a las informaciones de los periódicos (así como el tipo de información de L'Agence de Presse Libération).
+++++

M. F.: Esta dificultad, el apuro en el que nos encontramos para definir las formas de lucha adecuadas, ¿no proviene de que ignoramos todavía en qué consiste el poder? Después de todo ha sido necesario llegar al siglo XIX para saber lo que era la explotación, pero quizá  no se sabe todavía lo que es el poder. Y tal vez Marx y Freud no bastan para ayudarnos a conocer esta cosa tan enigmática, a la vez visible e invisible, presente y oculta, investida en todas partes, que se llama poder. La teoría del Estado, el análisis tradicional de los aparatos de Estado no agotan sin duda el campo en que se ejerce y funciona el poder.

La gran incógnita actualmente es: ¿quién ejerce el poder? y ¿dónde lo ejerce? En la actualidad, se sabe prácticamente quién explota, a dónde va el provecho, entre qué manos pasa y dónde se reinvierte, mientras que el poder... Se sabe de sobra que no son los gobernantes los que detentan el poder. Pero la noción de «clase dirigente» no es ni muy clara ni está muy elaborada. «Dominar», «dirigir», «gobernar», «grupo en el poder», «aparato de Estado», etc., tenemos aquí todo un juego de nociones que exigen ser analizadas. Del mismo modo, convendría saber hasta dónde se ejerce el poder, por medio de qué conexiones y hasta cuáles instancias –a menudo ínfimas –de jerarquía, de control, de vigilancia, de prohibiciones, de coerciones. En cualquier parte donde hay poder, el poder se ejerce. Nadie, estrictamente hablando, es su titular; y sin embargo, se ejerce siempre en una determinada dirección, con los unos de una parte y los otros de otra; no se sabe quién lo tiene exactamente; pero se sabe quién no lo tiene.

Si la lectura de sus obras (desde el Nietzsche hasta lo que yo presiento de Capitalismo y Esquizofrenia) ha sido para mí tan esencial es porque me parece que van muy lejos en el planteamiento de este problema: bajo ese viejo tema del sentido, significado, significante, etc., por último,  la cuestión del poder, de la desigualdad de los poderes, de sus luchas. Cada lucha se desarrolla alrededor de un foco particular de poder (uno de esos innumerables pequeños focos que van desde un jefecillo. un guardia de VPO, un director de cárcel, un juez, un responsable sindical, hasta un redactor jefe de un periódico). Y si se llama lucha cuando se designa los núcleos, se los denuncia, se habla públicamente de ellos, no se debe a que nadie tuviera todavía conciencia, sino a que hablar de este tema, forzar la red de información institucional, nombrar, decir quién ha hecho qué, designar el blanco es una primera inversión del poder, es un primer paso hacia otras luchas contra el poder. Si los discursos como, por ejemplo, los de los detenidos o los de los médicos de las cárceles son luchas, es porque confiscan, al menos durante un instante, el poder de hablar de las cárceles,  actualmente ocupado exclusivamente por la administración y por sus compadres reformadores. El discurso de lucha no opone al inconsciente: se opone al secreto. Eso da la impresión de ser mucho menos. ¿Y si fuese mucho más? Hay toda una serie de equívocos en relación a lo «oculto», a lo «reprimido», a lo «no dicho», que permiten «psicoanalizar» a bajo precio lo que debe ser objeto de una lucha. Es posible que sea más difícil destapar el secreto que el inconsciente. Los dos temas que aparecían frecuentemente hasta hace poco: «la escritura es lo reprimido» y «la escritura es subversiva de pleno derecho » me parecen claramente revelar un cierto número de operaciones que es preciso denunciar con severidad.
+++++

G. D.: En cuanto a este problema que usted plantea, se ve bien quien explota, quien se aprovecha, quien gobierna; pero el poder es todavía algo más difuso. Yo haría la hipótesis siguiente: incluso y sobre todo el marxismo ha determinado el problema en términos de interés (el poder está en manos de una clase dominante definida por sus intereses). De repente, uno tropieza con la cuestión siguiente: ¿cómo puede ser que una gente que no tiene precisamente interés siga, se adhiera estrechamente al poder, mendiga una de sus parcelas? Puede ser que, en términos de inversiones, tanto económicas como inconscientes, el interés no es la palabra última.

Existen inversiones de deseo que explican que, cuando fuere necesario,  se pueda desear, no contra su interés, ya que el interés sigue siempre y se encuentra allí donde el deseo lo sitúa, sino desear de una forma más profunda y difusa que su propio interés. Tenemos que estar dispuestos a escuchar el grito de Reich: ¡No, las masas no han sido engañadas, ellas han deseado el fascismo en un momento determinado! Hay inversiones de deseo que modelan el poder, y lo difunden, y hacen que el poder se encuentre tanto a nivel del policía como del primer ministro, y que no exista en absoluto una diferencia de naturaleza entre el poder que ejerce un simple policía y el poder que ejerce un ministro. La naturaleza de estas inversiones de deseo sobre un cuerpo social es lo que explica por qué unos partidos o unos sindicatos que tendrían o deberían tener una capacidad de inversión revolucionaria en nombre de los intereses de clase, pueden tener unas inversiones reformistas o perfectamente reaccionarias a nivel del deseo.
+++++

M. F.: Como usted dice, las relaciones entre deseo, poder e interés,  son más complejas de lo que ordinariamente se piensa, y resulta que no es necesariamente aquellos que ejercen el poder no tienen interés en ejercerlo; mientras que aquellos que tienen interés en ejercerlo no lo ejercen, y el deseo de poder tiene,  entre poder el interés,  un juego que es todavía singular. Sucede que las masas, en el momento del fascismo, desean que algunos ejerzan el poder, algunos que, sin embargo, no se confunden con ellas ya que el poder se ejercerá sobre ellas y a sus expensas, ,hasta su muerte, su sacrificio, su masacre, y ellas, sin embargo, desean este poder, desean que sea ejercitado. Este juego del deseo, del poder y del interés es todavía poco conocido. Hizo falta mucho tiempo para saber lo que era la explotación. Y el deseo ha sido y es todavía un asunto a largo plazo. Es posible que,  ahora, las luchas que se están llevando a cabo –y  también estas teorías locales, regionales, discontinuas que se están elaborando en estas luchas y que hacen cuerpo con ellas –es  posible que esto sea el comienzo de un descubrimiento de la manera en que el poder se ejerce.
+++++

G. D.: Pues, vuelvo a la cuestión: el movimiento revolucionario actual tiene múltiples focos, y esto no es por debilidad ni por insuficiencia, ya que una determinada totalización pertenece más bien al poder y a la reacción. Por ejemplo, el Vietnam es una formidable respuesta local. Pero, ¿cómo concebir las redes, las conexiones transversales entre estos puntos activos discontinuos, de un país a otro o en el interior de un mismo país?
+++++

M. F.: Esta discontinuidad geográfica de la que usted habla significa quizá esto: desde el momento que se lucha contra la explotación, es el proletariado quien no sólo conduce la lucha sino que además define los objetivos, los métodos, los lugares y los instrumentos de lucha; aliarse al proletariado es unirse a él en sus posiciones, su ideología, es retomar los motivos de su combate. Eso es fundirse.

Pero si se lucha contra el poder, entonces todos aquellos sobre los que se ejerce el poder como abuso, todos aquellos que lo reconocen como intolerable, pueden comprometerse en la lucha allí donde se encuentran y a partir de su actividad (o pasividad) propia. Comprometiéndose en esta lucha que es la suya, de la que conocen perfectamente el objetivo y de la que pueden determinar el método, entran en el proceso revolucionario. Como aliados del proletariado por supuesto,  ya que, si el poder se ejerce tal como se ejerce, es ciertamente para mantener la explotación capitalista. Sirven realmente la causa de la revolución proletaria luchando precisamente allí donde la opresión se ejerce sobre ellos. Las mujeres, los prisioneros, los soldados, los enfermos en los hospitales, los homosexuales han abierto en este momento una lucha específica contra la forma particular de poder, de imposición, de control que se ejerce sobre ellos. Estas luchas forman parte actualmente del movimiento revolucionario, a condición de que sean radicales sin compromisos ni reformismos, sin tentativas para modelar el mismo poder consiguiendo como máximo un cambio de titular. Y estos movimientos están unidos al movimiento revolucionario del proletariado mismo en la medida en que él ha de combatir todos los controles e imposiciones que reproducen en todas partes el mismo poder.

Es decir, que la generalidad de la lucha no se hace ciertamente en la forma de esta totalización de la que usted hablaba hace un momento, esta totalización teórica, en la forma de "verdad". Lo que produce la generalidad de la lucha, es el sistema mismo de poder, todas las formas de ejercicio y de aplicación del poder.
+++++

G. D.: Y no se puede tocar un punto cualquiera de aplicación sin encontrarse enfrentado a este conjunto difuso que desde ese momento se estará forzando a intentar reverter, a partir de la más pequeña reivindicación. Toda defensa, todo ataque revolucionario parcial se une así a la lucha obrera.

Blogs de memento
individuo y sociedad                  cine negro           +Más+ de memento


4.9.17

"The Rise and Fall of Leg's Diamond"-Budd Boetticher




Jack Leg's Diamond (Ray Danton)

 

The Rise and Fall of Legs Diamond (La ley del hampa-1960)


Director: Budd Boetticher Ha rodado en la década de1940 dos films negros: Behind Locked Doors y Assigned to Danger (Sentenciado a muerte-1948)
Guión: Joseph Landon
Música:Leonard Rosenman
Fotografía: Lucien Ballard con una larga contribución al cine negro (Berlín Express de Jacques Tourneur, House on Telegraph Hill de Robert Wise, Diplomatic Courrier de Henry Hathaway, Night without sleep de Roy Baker, The Killing de Kubrik, A Kiss before Dying de Gerard Oswald, The Unholy Wife de John Farrow, Murder by Contract de Irving Lerner) antes de esta película. 
Montaje: Folmar Blangsled
Producción: Leon Chooluck-Milton sperling -Warner

Actores:
Ray Danton es Jack 'Legs' Diamond director de TV series; en el cine negro: Outside the Law de jack Arnold, The Night Runner de Albert Biberman

Karen Steele es Alice Scott (interprete de unos cuantos westerns de Boetticher)
Elaine Stewart es Mónica Drake en el cine negro: The tattered Dress de Jack Arnold,

Jesse White es Leo 'Butcher' Bremer En el cine netro: Kiss of Death (Henry Hathaway-1947), Witness to murder (Roy Rowland-1954), Hell’s Half Acre (John H.Auer-1954),
Robert Lowery es Arnold Rothstein (A.R.) En el cine negro: They made me a killer (William c.Thomas-1946.y Killer at large (William Beaudine-1947)
Y también:
Richard Gardner es Mad Dog Coll
Frank DeKova es "El presidente”-corresponde en realidad a Lucky Luciano.

*****

Jack Leg's Diamond
El verdadero Jack "Legs" Diamond (1899-1931) fue un adrón de coches en los años 1920. Se lanzó en el contrabando durante la “prohibición” y se volvió un poderoso gánster. El apodo de “Leg’s” se debía a su talento como bailarín… o a su capacidad para correr después de robar…. 

“Legs” Diamond,  granuja de poca monta, sueña con hacerse famoso entre los grandes  del hampa de Nueva York. Después de un robo de joyas que le lleva a la cárcel, comprende que eso no le conviene ya que el beneficio va al perista. En esta época de prohibición, su estrategia está clara,  inspirada por una ambición desmesurada y una desfachatez que impresiona los más corruptos, está decidido a subirse en el ascensor social apuntando a los que no pueden denunciarle, sus propios compadres. Por eso nada vale más que el ejemplo de A.R. Arnold Rothstein, el más grande entre los mafiosos. Consigue ganar la confianza de los esbirros de Rothstein;  el carisma y su elegancia de bailarín –que le vale su apodo de “Legs” –vencen sin esfuerzos la blanda resistencia de las dos mujeres que marcarán las etapas decisivas de una trayectoria que, lejos de seguir el movimiento ascendente, corresponderá más bien a  la parabólica de un proyectil.

"The Boss A.R." y  Monica " la femme fatal"

Lo curioso de esta película es que también sigue la misma trayectoria parabólica. Budd Boetticher lleva a todo tren el movimiento ascendente de una primera parte; lanza a su héroe como un toro en la plaza soleada de los ricos gángsteres y nos hace vivir de nuevo las emociones de la gran época del cine negro acompañado por la deslumbrante fotografía de Lucien Ballard que sabe restituir la atmósfera de la década 1940 como la de los años 1920.  La música de Rosenman (trabajó anteriormente con Elia Kazan, Minnelli o Martin Ritt) es más propia de la época del rodaje pero, además de una buena melodía de fondo,  muy sugestiva: por ejemplo, el solo de saxo cuando la presencia (discreta) de la mujer que será fatal en su venganza se manifiesta por la primera vez. Las mujeres tienen por supuesto el papel que suele atribuirse en la forma más clásica del género: a la femme fatal (Mónica) se opone la amiga, esposa, confidente… y además compañera de baile (Alice) del buen bailarín que es “Leg’s”. El héroe y Alice formarán un dúo en el estilo de Ginger y Fred. Leg’s  acabará casándose con la inocente Alice, vencido por el desbordamiento de amor incondicional de la bonita bailarina… Pero quien con fuego juega… Codearse con la favorita del amo A.R., ¡eso  te puede quemar!

Alice y Jack en su época de duo de baile

A partir de este momento empieza la parte descendiente de la trayectoria parabólica: mutación del género, vuelta al cine de gángsteres  de los años de Scarface con James Cagney y Georges Raft. Tampoco se trata de una caída del ritmo o de la calidad de la obra pero las ametralladoras, el chirrido de los neumáticos de estos coches años 30 hacia un final sin sorpresa y anunciado en el mismo título. ¡Qué importa si de toda manera nosotros lo pasamos bien…  Boetticher también que, después de un desastre familiar,  se enamoró de Alice (Karen Steele) musa de sus películas del oeste con Randolph Scott  (el cual no presentaba ningún riesgo de rivalidad). Sin embargo, cuando durante el rodaje de La ley del hampa en 1960 Lucien Ballard le presenta a la grande bailarina de La tumba india de Fritz Lang… ¡pero eso es otra historia!

Blogs de memento

individuo y sociedad                  cine negro           +Más+ de memento

10.7.17

"El ojo del poder" (prefacio a "El panóoptico" de Bentham)-Michel Foucault




Ver también en este Blog: "El Poder" -(Curso sobre Foucault)-Gilles Deleuze

Entrevista a Michel Foucault sobre El Panóptico de Jeremias Bentham
-Michelle Perrot es historiadora
-Jean-Pierre Barou es autor y editor

 

(Jean-Pierre Barou escribió La Guerre d'Espagne ne fait que commencer  A continuación una traducción de la presentación por Barou: de su libro:

¿Por qué” la guerra de España acaba de empezar”? Porque por fin podemos entender que ella fue, según lo declarado por el escritor alemán y premio Nobel de literatura Thomas Mann, “el más inmundo escándalo de la historia de la humanidad”, un crimen contra “las reivindicaciones de la consciencia”; Gide y Camus, dos otros Nobel, ven en ella “una degradación del espíritu sin precedente”; el escritor católico y monárquico Bernanos presiente “la desaparición del hombre de buenavoluntad”. El movimiento de los indignados, nacido en Madrid el 15 de mayo de 2011, despertó estas reivindicaciones de un espíritu tan poco aficionado a los libros de historia. Este libro es retorno a la escena del crimen.  Todos se aliaron en contra del pueblo español (del que Camus decía que “tiene algunos de los secretos de la realeza que Europa busca desesperadamente para formularlos”):el ejército franquista, apoyado por la Italia fascista, la Alemania nazi, las “democracias del dinero” –   Inglaterra y Francia – cómplices, Stalin desplegando el “terror rojo” mientras los anarquistas dan rienda suelta a su “terror negro” en contra de la iglesia. Y si el asesinato del poeta Federico Garcia Lorca cierra este relato es porque revela la capacidad de la literatura para trascender la historia de los hechos consumados y recrear una humanidad dispuesta a renacer.) 
Jean-Pierre Barou: El Panóptico de Jeremías Bentham es una obra editada a finales del siglo XVIII que ha permanecido desconocida. Sin embargo, tú has escrito una serie de frases sobre ella tan sorprendentes como éstas: "Un acontecimiento en la historia del espíritu humano", "Una especie de huevo de Colón en el campo de la política". Por lo que se refiere a su autor, el jurista inglés Jeremías Bentham, lo has presentado, como el "Fourier de una sociedad policial"'. Para nosotros es un misterio. Pero, explícanos, cómo has descubierto El Panóptico.

Michel Foucault: Estudiando los orígenes de la medicina clínica; había pensado hacer un estudio sobre la arquitectura hospitalaria de la segunda mitad del siglo XVIII, en la época en la que se desarrolla el gran movimiento de reforma de las instituciones médicas[1]. Quería saber cómo se había institucionalizado la mirada médica; cómo se había inscrito realmente en el espacio social; cómo la nueva forma hospitalaria era a la vez el efecto y el soporte de un nuevo  tipo de mirada. Y examinando los diferentes proyectos arquitectónicos posteriores al segundo incendio del Hotel-Dieu en 1772 me di cuenta hasta qué punto el problema de la total visibilidad de los cuerpos, de los individuos, de las cosas, bajo una mirada centralizada, había sido uno de los principios básicos m4s constantes. En el caso de los hospitales este problema presentaba una dificultad suplementaria: era necesario evitar los contactos, los contagios, la proximidad y los amontonamientos, asegurando al mismo tiempo la aireación y la circulación del aire; se trataba a la vez de dividir el espacio y de dejarlo abierto, de asegurar una vigilancia que fuese global e individualizante al mismo tiempo, separando cuidadosamente a los individuos que debían ser vigilados. Había pensado durante mucho tiempo que estos eran problemas propios de la medicina del siglo XVIII y de sus concepciones teóricas.

Después, estudiando los problemas de la penalidad, he visto que todos los grandes proyectos de remozamiento de las prisiones (que dicho sea de paso aparecen un poco más tarde, en la primera mitad del siglo XIX), retornaban al mismo tema, pero ahora refiriéndose casi siempre a Bentham. No existían prácticamente ni textos ni proyectos acerca de las prisiones en los que no se encontrase el "invento" de Bentham, es decir, el "panóptico".

El principio era: en la periferia un edificio circular; en el centro una torre; ésta aparece atravesada por amplias ventanas que se abren sobre la cara interior del círculo. El edificio periférico está dividido en celdas, cada una de las cuales ocupa todo el espesor del edificio. Estas celdas tienen dos ventanas: una abierta hacia el interior que se corresponde con las ventanas de la torre; y otra hacia el exterior que deja pasar la luz de un lado al otro de la celda. Basta pues situar un vigilante en la torre central y encerrar en cada celda un loco, un enfermo, un condenado, un obrero o un alumno. Mediante el efecto de contra-luz se pueden captar desde la torre las siluetas prisioneras en las celdas de la periferia proyectadas y recortadas en la luz. En suma, se invierte el principio de la mazmorra. La plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra que en último término cumplía una función protectora.

Sorprende constatar que mucho antes que Bentham esta preocupación existía ya. Parece que uno de los primeros modelos de esta visibilidad aislante había sido puesto en práctica en la Escuela militar de París en 1755 en lo referente a los dormitorios. Cada uno de los alumnos debía disponer de una celda con cristalera a través de la cual podía ser visto toda la noche sin tener ningún contacto con sus condiscípulos, ni siquiera con los criados. Existía además un mecanismo muy complicado con el único fin de que el peluquero pudiese peinar a cada uno de los pensionistas sin tocarlo físicamente: la cabeza del alumno pasaba a través de un tragaluz, quedando el cuerpo del otro lado de un tabique de cristales que permitía ver todo lo que ocurría. Bentham ha contado que fue su hermano el que, visitando la Escuela militar, tuvo la idea del panóptico. El tema de todas formas estaba presente. Las realizaciones de Claude-Nicolas Ledoux, concretamente la salina que construye en Arc-etSenans, se dirigen al mismo efecto de visibilidad, pero con un elemento suplementario: que exista un punto central que $ea el lugar del ejercicio y, al mismo tiempo, el lugar de registro de saber. De todos modos si bien la idea del panóptico es anterior a Bentham, será él quien realmente la formule, y ¡a bautice.

El mismo nombre de "panóptico" parece fundamental. Designa un principio global. Bentham no ha pues simplemente imaginado una figura arquitectónica destinada a resolver un problema concreto, como el de la prisión, la escuela o el hospital. Proclama una verdadera invención que él mismo denomina "huevo de Colón". Y, en efecto, lo que buscaban los médicos, los industriales, los educadores y los penalistas, Bentham se lo facilita: ha encontrado una tecnología de poder específica para resolver los problemas de vigilancia. Conviene destacar una cosa importante: Bentham ha pensado y dicho que su procedimiento óptico era la gran innovación para ejercer bien y fácilmente el poder. De hecho, dicha innovación ha sido ampliamente utilizada desde finales del siglo XVIII. Sin embargo los procedimientos de poder puestos en práctica en las sociedades modernas son mucho más numerosos, diversos y ricos. Sería falso decir que el principio de visibilidad dirige toda la tecnología de poder desde el siglo XIX.

Michelle Perrot: ¡Pasando por la arquitectura! ¿Qué pensar por otra parte de la arquitectura como modo de organización política? Porque,  en último término, todo es espacial, no solo mentalmente, sino materialmente en este pensamiento del siglo XVIII.

Foucault: Desde finales del siglo XVIII la arquitectura comienza a estar ligada a los problemas de población, de salud, de urbanismo. Antes, el arte de construir respondía sobre todo a la necesidad de manifestar el poder, la divinidad, la fuerza. El palacio y la iglesia constituían las grandes formas, a las que hay que añadir las plazas fuertes; se manifestaba el poderío, se manifestaba el soberano, se manifestaba Dios. La arquitectura se ha desarrollado durante mucho tiempo alrededor de estas exigencias. Pero, a finales del siglo XVIII, aparecen nuevos problemas: se trata de servirse de la organización del espacio para fines económico-políticos.

Surge una arquitectura específica. Philippe Aries ha escrito cosas que me parecen importantes sobre el hecho de que la casa, hasta el siglo XVIII, es un espacio indiferenciado. En este espacio hay habitaciones en las que se duerme, se come, se recibe ..., en fin poco importa. Después, poco a poco, el espacio se especifica y se hace funcional. Un ejemplo es el de la construcción de las ciudades obreras en los años 1830-1 870. Se fijará a la familia obrera; se le va a prescribir un tipo de moralidad asignándole un espacio de vida con una habitación que es el lugar de la cocina y del comedor, otra habitación para los padres, que es el lugar de la procreación, y la habitación de los hijos. Algunas veces, en el mejor de los casos, habrá una habitación para las niñas y otra para los niños. Podría escribirse toda una "historia de los espacios" -que sería al mismo tiempo una "historia de los poderes”' –que  comprendería desde las grandes estrategias de la geopolítica hasta las pequeñas tácticas del hábitat, de la arquitectura institucional, de la sala de clase o de la organización hospitalaria, pasando por las implantaciones económico-políticas.

Sorprende ver cuánto tiempo ha hecho falta para que el problema de los espacios aparezca como un problema histórico-político, ya que o bien el espacio se reenviaba a la "naturaleza" –a lo dado, a las determinaciones primeras, a la "geografía física” –es  decir a una especie de capa "prehistoria", o bien se lo concebía como lugar de residencia o de expansión de un pueblo, de una cultura, de una lengua, o de un Estado. En suma, se lo analizaba o bien como suelo, o bien como aire; lo que importaba era el sustrato o las fronteras. Han sido necesarios Marc Bloch y Fernand Braudel para que se desarrolle una historia de los espacios rurales o de los espacios marítimos. Es preciso continuarla sin decirse simplemente que el espacio predetermina una historia que a su vez lo remodela y se sedimenta en él. El anclaje espacial es una forma económico-política que hay que estudiar en detalle. Entre todas las razones que han inducido durante tanto tiempo a una cierta negligencia respecto a los espacios, citaré solamente una que concierne al discurso de los filósofos. En el momento en el que comenzaba a desarrollarse una política reflexiva de los espacios (finales del siglo XVIII), las nuevas adquisiciones de la física teórica y experimental desalojaron a la filosofía de su viejo derecho de hablar del mundo, del cosmos, del espacio finito o infinito. Esta doble ocupación del espacio por una tecnología política y por una práctica científica ha circunscrito la filosofía a una problemática del tiempo.

Desde Kant, lo que el filósofo tiene que pensar es el tiempo -Hegel, Bergson, Heidegger-, con una descalificación correlativa del espacio que aparece del lado del entendimiento, de lo analítico, de lo conceptual, de lo muerto, de lo fijo, de lo inerte. Recuerdo haber hablado, hace una docena de años de estos problemas de una política de los espacios, y se me respondió que era bien reaccionario insistir tanto sobre el espacio, que el tiempo, el proyecto, era la vida y el progreso. Conviene decir que este reproche venía de un psicólogo -verdad y vergüenza de la filosofía del siglo XIX-.

M.P.: De paso, me parece que la noción de sexualidad es muy importante tal como señaló Vd. a propósito de la vigilancia en el caso de los militares; de nuevo aparece este problema con la familia obrera; es sin duda fundamental.

Foucault: Totalmente de acuerdo. En estos temas de vigilancia, y en particular de la vigilancia escolar, los controles de la sexualidad se inscriben en la arquitectura. En el caso de la Escuela militar las paredes hablan de la lucha contra la homosexualidad y la masturbación.

M.P.: Siguiendo con la arquitectura, ¿no le parece que individuos como los médicos, cuya participación social es considerable a finales del siglo XVIII, han desempeñado de algún modo un papel de organizadores del espacio? La higiene social nace entonces; en nombre de la limpieza, la salud, se controlan los lugares que ocupan unos y otros. Y los médicos, con el renacimiento de la medicina hipocrática, se sitúan entre los más sensibilizados al problema del entorno, del lugar, de la temperatura, datos que encontramos en la encuesta de Howard sobre las prisiones.

Foucault: Los médicos eran entonces en cierta medida especialistas del espacio. Planteaban cuatro problemas fundamentales: el de los emplazamientos (climas regionales, naturaleza de los suelos, humedad y sequedad: bajo el nombre de "constitución", estudiaban la combinación de los determinantes locales y de las variaciones de estación que favorecen en un momento dado un determinado tipo de enfermedad); :el de las coexistencias (ya sea de los hombres entre sí: densidad y proximidad; ya sea de los hombres y las cosas: aguas, alcantarillado, ventilación; ya sea de los hombres y los animales: mataderos, establos; ya sea de los hombres y los muertos: cementerios); el de las residencias (hábitat, urbanismo); el de los desplazamientos (emigración de los hombres, propagación de las enfermedades). Los medicos han sido con los militares, los primeros gestores del espacio colectivo. Pero los militares pensaban sobre todo el espacio de las "campañas" (y por lo tanto el de los "pasos") y el de las fortalezas. Los médicos han pensado sobre todo el espacio de las residencias y el de las ciudades. No recuerdo quién ha buscado en Montesquieu y en Augusto Comte las grandes etapas del pensamiento sociológico. Es ser bien ignorante. El saber sociológico se forma más bien en prácticas tales como las de los médicos. Guepin ha escrito en los mismos comienzos del siglo XIX un maravilloso análisis de la ciudad de Nantes.

De hecho, si la intervención de los médicos ha sido tan capital en esta época, se debe a que estaba exigida por todo un conjunto de problemas políticos y económicos nuevos: la importancia de los hechos de población.

M.P.: Es chocante además la gran cantidad de personas que se ven concernidas por la reflexión de Bentham. En distintos sitios dice haber resuelto los problemas de disciplina planteados por un gran número de individuos a cargo de unos pocos.

Foucault: Al igual que sus contemporáneos,  Bentham se encuentra con el problema de la acumulación de hombres. Pero mientras que los economistas planteaban el problema en términos de riqueza (población-riqueza: mano de obra, fuente de actividad económica, consumo; y población-pobreza:  excedente u ociosa), Bentham plantea la cuestión en términos de poder la población como blanco de las relaciones de dominación. Se puede decir, creo, que los mecanismos de poder, que intervenían incluso en una monarquía administrativa tan desarrollada como la francesa, dejaban aparecer unos huecos bastante amplios en un sistema incompleto, aleatorio, global, que no entra en detalles, que se ejerce sobre grupos solidarios o practica el método del ejemplo (como puede verse claramente en el sistema fiscal o en la justicia criminal); el poder tenía pues una débil capacidad de "resolución" como se diría en términos de fotografía, no era capaz de practicar un análisis individualizante y exhaustivo del cuerpo social. Ahora bien, las mutaciones económicas del siglo XVIII han hecho necesaria una circulación de los efectos de poder a través de canales cada vez más finos, hasta alcanzar a los propios individuos, su cuerpo, sus gestos, cada una de sus habilidades cotidianas. Que el poder, incluso teniendo que dirigir a una multiplicidad de hombres, sea tan eficaz como si se ejerciese sobre uno solo.

M P.: Los crecimientos demográficos del siglo XVIII han contribuido sin duda al desarrollo de un poder semejante.

J.-P. B.: ¿No es sorprendente entonces saber que la Revolución francesa a través de personas como La Fayette, ha acogido favorablemente el proyecto del panóptico? Se sabe que Bentham, como premio a sus desvelos, ha sido hecho "Ciudadano francés" en 1791.

Foucault: Yo diría que Bentham es el complemento de Rousseau. ¿Cuál es, en efecto, el sueño rousseauniano que ha animado a tantos revolucionarios?: el de una sociedad transparente, visible y legible a la vez en cada una de sus partes; que no existan zonas oscuras, zonas ordenadas por los privilegios del poder red o por las prerrogativas de tal o tal cuerpo, o incluso por el desorden; que cada uno, desde el! lugar que ocupa, pueda ver el conjunto de la sociedad; que los corazones se comuniquen unos con otros, que las miradas no encuentren ya obstáculos, que la opinión reine, la de cada uno sobre cada uno. Starobinski ha escrito páginas muy interesantes respecto a este tema en La Transparencia y el obstáculo y en La invención de la libertad.

Bentham es a la vez esto y todo lo contrario. Plantea el problema de la visibilidad, pero pensando en una visibilidad totalmente organizada alrededor de una mirada dominadora y vigilante. Hace funcionar el proyecto de una visibilidad universal, que actuaría en provecho de un poder riguroso y meticuloso. Así, sobre el gran tema rousseauniano –que  - es en alguna medida el lirismo de la Revolución –se  articula la idea técnica del ejercicio de un poder "omnicontemplativo" que es la obsesión de Bentham. Los dos se unen y el todo funciona: el lirismo de Rousseau y la obsesión de\ Bentham.

M.P.: Hay una frase en el Panóptico: "Cada camarada se convierte en un vigilante".

Foucault: Rousseau habría dicho justamente lo inverso: que cada vigilante sea un camarada. Véase El Emilio: el preceptor de Emilio es un vigilante, es necesario que sea también un camarada.

 J.-P. B.: La Revolución francesa no sólo no hace una lectura próxima a la que hacemos ahora sino que incluso encuentra en el proyecto de Bentham miras humanitarias.

Foucault: Justamente, cuando la Revolución se pregunta por una nueva justicia el resorte para ella será la opinión. Su problema, de nuevo, no ha sido hacer que la gente fuese castigada, sino hacer que ni siquiera pueda actuar mal en la medida en que se sentiría sumergida, inmersa, en un campo de visibilidad total en el cual la opinión de los otros, la mirada de los otros, el discurso de los otros, le impida obrar mal o hacer lo que es nocivo. Esto está presente constantemente en los textos de la Revolución.

MP.: El contexto inmediato ha jugado también su papel en la adopción del panóptico por la Revolución: en este momento el problema de las cárceles está a la orden del día. A partir de 1770 tanto en Inglaterra como en Francia existe una fuerte inquietud respecto a este tema como puede constatarse a través de la encuesta de Howard sobre las prisiones traducida al francés en 1788. Hospitales y cárceles son dos grandes temas de discusión en los salones parisinos, en los círculos ilustrados. Se ha convertido en algo escandaloso el que las prisiones sean lo que son: una escuela del vicio y del crimen; y lugares tan desprovistos de higiene que en ellos se muere uno. Los médicos comienzan a decir cómo se deteriora el cuerpo, cómo se dilapida en semejantes sitios. Llegada la Revolución francesa, emprende a su vez una encuesta de alcance europeo. Un tal Duquesnoy es el encargado de hacer un informe sobre los establecimientos llamados "de humanidad", vocablo que comprende hospitales y prisiones.

Foucault: Un miedo obsesivo ha recorrido la segunda mitad del siglo XVIII: el espacio oscuro, la pantalla de oscuridad que impide la entera visibilidad de las cosas, la gente, las verdades. Disolver los fragmentos de noche que se oponen a la luz, hacer que no existan más espacios oscuros en la sociedad, demoler esas cámaras negras en las que se fomenta la arbitrariedad política, los caprichos del monarca, las supersticiones religiosas, los complots de los tiranos y los frailes, las ilusiones de ignorancia, las epidemias. Los castillos, los hospitales, los depósitos de cadáveres, los correccionales, los conventos, desde antes de la Revolución han suscitado una desconfianza o un odio que no fueron subestimados; el nuevo orden político y moral no puede instaurarse sin su desaparición. Las novelas de terror en la época de la Revolución, desarrollan todo un mundo fantástico de la muralla, de la sombra, de lo oculto, de la mazmorra, de todo aquello que protege en una complicidad significativa, a los truhanes y a los aristócratas, a los monjes y a los traidores: los paisajes de Ann Radcliffe son montañas, bosques, cuevas, castillos en ruinas, conventos en los que la oscuridad y el silencio dan miedo. Ahora bien, estos espacios imaginarios son como la "contra-figura" de las transparencias y de las visibilidades que se intentan establecer entonces.

Este reino de “la opinión" que se invoca con tanta frecuencia en esta época, es un modo de funcionamiento en el que el poder podría ejercerse por el solo hecho de que las cosas se sabrán y las gentes serán observadas por una especie de mirada inmediata, colectiva y anónima. Un poder cuyo resorte principal fuese la opinión no podría tolerar regiones de sombra. Si se han interesado por el proyecto de Bentham se debe a que, siendo aplicable a tantos campos diferentes, proporcionaba la fórmula de un "poder por transparencia", de un sometimiento por "proyección de claridad". El panóptico es un poco la utilización de la forma "castillo" (torreón rodeado de murallas) para paradójicamente crear un espacio de legibilidad detallada.

 J.-P. B.: Son en definitiva los rincones ocultos del hombre lo que el Siglo de las Luces quiere hacer desaparecer.

Foucault: Indudablemente.

M.P.: Sorprenden también las 1 técnicas de poder que funcionan en el interior del panóptico. La mirada fundamentalmente, también la palabra puesto que existen esos famosos tubos de acero -extraordinaria invención- que unen el inspector central con cada una de las celdas en las que se encuentran, nos dice Bentham, no un prisionero sino pequeños grupos de prisioneros. En último término, la importancia de la disuasión está muy presente en el texto de Bentham: "Es preciso -dice- estar incesantemente bajo la mirada de un inspector; perder la facultad de hacer el mal y casi el pensamiento de quererlo". Nos encontramos de lleno con las preocupaciones de la Revolución: impedir a la gente obrar mal, quitarles las ganas de desearlo, en resumen: no poder y no querer.

Foucault: Estamos hablando de dos cosas: de la mirada y de la interiorización. Y, en el fondo, ¿no se trata del problema del precio del poder? El poder, de hecho, no se ejerce sin gastos. Existe evidentemente el coste económico, y Bentham lo dice. ¿Cuántos vigilantes hacen falta? ¿Cuánto, en definitiva, costará la máquina? Pero está además el coste propiamente político. Si se es muy violento se corre el riesgo de suscitar insurrecciones; si se interviene de forma discontinua se arriesga uno a dejar que se produzcan, en los intervalos, fenómenos de resistencia de un coste político elevado. Así funcionaba el poder monárquico. Por ejemplo, la justicia, que detenía una proporción irrisoria de criminales, argumentaba diciendo: conviene que el castigo sea espectacular para que los demás tengan miedo. Poder violento por tanto que debía, mediante el ejemplo, asegurar las funciones de continuidad. A esto contestan los nuevos teóricos del siglo XVIII: es un poder demasiado costoso y con muy pocos resultados. Se hacen grandes gastos de violencia que en realidad no tienen valor de ejemplo, se ve uno incluso obligado a multiplicar las violencias, de forma tal, que se multiplican las rebeliones.

 M.P.: Eso es lo que sucedió con las insurrecciones contra el patíbulo.

Foucault: Por el contrario, se cuenta con la mirada que va a exigir pocos gastos. No hay necesidad de armas, de violencias físicas, de coacciones materiales. Basta una mirada. Una mirada que vigile, y que cada uno, sintiéndola pesar sobre sí, termine por interiorizarla hasta el punto de vigilarse a sí mismo; cada uno ejercerá esta vigilancia sobre y contra sí mismo. ¡Fórmula maravillosa: un poder continuo y de un coste, en último término, ridículo! Cuando Bentham considera que él lo ha conseguido, cree que es el huevo de Colón en el orden de la política, una fórmula exactamente inversa a la del poder monárquico. De hecho, en las técnicas de poder desarrolladas en la época moderna, la mirada ha tenido una importancia i enorme, pero como ya he dicho, está lejos de ser la única ni siquiera la principal instrumentación puesta en práctica.

 M.P.: Parece que, respecto a esto, Bentham se plantea el problema del poder en función sobre todo de grupos pequeños. ¿Por qué? ¿Por qué piensa que la parte es el todo, y que si se logra el éxito a nivel de grupos puede luego extenderse al todo social? LO bien es que el conjunto social, el poder a nivel del todo social es algo que entonces no se concebía realmente? ¿Por qué?

Foucault: El problema consiste en evitar los obstáculos, las interrupciones; al igual que ocurría en el Antiguo Régimen, con las barreras que presentaban a las decisiones de poder los cuerpos constituidos, los privilegios de determinadas categorías, desde el clero, hasta las corporaciones, pasando por los magistrados. Del mismo modo que las barreras que, en el Antiguo Régimen presentaban los cuerpos constituidos, los privilegios de determinadas categorías a las decisiones de poder.

 La burguesía comprende perfectamente que una nueva legislación o una nueva Constitución no son garantía suficiente para mantener su hegemonía. Se da cuenta de que debe inventar una tecnología nueva que asegure la irrigación de todo el cuerpo social de los efectos de poder llegando hasta sus más ínfimos resquicios. Y en esto precisamente la burguesía ha hecho no sólo una revolución política sino que también ha sabido implantar una hegemonía social que desde entonces conserva. Esta es la razón por la que todas estas invenciones han sido tan importantes y han hecho de Bentham uno de los inventores más ejemplares de la tecnología de poder.

J.-P. B.: No obstante, no se sabe a quién beneficia el espacio organizado tal como Bentham preconiza, si a los que habitan la torre central o a los que vienen a visitarla. Se tiene la sensación de estar ante un mundo infernal del que no escapa nadie, ni los que son observados ni los que observan.

Foucault: Eso es sin duda lo que hay de diabólico en esta idea como en todas las aplicaciones a que ha dado lugar No existe en ella un poder que radicaría totalmente en alguien y que ese alguien ejercería él solo y de forma absoluta sobre los demás; es una máquina en la que todo el mundo está aprisionado, tanto los que ejercen el poder como aquellos sobre los que el poder se ejerce. Pienso que esto es lo característico de las sociedades que se instauran en el siglo XIX. El poder ya no se identifica sustancialmente con un individuo que lo ejercería o lo poseería en virtud de su nacimiento, se convierte en una maquinaria de la que nadie es titular. Sin duda, en esta máquina nadie ocupa el mismo puesto, sin duda ciertos puestos son preponderantes y permiten la producción de efectos de supremacía. De esta forma, estos puestos pueden asegurar una dominación de clase en la misma medida en que disocian el poder de la potestad individual.

M.P.: El funcionamiento del panóptico es, desde este punto de vista, un tanto contradictorio. Está el inspector principal que desde la torre central vigila a los prisioneros. Pero, al mismo tiempo, vigila a sus subalternos, es decir, al personal; este inspector central no tiene ninguna confianza en los vigilantes, e incluso se refiere a ellos de un modo un tanto despectivo pese a que, en principio, están destinados a serle próximos.
¡Pensamiento, pues, aristocrático! Pero, al mismo tiempo, quisiera hacer esta observación en lo que se refiere al personal subalterno: ha constituido un problema para la sociedad industrial. No ha sido cómodo para los patronos encontrar capataces, ingenieros capaces de dirigir y de vigilar las fábricas.

Foucault: Es un problema considerable que se plantea en el siglo XVIII. ¡Se puede constatar claramente en el caso del ejército, cuando fue necesario fabricar "suboficiales" que tuviesen conocimientos auténticos para organizar eficazmente las tropas en caso de maniobras tácticas, con frecuencia difíciles, tanto más difíciles cuanto que el fusil acababa de ser perfeccionado. Los movimientos, los desplazamientos, las filas, las marchas exigían este personal disciplinario.

Más tarde los talleres vuelven a plantear a su modo el mismo problema; también la escuela con sus maestros, sus ayudantes, sus vigilantes. La Iglesia era entonces uno de los raros cuerpos sociales en el que existían pequeños cuadros competentes. El religioso, ni muy alfabetizado ni totalmente ignorante, el cura, el vicario entraron en lid cuando se necesitó escolarizar a centenas de millares de niños. El Estado no se dotó con pequeños cuadros similares hasta mucho más tarde. Igual sucedió con los hospitales. No hace aún mucho que el personal subalterno hospitalario continuaba estando constituido en su mayoría por religiosas.

M.P.: Estas mismas religiosas han desempeñado un papel considerable en la aplicación de las mujeres al trabajo: aquí se sitúan los famosos internados del siglo XIX en los que vivía y trabajaba un personal femenino bajo el control de religiosas formadas especialmente para ejercer la disciplina de las fábricas. El Panóptico está lejos de estar exento de estas preocupaciones ya que se puede constatar la existencia de esta vigilancia del inspector principal sobre el personal subalterno, y esta vigilancia sobre todos, a través de las ventanas de la torre, sucesión ininterrumpida de miradas que hace pensar en "cada camarada se convierte en un vigilante", hasta el punto de que se tiene la impresión, un poco vertiginosa, de estar en presencia de una invención que en alguna medida se va de las manos de su creador.
Bentham, en un principio, quiere confiar en un poder único: el poder central. Pero, leyéndolo, uno se pregunta, ¿a quién mete Bentham en la torre? ¿Al ojo de Dios? Sin embargo Dios está poco presente en su texto; la religión no desempeña sino un papel de utilidad. Entonces, ¿a quién? En definitiva es preciso decir que el mismo Bentham no ve muy claro a quien confiar el poder.

Foucault: Bentham no puede confiar en nadie en la medida en que nadie debe ser lo que era el rey en el antiguo sistema, es decir, la fuente del poder y de la justicia. La teoría de la monarquía lo suponía. Era preciso confiar en el rey. Por su propia existencia, querida por Dios, él era la fuente de la justicia, de la ley, del poder. El poder que radicaba en su persona no podía sino ser bueno; un mal rey equivalía a un accidente de la historia o a un castigo del soberano absolutamente perfecto, Dios.
 Por el contrario, no se puede confiar en nadie cuando el poder está organizado como una máquina que funciona según engranajes complejos, en la que lo que es determinante es el puesto de cada uno, no su naturaleza. Si la máquina fuese tal que alguien estuviese fuera de ella, o que tuviese él sdo la responsabilidad de su gestión, el poder se identificaría a un hombre y estaríamos de nuevo en un poder de tipo monárquico. En el Panóptico, cada uno, según su puesto, está vigilado por todos los demás, o al menos por alguno de ellos; se está en presencia de un aparato de desconfianza total y circulante porque carece de un punto absoluto. La perfección de la vigilancia es una suma de insidias.

 J.P. B.: Una maquinaria diabólica, como has dicho, que no perdona a nadie. La imagen quizá del poder de hoy. Pero, ¿cómo crees que se ha llegado hasta aquí? ¿Por voluntad de quién y con qué objeto?

Foucault: La cuestión del poder se simplifica cuando se plantea únicamente en términos de legislación o de Constitución, o en términos de Estado o de aparato de Estado. El poder es sin duda más complicado, o de otro modo, más espeso y difuso que un conjunto de leyes o un aparato de Estado. No se puede comprender el desarrollo de las fuerzas productivas propias del capitalismo, ni imaginar su desarrollo tecnológico, si no se conocen al mismo tiempo los aparatos de poder.
 En el caso, por ejemplo, de la división de trabajo en los grandes talleres del siglo XVIII, ¿cómo se habría llegado a este reparto de tareas si no hubiese existido una nueva distribución del poder al propio nivel del remodelamiento de las fuerzas productivas? Lo mismo sucede con el ejército moderno: no basta con que exista otro tipo de armamento, ni otra forma de reclutamiento, fue necesario que se produjera a la vez esta nueva distribución de poder que se llama disciplina, con sus jerarquías, sus cuadros, sus inspecciones, sus ejercicios, sus condicionamientos y domesticaciones. Sin esto, el ejército tal como ha funcionado desde el siglo XVIII no hubiera sido posible.

J.-P. B.: De todos modos, ¿existe alguien o algunos que impulsan el todo?

Foucault: Se impone una distinción. Está claro que en un dispositivo como el ejército, el taller, o cualquier tipo de institución, la red del poder adopta una forma piramidal. Existe pues una cúspide. Sin embargo incluso en un caso así de simple, esta "cúspide" no es la "fuente" o el "principio" de donde se derivaría todo el poder como de un centro luminoso (esta es la imagen según la cual se representa a la monarquía). La cúspide y los elementos inferiores de la jerarquía están en una relación de sostén y de condicionamiento recíprocos; se "sostienen" (el poder como "chantaje" mutuo e indefinido).
Pero si lo que me preguntas es si esta nueva tecnología de poder tiene históricamente su origen en un individuo o en un grupo de individuos determinados, que habrían decidido aplicarla para servir sus propios intereses y utilizar así, en su beneficio, el cuerpo social, te responderé: no. Estas tácticas han sido inventadas, organizadas, a partir de condiciones locales y de urgencias concretas. Se han perfilado palmo a palmo antes de que una estrategia de clase las solidifique en amplios conjuntos coherentes. Hay que señalar además que estos conjuntos no consisten en una homogenización sino más bien en un juego complejo de apoyos que adoptan los diferentes mecanismos de poder unos sobre otros permaneciendo sin embargo en su especificidad. Así, actualmente, la interrelación entre medicina, psiquiatría, psicoanálisis, escuela, justicia, familia, en lo que se refiere a los niños, no homogeniza estas distintas instancias sino que establece entre ellas conexiones, reenvíos, complementariedades, delimitaciones, lo que supone que cada una conserva hasta cierto punto las modalidades que le son propias.

M.P.: Vd. rechaza la idea de un poder que sería una superestructura, pero no la idea de un poder que es, en cierto modo, consustancial al desarrollo de las fuerzas productivas, que forma parte de él.

Foucault: Por supuesto. Y el poder se transforma continuamente con estas fuerzas. El Panóptico era una utopía-programa. Pero ya en la época de Bentham el tema de un poder espacializante, vigilante, inrnovilizante, en una palabra, disciplinario, estaba desbordado por mecanismos mucho más sutiles que permitían la regulación de los fenómenos de población, el control de sus oscilaciones, la compensación de sus irregularidades. Bentham es "arcaizante" por la importancia que da a la mirada, es muy actual por la importancia que concede a las técnicas de poder en general.

M.P.: No existe un Estado global, existen micro-sociedades, microcosmos que se instauran. 

J.-P. B.: ¿Es preciso entonces, frente al despliegue del panóptico, poner en cuestión la sociedad industrial? ¿O conviene hacer responsable a la sociedad capitalista?

Foucault: ¿Sociedad industrial o sociedad capitalista? No sabría responder si no es diciendo que estas formas de poder se encuentran también en las sociedades socialistas: la transferencia ha sido inmediata. Pero, sobre este punto, preferiría que intervenga la historiadora.

M.P.: Es cierto que la acumulación de capital surge por una tecnología industrial y por la puesta en marcha de todo un aparato de poder. Pero no es menos cierto que un proceso semejante aparece de nuevo en la sociedad socialista soviética. El estalinismo, en cierto modo, corresponde también a un período de acumulación de capital y de instauración de un poder fuerte.

J.-P. B.: De nuevo encontramos, como de pasada, la noción de beneficio; en este sentido, la máquina inhumana de Bentham se muestra como algo muy valioso, al menos para algunos.

Foucault: ¡Evidentemente! Habría que tener el optimismo un poco ingenuo de los "dandys" del siglo XIX para imaginarse que la burguesía es tonta. Por el contrario, conviene tener en cuenta sus golpes de genio. Y, entre ellos justamente, está el hecho de que ha sido capaz de construir máquinas de poder que posibilitan circuitos de beneficios los cuales, a su vez, refuerzan y modifican los dispositivos de poder, y esto de forma dinámica y circular. El poder feudal, funcionando por deducciones y gasto, se minaba a sí mismo. El de la burguesía se mantiene no por la conservación sino mediante transformaciones sucesivas. De aquí se deriva que la posibilidad de su caída y de la Revolución forme parte de su historia prácticamente desde sus comienzos.

M.P.: Se puede señalar que Bentham concede una enorme importancia al trabajo, al que se refiere una y otra vez.

Foucault: Ello responde al hecho de que las técnicas de poder se han inventado para responder a las exigencias de la producción. Me refiero a la producción en un sentido amplio (puede tratarse de "producir" una destrucción, como en el caso del ejército).

J.P. B.: Cuando, dicho sea de paso, empleas el término "trabajo" en tus libros, raramente lo haces en relación al trabajo productivo.

Foucault: Porque se da el caso de que me he ocupado de gentes que estaban situadas fuera de los circuitos del trabajo productivo: los locos, los enfermos, los prisioneros, y actualmente los niños. El trabajo para ellos, tal como deben realizarlo, tiene un valor predominantemente disciplinario.

J.-P. B.: El trabajo como fowa de domesticación. ¿NO se da siempre?

Foucault: Por supuesto. Siempre se ha hablado de la triple función del trabajo: función productiva, función simbólica y función de domesticación o disciplinaria. La función productiva es sensiblemente igual a cero para las categorías de las que me ocupo, mientras que las funciones simbólica y disciplinaria son muy importantes. Pero, lo más frecuente, es que coexistan los tres componentes.

 M.P.: Bentham, en todo caso, me parece muy seguro de sí, muy confiado en el poder penetrante de la mirada. Se tiene incluso la sensación de que no calibra muy bien el grado de opacidad y de resistencia del material que ha de corregir, que ha de integrar en la sociedad –los famosos prisioneros –. Además, ¿no es el panóptico de Bentham, en cierto modo, la ilusión del poder?

Foucault: Es la ilusión de casi todos los reformadores del siglo XVIII que han concedido a la opinión un poder considerable. Puesto que la opinión necesariamente era buena por ser la conciencia inmediata del cuerpo social entero, los reformadores creyeron que las gentes se harían virtuosas por el hecho de ser observadas. La opinión era para ellos como la reactualización espontánea del contrato. Desconocían las condiciones reales de la opinión, los "media", una materialidad que está aprisionada en los mecanismos de la economía y del poder bajo la forma de la prensa, de la edición, y más tarde del cine y de la televisión.

MP.: Cuando dice que han desconocido los "media", quiere decir que no se han dado cuenta de que les haría falta utilizarlos.

 Foucault: Y que esos media estarían necesariamente dirigidos por intereses económico-políticos. No percibieron los componentes materiales y económicos de la opinión. Creyeron que la opinión sería justa por naturaleza, que se extendería por sí misma, y que sería una especie de vigilancia democrática. En el fondo, es el periodismo –innovación capital del siglo XIX –el  que ha puesto de manifiesto el carácter utópico de toda esta política de la mirada.

M.P.: En general los pensadores desconocen las dificultades que van a encontrar para hacer "fraguar" su sistema. Ignoran que siempre habrá escapatorias y que las resistencias jugarán su papel. En el terreno de las cárceles, los detenidos no han sido gente pasiva; es Bentham quien nos hace pensar lo contrario. El discurso penitenciario se despliega como si no existiese nadie frente a él, como si no existiese más que una "Tabula rasa"; gente que hay que reformar para arrojar luego al circuito de la producción. En realidad hay un material –los detenidos –que  resiste de un modo formidable. Lo mismo se podría decir del taylorismo, sistema que constituye una extraordinaria invención de un ingeniero que quiere luchar contra la gandulería, contra todo lo que hace más lento el ritmo de producción. Pero en última instancia, se puede uno preguntar: ¿ha funcionado realmente alguna vez el taylorismo?

Foucault: En efecto, otro de los elementos que sitúa también a Bentham en lo irreal es la resistencia efectiva de las gentes. Cosas que Vd., Michelle Perrot, ha estudiado. ¿Cómo se ha opuesto la gente en los talleres, en las ciudades, al sistema de vigilancia, de pesquisas continuas? ¿Tenían conciencia del carácter coactivo, de sometimiento insoportable de esta vigilancia? ¿O lo aceptaban como algo natural? En suma, ¿han existido insurrecciones contra la mirada?

 M.P.: Sí, han existido insurrecciones contra la mirada. La repugnancia de los trabajadores a habitar las ciudades obreras es un hecho patente. Las ciudades obreras, durante mucho tiempo, han sido un fracaso. Lo mismo sucede con la distribución del tiempo tan presente en el Panóptico. La fábrica y sus horarios han suscitado durante largo tiempo una resistencia pasiva que se traducía en el hecho de que, simplemente, no se iba. Es la prodigiosa historia del San Lunes en el siglo XIX, día que los obreros habían inventado para "tomar el aire" cada semana. Han existido múltiples formas de resistencia al sistema industrial obligando a los patronos a dar marcha atrás en el primer momento. Otro ejemplo: los sistemas de micro-poderes no se han instaurado de forma inmediata. Este tipo de vigilancia y de encuadramiento se ha desarrollado, en un primer tiempo, en los sectores mecanizados que contaban mayoritariamente con mujeres o niños, es decir, con personas habituadas a obedecer: la mujer a su marido, el niño a su familia. Pero en los sectores digamos viriles, como la metalurgia, se observa una situación muy distinta. La patronal no llega a implantar inmediatamente su sistema de vigilancia, y debe, durante la primera mitad del siglo XIX, delegar sus poderes. Establece un contrato con el equipo de obreros a través de su jefe que es generalmente el obrero más anciano o más cualificado. Se ejerce un verdadero contra-poder por parte de los obreros profesionales, contra-poder que comporta algunas veces dos facetas: una contra la patronal en defensa de la comunidad obrera, la otra, a veces, contra los mismos obreros ya que el jefecillo oprime a sus aprendices o a sus camaradas. En realidad, estas formas de contra-poder obrero existieron hasta el momento en que la patronal supo mecanizar las funciones que se le escapaban, pudiendo abolir así el poder del obrero profesional. Existen numerosos ejemplos: en el caso de los laminadores, el jefe de taller tuvo los medios para resistir al patrón hasta el momento en que entraron en escena máquinas casi automáticas. El vistazo del laminador –de nuevo aquí la mirada –que juzgaba si la materia estaba a punto será sustituido por el control térmico; basta la lectura de un termómetro.

Foucault: Sabido esto, hay que analizar el conjunto de las resistencias al panóptico en términos de táctica y de estrategia, pensando que cada ofensiva que se produce en un lado sirve de apoyo a una contra-ofensiva del otro. El análisis de los mecanismos de poder no tiene como finalidad mostrar que el poder es anónimo y a la vez victorioso siempre. Se trata, por el contrario, de señalar las posiciones y los modos de acción de cada uno, las posibilidades de resistencia y de contra-ataque de unos y otros.

J.-P. B.: Batallas, acciones, reacciones, ofensivas y contraofensivas, hablas como un estratega. Las resistencias al poder, ¿tendrían características esencialmente físicas? ¿Qué pasa con el contenido de las luchas y las aspiraciones que se manifiestan en ellas?

Foucault: En efecto, esa es una cuestión teórica v de método importante. Me sorprende una cosa: se utiliza mucho, en determinados discursos políticos, el vocabulario de las relaciones de fuerzas; el término "lucha" es uno de los que aparecen con más frecuencia. Ahora bien, me parece que se duda a la hora de sacar consecuencias, e incluso, a la de plantear el problema que subyace a este vocabulario. Quiero decir: ¿Hay que analizar estas "luchas" en tanto que peripecias de una guerra? ¿Hay que descifrarlas a partir de un código que sería el de la estrategia y de la táctica? ¿La relación de fuerzas en el orden de la política es una relación de guerra? Personalmente no me siento de momento preparado para responder sí o no de una forma definitiva. Pienso solamente que la pura y simple afirmación de una "lucha" no puede servir de explicación primera y última en los análisis de las relaciones de poder.
Este tema de la lucha no es operativo más que si se establece concretamente, y respecto a cada caso: quién está en la lucha, en qué lugar, con qué instrumentos y con qué racionalidad. En otros términos, si se toma en serio la afirmación de que la lucha está en el corazón de las relaciones de poder, hay que tener presente que la brava y vieja "lógica" de la contradicción no basta, ni con mucho, para desembrollar los procesos reales.

M.P.: Dicho de otro modo, y para volver al panóptico, Bentham no proyecta sólo una sociedad utópica, describe también una sociedad existente.

Foucault: Describe en la utopía un sistema general de mecanismos concretos que existen realmente.

M.P.: Y, para los prisioneros, ¿tiene sentido tomar la torre central?

Foucault: Sí, con la condición de que este no sea el sentido final de la operación. Los prisioneros haciendo funcionar el panóptico y asentándose en la torre, ¿cree Vd. que entonces sería mucho mejor que con los vigilantes?

*****
El panóptico en pdf
 Lamina 1: a: torre de inspección central / b: Principio de la escalera de la torre / c: espacio anular entre torre y edificio principal / d: divisiones o celdas para los presos / e: escalera del edificio / f: entrada al mismo / g: galería (ver otras laminas en el pdf)



Blogs de memento
individuo y sociedad        cine negro               +Más+ de memento





[1] Michel Foucault describe así El Panóptico y a Jeremías Bentham en su obra Vigilar y castigar