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23.6.15

Dmytryk's film noir: "Blacklisted-Antisemitism"


Claire Trevor en Murder, my sweet (Historia de Detective)


I-OBRAS
La parte más importante de la carrera de Edward Dmytryk se confunde con los eventos de la historia de la segunda mitad del siglo XX, particularmente  por lo que concierne a la época oscura y vergonzosa del macartismo. En este periodo relacionado principalmente con su cine negro, Dmytryk va a tener un papel poco glorioso que le sumerge en un guión que podría también considerarse de cine negro. Sin embargo, la década de 1940 había empezado muy bien y su carrera estaba tomando una nueva dimensión cuando firmó su contrato con los estudios de la RKO.

James Craig enfrentado a los nazis (Seven Miles from Alcatraz)

Seven Miles from Alcatraz es su primera entrega a esta productora en 1942, “unas travesuras nazis en un faro,… por lo menos, me encontraba en un nuevo territorio… ”, escribe Dmytryk. Cuenta en sus Memorias que el proyecto estaba programado con otro director y actores pero que el resultado probablemente habría sido el mismo teniendo en cuenta el material de origen, una historia corta, inédita de John D. Klorer llamada Sou’West Pass”.  
El administrador de la RKO en estas fechas, Koerner, abre de par en par las puertas de los estudios a Dmytryk después del éxito de Hitler’s Chlidren, en 1943. Con un presupuesto muy limitado, Dmytryk realiza un film sobre el nazismo desde un ángulo más original e innovador que el de las travesuras de la película anterior o de las características del culto al jefe y de la voluntad bélica del Reich. Hitler’s Children describe la voluntad del nazismo de crear una raza dominante desde el control de los cuerpos: adoctrinamiento de la juventud, creación de campos de trabajo, seguimiento de la procreación.    El resultado del interés del público por la obra de Dmytryk fue un golpe doble: dos películas que constituyen unas referencias para el cine negro. Murder, my sweet (Historia de Detective-1944) y Cornered (Venganza-1945). 

Dick Powell en Cornered (Venganza)

En la primera, Dick Powell es Philip Marlowe, el personaje creado por Raymond Chandler que inspirará a unos cuantos directores más, empezando por Hawks (The Big Sleep con Bogart): ver en este Blog el dossier Detectives. La segunda, interpretada también por Dick Powell, Corenred estrena un subgénero del cine negro sobre la caza a los nazis o colaboradores que tendrá un gran éxito comercial con obras de referencia en el género: The Stranger de Orson Welles en 1945, Notorious de Hitchcock (1946), Berlín Express de Tourneur (1947)… No olvidemos sin embargo, que estas películas tienen un antecedente con The Fallen Sparrow (Richard Wallace-1943) que trata de las secuelas de la guerra civil española que afectan a un ex voluntario de las Brigadas Internacionales (John Garfield en el papel): este se encuentra involucrado en un asunto manejado por “aristócratas” españoles franquistas y alemanes nazis.

Bajo la administración de Dore Schary, entre 1946 y 1948, la RKO produce una serie de films noirs que marcan el género: Crossfire, Berlin Express, Race Street, The window, They live by night,The velvet Touch…
Cuando se estrena Crossfire, los estadounidenses han podido ver dos años antes las primeras imágenes de la liberación de los campos de exterminio nazis en actualidades filmadas o en The stranger de Orson Welles. El libro de Richard Brooks, The Bricks foxhole, interesaba al productor Adrian Scott porque esta historia de militares que vuelven de la guerra – aquí contra Japón en Okinawa – con sus traumas y sus fobias permite recordar los horrores que se pueden cometer cuando los humanos  se encuentran invadidos por un odio visceral e irracional hacia el otro, el extraño.
El equipo Scott, Dmytryk y el guionista John Paxton, inspirado por Richard Brooks, van a enseñar al público un asunto de asesinato en el ejército de los Estados Unidos en 1947. Una historia en la que el criminal, un sargento, interpretado por Robert Ryan, mata por un único motivo: un antisemitismo patológico, una judeofobia, más aceptable a su paso por la censura que la homofobia que denuncia el libro.  La película, construida en torno a dos flashbacks, pone el acento sobre distintos puntos de vista acerca de la ignorancia, la intolerancia y el odio y se convierte así en una de las más taquilleras del año. 

Robert Ryan en Crossfire (Encrucijada de odios)

Crossfire representa una forma artística que corresponde a la visión que quiere imponer Dore Schary como administrador: comprometerse con el público más allá del simple entretenimiento. Sin embargo, no sólo  Crossfire cierra el ciclo de las obras del director para el género negro: también es su última película de este periodo hollywoodiano. Edward Dmytryk se exilia a Reino Unido en 1948. En el prologo al excelente “Cine Negro de la RKO” de Gustavo Pavés, podemos leer: La ironía de que Dmytryk fuera despedido por Dore Schary, un hombre liberal, jefe del Estudio en esos momentos y que le había prometido al director su protección, justo en el mismo año en que la obra maestra de Dmytryk, Encrucijada de odios (1947), un film acerca de la tolerancia, había sido nominada para el oscar a la mejor película, es un testimonio contundente de esta absurda y desgarradora época dentro de la evolución de Norteamérica y su cultura popular.
Pero ¿qué tiene de absurdo y desgarrador el espíritu del tiempo? Estos epítetos, expresados como un simple juicio expeditivo que evita poner el dedo en la llaga,  ¿son apropiados cuando se habla de la supuesta evolución de la cultura popular estadounidense?


II-ANTISEMITISMO





En la primera parte de este Dossier, nos hemos preguntado:¿qué tiene de absurdo y desgarrador el espíritu del tiempo? Estos epítetos, expresados como un simple juicio expeditivo que evita poner el dedo en la llaga,  ¿son apropiados cuando se habla de la supuesta evolución de la cultura popular estadounidense?
Si nos situamos en 1947 nace también la pregunta: ¿qué está pasando en los Estados Unidos para nominar a los oscares dos películas que denuncian el antisemitismo. La primera, en la sociedad burguesa con este extraña expresión del título, Gentlemen’s Agreement de Elia Kazan, este “Acuerdo entre Caballeros” que se traduce por el hecho de que alguien que tiene un apellido “raro”, judío, por ejemplo,  no tiene que insistir si se le niega la entrada en un hotel. La segunda, Crossfire de Edward Dmytryk, denuncia el racismo, más precisamente la judeofobia en el ejército: al sargento Monty no le gusta estos con un nombre “raro”… y este odio visceral puede conducir, una noche de borrachera, al crimen.
Las dos películas abren el debate sobre “la barrera invisible” en una sociedad, pero muy visible en algunos pilares del poder político, empresarial o mediático. Cuando Charlie Chaplin denuncia el fordismo en “Tiempos Modernos”, ataca también al señor Henry Ford. Cuando Orson Welles denuncia al Ciudadano Kane, se inspira en el magnate de la prensa William Hearst. Pero, ¿quiénes son y qué relación tienen Ford, Hearst, el industrial Rockwell y Walt Disney o Joseph Kennedy?
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Podemos encontrar unas respuestas en el museo del holocausto de Washington: nos ha provisto de una información no muy divulgada acerca del extendido antisemitismo existente allí, especialmente en la década anterior. Existió un manifiesto apoyo  por parte de de grupos de poder estadounidenses hacia el nazismo, mientras que en otros grupos, la simpatías hacia el régimen nazi fueron más ocultas y solapadas.
Algunos carteles de propaganda antisemita en 1939 afirman que comunismo es judaísmo y que  reaccionar contra el comunismo consiste en boicotear a los judíos.
Una de las razones utilizadas por el gobierno para mirar para otro lado con respecto a la situación de los judíos europeos era que el reconocimiento de la brutalidad del nazismo implementaba una política de aceptación de los refugiados. Tanto la población como los congresistas consideraban que una llegada masiva de refugiados representaba una amenaza para la propia subsistencia ante la escasez de trabajo, después de la crisis económica de 1929. La política inmigratoria fue definida entre 1941 y 44 por Breckinridge Long, alto funcionario del Departamento de Estado y amigo del presidente Roosvelt. En la sociedad, había un fuerte sentimiento aislacionista y una resistencia a participar en una guerra a la cual consideraban ajena. Pero había también un profundo antisemitismo en la población católica de origen irlandés, influido por las prédicas de  la iglesia, como los curas Fahey y Coughlin y también porque Irlanda se declaró simpatizante de la Alemania nazi como muestra de su rechazo a la dominación británica. El sentimiento antijudío se extendió unido a la posición de personalidades como Henry Ford, notorio antisemita que escribió la obra “El judío internacional”, y sobre todo Joseph Kennedy. Éste, embajador en Gran Bretaña, demostró su apoyo a Hitler y al régimen nazi.

Kennedy, que pertenecía a la minoría irlandesa católica, manifestaba un verdadero odio hacia el judío: en una visita a Hollywood, comentó a sus amigos que esperaba echar a patadas de allí a los judíos que dominaban los estudios y que de ese modo serían borrados del mapa. Manifestó también que “sólo se sentía feliz cuando al fin de cada día, le había ganado o estafado a un judío”. Impulsó a William Randolph Hearst a ayudar a Hitler a mejorar su imagen en los EEUU. Hearst solicitó y publicó en sus periódicos, columnas de Mussolini y de Hitler. Apoyaba al fascismo desde 1927 hasta mediados de los años treinta al mismo tiempo que prestaba su apoyo y ayuda a Roosvelt y al New Deal. Visitó Alemania en 1934, se entrevistó con Hitler y divulgó en Hollywood su asistencia a la reunión de Nuremberg de 1934. Libró una campaña para tratar de instalar la censura dentro de Hollywood para ciertas producciones, apoyado por algunos congresistas que consideraban que la inmoralidad que se podía ver en las películas era producida por los judíos que dominaban Hollywood.
Otro antisemita notorio era Walt Disney: ayudó a organizar a los cineastas independientes contra los judíos de la industria del cine y asistía a las reuniones del partido nazi americano con actores y músicos famosos.
El difundido odio a los judíos existente en los EEUU antes de la guerra había aumentado a niveles nunca vistos. Hubo discriminación y “númerus clausus” en colegios y universidades. Con la guerra y el alistamiento, los jóvenes descubrieron el antisemitismo existente en las fuerzas armadas norteamericanas. Mientras los graduados de universidades como Yale o Columbia entraban directamente como oficiales, los judíos con las mismas condiciones eran rechazados de los cuerpos de la marina o de los servicios de Inteligencia de las fuerzas aéreas.

El 19 de abril de 1943 se reunieron en las Bermudas representantes de EEUU y Gran Bretaña para tratar del problema de los refugiados sin propuesta significativa. En enero de 1944, Roosvelt establece la Junta para refugiados de guerra en el departamento del Tesoro para rescatar en Fort Ontario en Nueva York a los refugiados de áreas NO ocupadas  por los nazis, zonas liberadas con selección de personas relacionadas con la ciencia y la cultura y no inmigrantes comunes.
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Con estas informaciones hechas públicas, se podría hablar de una época desgarradora si nos satisfacemos con una reacción visceral –lo que sería tener una actitud contradictoria con la voluntad de una reflexión más profunda. Pero de ninguna manera se trata de una situación absurda como lo leemos en el prologo al libro de Pavés. La voluntad de unos progresistas de los estudios de Hollywood de abrir el necesario debate sobre las tendencias xenófobas y el antisemitismo por una parte de la sociedad estadounidense conduce a las nominaciones a los oscares de las películas de Dmytryk y Kazan en 1947.  Lo que no impide la  Comisión contra las actividades antiamericanas incluir Dmytryk y el productor de Crossfire, Adrian Scott a la lista negra llamada “Los diez de Hollywood”.  


III-BLACKLISTED


"Los diez de Hollywood"

HUAC: Comisión sobre las actividades antiamericanas 
La Comisión se sitúa en la continuidad de la ideología y la acción de los grupos de poder,  cercanos o afiliados al partido nazi americano desde la década anterior, que han tenido al comunista como principal enemigo bajo la paranoia de la apariencia del judío (o al inversa), como lo vimos en la página anterior: II-antisemitismo.  El nombre de la Comisión es House of Un-American Activities Committee (HUAC): la palabra House pone en evidencia al enemigo interior considerado como extraño.
Las investigaciones por la HUAC de unos cuantos profesionales de la industria cinematográfica, promovidas por el senador MacCarthy,  puede considerarse como la continuación de la acción del senador Jack Tenney con el CJFUAC Californian Joint Fact-finding Committee on Un-American Activities  del final de la década de 1930.

Con respecto al supuesto anticomunismo, conviene hacer notar sin embargo que la industria cinematográfica supo ponerse al servicio de los intereses del gobierno federal. Cuando en 1943, las miradas se vuelven por fin hacia la contención del nazismo y el fascismo europeo, se necesita debilitar la tendencia aislacionista y fortalecer la alianza con la Unión Soviética y los estudios  Warner satisfacen la demanda de la administración Roosevelt con  Mission to Moscow, película pro-Stalin. Warner consideró esta producción como un acto patriótico al servicio del New Deal en la guerra contra el fascismo.
Acabada la guerra, la vuelta al anticomunismo visceral se acompaña de la necesaria limpieza de los focos izquierdistas que habían manifestado con tanto vigor su rechazo al fascismo. La HUAC va actuar con respecto al foco hollywoodiano en dos tiempos: 1947 y 1951.

“Los Diez de Hollywood”: Dmytryk “”
En un primer tiempo, el porcentaje de los guionistas convocados para declarar sobre su simpatía o pertenencia o no al comunismo es el más elevado: más de 60%. Se constituye una lista negra (Black List) con los nombres de los que se niegan a declarar, a pesar de la posición en contra del presidente de la influyente  Motion Picture Association of America, Eric Jonston. Los que figuran en la lista negra no podrán trabajar en la industria cinematográfica, sus nombres tendrán que ser borrados de los títulos de crédito. La resistencia de los que forman los “Diez de Hollywood” (The Hollywood Ten) provoca una inestabilidad en el ambiente laboral de los estudios. Los productores se comprometen a no emplear a  comunistas u otros subversivos  en los estudios de Hollywood. En 1948 empieza el juicio de los de la lista negra. En abril de 1950, el recurso de los “Diez” se ve rechazado por la Corte Suprema. En 1951 son condenados a un año de cárcel. 
Se puede consultar la lista de los “Diez de Hollywood” que recordamos a continuación, en el enlace siguiente: http://www.lib.berkeley.edu/MRC/blacklist.html
-Alvah Bessie, periodista, novelista y guionista, ganador de un oscar por Objective Burma en 1945, voluntario en las Brigadas Internacionales, resume su experiencia en la guerra civil española en Men in the Battle en 1938.
 –Herbert Biberman, realizador, guionista y productor, denunciado, así como su mujer, por Dmytryk. En 1954 Biberman realiza Salt of the Earth sobre la condiciones laborales de los mineros en Nuevo Méjico.
-Lester Cole, guionista, uno de los primeros condenados por HUAC escribió el guión de Viva Zapata (Elia Kazan) que tuvo que acabar John Steinbeck.
-Ring Lardner Jr: guionista, ganador de un oscar en 1942 por Woman of the Year. Su mejor guión: M.A.S.H en 1970.
-John Howard Lawson guionista y escritor de obras de teatro
-Albert Maltz escritor de novelas cortas y obras de teatro con dos oscares para sus guiones de documentales Moscow Strikes Back (1942) y The House I Live In (1945). Para el cine negro: This Gun for Hire (1942), Cloak and Dagger (1946), The naked City (1948).
-Samuel Omitz guionista y escritor
-Adrian Scott guionista y productor (Cornered y Crossfire de Edward Dmytryk para RKO). Después del año de cárcel no volvió al cine.
-Dalton Trumbo el famoso guionista de Gun Crazy de Joseph Lewis, He ran all the way de John Berry, Exodus de Preminger o Spartacus de Kubrick. Huye a México donde sigue mandando a Hollywood guiones con otros nombres.
-Edward Dmytryk. La obra de Dmytryk entre 1942 y 1947 es bastante comprometida con la lucha antifascista. Además es miembro del partido comunista entre 1944 y 45. Así que, en 1948, Dmytryk decide exiliarse al Reino Unido donde rueda dos películas antes de volver a los Estados Unidos en 1950.
Su actuación parece confusa.
En 1950, un documental de un cuarto de hora, The Hollywood Ten realizado por John Berry, sale en las salas de cine y permite al público enterarse de los argumentos de defensa de cada uno de los diez de la lista negra que se habían negado a expresarlos delante de la HUAC. Excelente testimonio de una época, el documental es un verdadero llamamiento a la consciencia ciudadana del espectador. Parece ser que el mismo Edward Dmytryk tuvo la idea del documental. Sin embargo, éste acepta la sentencia de la Comisión y, después de unos cinco meses de encarcelamiento en vez de los doce decididos por el tribunal,   es liberado. Lo consigue a cambio de denunciar unos cuantos colegas suyos, entre ellos John Berry y Jules Dassin que huyen a Europa.
En 1949, se sabía que la orden de arresto había sido mandada por la HUAC para algunos profesionales comprometidos o denunciados. Cuenta el productor Norman Lloyd que Zanuck (productor de la 20 th Centuy Fox) visitó a Jules Dassin para que se marchase a Reino Unido: le había confiado el proyecto de Night in the City. Le aconsejó rodar las secuencias más caras en los estudios de Londres para que no puedan echarlo (bajo la presión de los Estados Unidos probablemente) según el propio Dassin. Otro director, Joseph Losey,  se siente aludido indirectamente y prefiere también instalarse en Europa. Notamos también que Raoul Walsh se encontró en una situación comprometida que le obligó a dejar a Bretaigne Windust firmar en su nombre The enforcer (Sin consciencia-1951).

Extensión de la Lista Negra
La segunda etapa del proceso llevado a cabo por la HUAC tiene lugar en 1951. Los profesionales del cine tenían que aparecer como testigos en un espectáculo de exorcismo ideológico. Se sabía ya con antelación quien iba a testificar de su buena fe y su rechazo al comunismo, los que estaban dispuestos a denunciar a otros, los que se negaron a hacerlo…
Las consecuencias fueron dramáticas para algunos de los que tuvieron que pasar delante de la comisión, para los que perdieron sus empleos, no sólo para los “Diez”… Señalamos en este Blog el caso de John Garfield (Ver He ran all the way de John Berry) pero también se ha relacionado la muerte de J,Edward Bromberg y Canada Lee con el asunto. Para la película de Berry citada, recordamos que Dalton Trumbo escribió el guión desde México donde se había refugiado cuando tenía que ingresar la cárcel federal de Ashland y lo firmaron Guy Endore y Hugo Butler. Después de recibir el oscar por The Btave One en 1956 con el seudónimo de Robert Rich, hay que esperar que Otto Preminger rompa el tabú de la famosa Black List y imponga el nombre de Dalton Trumbo en los títulos de crédito de Exodus en 1960.

Habrá que esperar 1954 para que el senador MacCarthy sea destituido y 1960 para que todas las listas sean suprimidas. A fin de cuentas, la industria cinematográfica, con la complicidad de unos productores, administradores de estudios, sindicatos de actores (pensamos en Ronald Reagan), medios de comunicación han podido impedir a unos actores, realizadores, actores, técnicos… trabajar, han expulsado a algunos, empujados a otros marcharse del país y sufrir el boicot de sus obras.
Jules Dassin denunció más tarde el terrible coste que tuvo el asunto en cuanto a las rupturas de relaciones entre profesionales del cine. Dalton Trumbo tuvo unas palabras generosas con respecto a este vergonzoso episodio de los Estados Unidos: “Fuimos todos unas víctimas”.


Volviendo a Edward Dmytryk, consiguió que HUAC borrase su nombre de la lista después de volver a declarar… como amigable testigo (Elia Kazan o Clifford Odets hicieron lo mismo, delatando algunos profesionales del cine).
Así que Dmytryk puede volver a rodar en Hollywood, cerrando su ciclo negro con su propia historia: el tema de la culpabilidad va dominar su obra posterior con algunos personajes presos de sus neurosis, el director intenta liberarse de sus propios demonios.

Ver en este Blog:
He ran all the way (Yo ame a un asesino-1951-John Berry)


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18.4.13

"He ran all the way" de John Berry


Dossier CINE NEGRO Parte III: En el corazón del cine negro

Yo ame a un asesino (1951)

Director: John Berry acaba de estrenar Tensión-1949, película negra con Richard Basehart y Audrey Totter.
Guión: Dalton Trumbo y Hugo Butler / Guy Encore a partir de una novela de Sam Ross.
Música: Franz Waxman Ha acompañado a John Garfield en numerosas películas pero es,  ante todo, el director musical de Sunset Boulevard (El crepúsculo de los dioses-Billy Wilder-1950) y también Dark City (William Dieterle-1950) después de los Hitchcock: Rebecca, Sospechas, y antes de La ventana indiscreta.
Fotografía: James Wong Howe También ha coincidido con John Garfield en sus pelícuals más importantes y ha  regalado su talento al cine negro: Hangman aslo die (Los verdugos también mueren-Fritz Lang-1943), Confidencial Agent (Herman Shumlin-1945 con Charles Boyer, Lauren Bacall y Peter Lorre), Pursued (Raoul Walsh-1947 con Robert Mitchum), Body and Soul (Cuerpo y alma-Robert Rossen-1947 con John Garfield) y, más tarde, Sweet Smell of Success (Chantaje en Broadway-Alexander Mackendrick-1957 con Burt Lancaster).





La desgracia

John Garfield en el papel de Nick Robey
En una entrevista con Patrick McGilligan, John Berry declara que cuando se rodó la película, « el equipo tenía el sentimiento de que iban a salir de esta[hablando de “la caza de brujas”]; en realidad no sabían lo que iba a pasar… He ran  all the way es una película sobre la desgracia. No es casual. así quería rodar esta historia».
La desgracia: es la historia de Nick quien, como en La llave de cristal de Dashiell Hammett, rompe la llave cuando la entra en la cerradura; no sabe lo que le puede pasar pero de lo que está seguro es de que no hay marcha atrás posible. Está en manos del destino, la lucha es vana y la esperanza una ilusión. 
Nick Robey, un fracasado miedoso e influenciable, vive con su madre, alcohólica y probablemente antigua prostituta,  en un barrio popular. Cuando se dirige  hacia su trabajo el dueño de una empresa,  con un paquete voluminoso lleno  de billetes de dólares de los grandes, basta con tumbarlo y llevarse el paquete, le dice su compinche Al Molin.
Claro, las cosas no son tan simples: aparece el poli, nace el pánico, Molin cae,  mal herido, Nick dispara al poli y corre a refugiarse en la piscina pública con 10 000 dólares en el bolsillo. Ahí, conoce a Peggy Dobb / Shelley Winters,  una chica que, piensa  Nick, puede ser una buena tapadera. Decide  reconducirla a su casa. Peggy, enamorada, le invita. La familia Dobbs, papa Dobbs / Wallace Ford, mama Dobbs / Selena Roye y el hermanito / Bobby Hyat,  le ofrecen la hospitalidad con una cierta reticencia. 
 Nick piensa haber encontrado el nido familiar que echa en falta, haber ganado el afecto de Peggy y la seguridad de un hogar. Pero el pánico no se va así: cuando se entera que Al no ha muerto y que lo han detenido, Nick está convencido de que lo va a denunciar, decide tomar a la familia Dobbs como rehenes. Empieza la tragedia claustrofóbica entre Nick,  que no para de improvisar sobre la marcha,  y la familia Dobbs cuyos miembros actúan cada uno en función de sus pulsiones y sus sentimientos. Las improvisaciones de Nick empeoran las cosas. Esta claro que este mal criado de los barrios pobres, que sueña con la única supervivencia y no con la gloria, no tiene la suerte de su lado. Su ligue con Peggy continúa y toma un rumbo más ambiguo, aumenta la confusión de sentimientos de Nick,  que oscilla entre el deseo físico y sus intereses de seguridad. Pero también Peggy –que no es la tontita ingenua que parece –se  encuentra en una encrucijada entre Nick,  a quien quiere ayudar,  y su padre, dispuesto a todo para impedir que  su hija se marche con este criminal. Todo eso tiene que acabar muy mal…

Una de las mejores secuencias: la bajada hasta la muerte
He ran all the way  se beneficia de la dirección de John Berry que, con unos planos que acentúan la claustrofobia en la casa Dobbs y un montaje nervioso –en particular en la secuencia del atraco –nos  ofrece un modelo dentro del género negro. Una cámara móvil y fluida, unos cambios de escala y un uso de la profundidad de campo denotan el trabajo de reflexión sobre la narración por la imagen y permite acomodarnos con la atmosfera teatral que reina en la casa de la familia Dobbs.  Berry sabe aprovechar la tensión entre los actores John Garfield y Shelley Winters durante el rodaje y traducirla en unos momentos sugestivos con un fuerte contenido físico y psicológico. 
Pensamos en  particular en la secuencia en la piscina que permite apreciar el trabajo de iluminación del agua de la piscina por el director de fotografía James Wong Howe. La iluminación de los últimos planos, faroles y focos, cierran con una fuerza trágica la crueldad de la escena: la lenta muerte de John Garfield bajo la mirada de los demás protagonistas.
La familia rehén



La toma de rehenes, un tema que las grandes y las pequeñas pantallas van a tratar hasta la saciedad, no es todavía muy habitual en el cine negro. Hay que esperar a Suddenly (De repente-Lewis Allen-1954) y sobre todo  Desperate Hours (Horas desesperadas-William Wyler-1955) que tratamos a continuación. Estas películas constituyen el ejemplo más evidente de lo que va pasar –y sigue pasando –en el cine y en tantas series de TV. Los delincuentes son unos gánsteres psicópatas. La familia rehén corresponde a la clásica burguesía asentada que, frente al peligro, sabrá resistir y mantener su maravilloso equilibro de buenos americanos. El padre demuestra ser un héroe, un hijito pasmado delante de tanta valentía, promesa de una siguiente generación todavía más firme y equilibrada frente al desorden posible, la madre,  perfecta ama de casa,  prepara el café para todos, la hija  es bastante bonita como para perturbar la libido de estos peligrosos individuos.  Lo que hace de  He ran all the way  un caso particular, opuesto a estas películas que llegan poco más tarde,  es que  el delincuente solitario y patético de barrio marginal, no tiene otro sueño que la supervivencia. La familia Dobbs,  modesta y religiosa –el padre Dobbs habla de la alegría del labor y de la tranquilidad –enfrentada con una situación imprevista,   descubre que su sueño de armonía puede esfumarse y vivir un daño irreversible.


Cada miembro de la familia va llevar su propia estrategia para acabar con la amenaza que Nick encarna, sin saber lo que es correcto y lo que no lo es. El puritanismo de sus fundamentos de una vida social integrada perfectamente –trabajo, familia, creencia religiosa –se tambalea y nada será nunca como antes.   La comparación con  Desperate Hours salta a la vista:  con un Humphrey Bogart en su peor momento como el malo de la peli y un Frederic March inaguantable en el papel del padre responsable y ejemplar que sabe proteger a su querida familia y mantener los valores de una sociedad puritana: el escritor de la novela  Sam Ross, había denunciado a Joseph Hayes, cuya novela inspira el guión de Desperate Hours, sin conseguir llevarlo a los tribunales. Esta notable diferencia entre las dos obras sitúa la película de John Barry en una  línea, todavía marginal –pero que se volverá culta –desarrollada  por unos cuantos directores y productores  en este principio de la década de los 50. El cine negro cambia sensiblemente de registro: nos alejamos de los detectives y femmes fatales –cuando las hay –de héroes justicieros luchando en contra de la corrupción  de notables u otros tiburones. Están Nicholas Ray con They live by night (Los amantes de la noche), Joseph Losey con The prowler (El merodeador) y un año antes, Ted Tezlaff con The window (La ventana)… Nos invitan a entrar en el templo de  la RKO  con unos protagonistas solitarios, patéticos, en busca de afecto, seguridad y el sueño borroso de un bienestar muy relativo. Pensamos también en los personajes de John Huston en The asphalt jungle (La jungla del asfalto).

La fuerza del guión




Reside ante todo en la descripción de las relaciones humanas y afectivas. Las que tiene Peggy con su familia de la cual quiere independizarse – a  pesar del lazo fuerte, principalmente con el padre – y  con Nick, el primer hombre que le manifiesta un interés. Las que tiene Nick con una sociedad que lo quiere eliminar: vive con una madre que le odia, le pega, la familia Dobbs demuestra su rechazo muy pronto, incluso el hermanito que le quiere pegar. “Nadie quiere a Nadie” dice Nick… exceptuando a Peggy, hasta que ella misma se vuelva el instrumento de su castigo. Los defectos y los límites de cada uno están puestos en evidencia en una magnifica puesta en escena de la condición humana. Los héroes que tanto espera el pequeño Dobbs no existen: Nick no es nada más que un perro rabioso agotado como dice el padre. Sin embargo, es Nick quien despierta  la empatía del espectador que, como la familia Dobbs,  está enfrentado a la crueldad de la realidad y a la miseria que anida en las sociedades “avanzadas”.

Nunca, en el cine negro de esta época, un equipo – director, guionistas, actores principales –llegó a mostrar  este interés para situar al protagonista de una manera tan asfixiante en su medio social, exceptuando Nicholas Ray con Los amantes de la noche.  Nick,  y tampoco Peggy,  pertenecen a los prototipos del género: él actúa desde la desesperación, ella  demuestra una torpeza y una timidez que la sitúan –no sólo en esta película –en   margen de las mujeres del cine negro como Barbara Stanwick o Lauren Bacall. Peggy trabaja en una fabrica de pasteles industriales, se viste y se peina muy mal…, no sabe como actuar después de este encuentro con Nick que la des estabiliza emocionalmente y racionalmente en sus relaciones familiares.

La toma de la familia Dobbs como rehén es, para Nick, la consecuencia del funcionamiento de una máquina implacable: quebranta el individuo, le conduce a forzar a los demás a asegurar su supervivencia.  Aunque las clases populares compartan las mismas dificultades y sufren la dominación por parte de las élites de un sistema injusto, no consiguen federarse ni sentir la necesaria solidaridad por encima de los dogmas religiosos o de la moral hipócrita de turno. En esta encerrona que provoca Nick, él sólo está secuestrado: todos los miembros de la familia siguen con su cotidianidad en el barrio. El jefe de familia se niega –y pide lo mismo a su familia –a probar la comida que Nick encarga con el dinero robado. Amargo, resentido por los prejuicios, las acusaciones de los demás que le devuelven a su soledad, Nick se separa del grupo con la botella de vino: “¡Qué raro! Todo lo que os he pedido es un escondrijo para uno días y nada más… Algo que hubieseis dado hasta a un gato callejero”. 

Un panfleto sobre el macartismo

El guión de Trumbo y Butler aparece así como una metáfora de la situación que ellos mismos están viviendo: la dominación política en su fase más perturbadora, escandalosa para la sociedad estadounidense: el macartismo que les lleva a huir a Méjico. Son pocos los miembros del equipo de la película –Shelly  Winter y James Wong Howe y algunos otros –que no han tenido problemas con la comisión de las Actividades Antiamericanas  (HUAC) instalada por el senador Mac Carthy.
El lazo entre la reflexión que hace  la película  sobre el tema de lo ineluctable y la dimensión trágica de la realidad que vive el equipo en estas fechas es muy llamativo. No se puede hacer abstracción de todos estos eventos que suceden en los meses consecutivos al estreno de He ran all the way en Junio de 1951.
La personalidad del escritor Sam Ross, inmigrante judío ucranio  de ideas izquierdistas, el realismo social de su novela son elementos que atraen a a John Garfield y al productor Bob Roberts que adquieren los derechos en mayo de 1950. Garfield entra en la producción y contrata a John Berry, interesado por su dirección de la película negra Tensión.

La producción fue elaborada en un contexto difícil. Se puede leer una interesante información sobre el proyecto en el libro de Patrick McGrath “John Garfield” p.143. El guionista Dalton Trumbo contratado por los productores redacta el guión a partir de la novela de Ross en el momento en que ingresa en la cárcel de Ashland, para refugiarse después en Méjico. Recordamos en el Dossier Preminger la influencia de este director para reintroducir a Trumbo con su verdadero nombre confiándole el guión de Exodus. Hugo Butler –y en parte Guy Endore –retoman el guión después de un intento fallido por parte de John Barry que reconoce no acertar en sus transformaciones del guión de Trumbo. Butler y su familia se reúnen más tarde con Trumbo en un largo exilio en  Méjico.
Tantos nombres bajo sospechas en la preparación de la película  se tornan en contra de John Garfield que acaba de rodar We were strangers (John Huston-1949) considerado por la Comisión como un panfleto comunista. Red Channels, especializada en la caza anticomunista lo entra en su lista cuando Garfield firma una petición en apoyo a los “Diez de Hollywood”, lista de los condenados que incluye a Trumbo. Para Garfield, con problemas cardiovasculares, el golpe le conduce a invertir todas sus fuerzas en lo que considera ser su última película.
John Barry deja la firma de la película a su asistente Emmett Emerson en el estreno de la película. Esta es su última película en los EEUU antes de huir a Francia. Selena Royle llega  a  rodar tres películas más, dos de ellas pertenecen al género negro: Come fill the cup (Gordon Douglas-1951), Murder is my Beat (Edgar G.Ulmer-1955). El co-productor Bob Roberts ha huido hace tiempo a Gran Bretaña.



John Garfield pasa delante de la Comisión de las Actividades Antiamericanas en Abril de 1951 mientras otros cineastas que le son tan familiares como Edward Dmytryk o Elia Kazan delatan a sus compañeros para liberarse –John Berry fue delatado por Dmytryk. Los estudios de Hollywood lo transforman en paria, no le ofrecen ningún contrato mientras publican unos anuncios para encontrar actores “en el estilo de John Garfield”. El actor nos ofrece el último plano de su magnifica carrera con este final de la película, destrozado por los ataques continuos de algunos siniestros individuos  de su gremio y de medios de comunicación y de otros menos siniestros pero que se comportaron como el padre Dobbs.



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14.11.12

Joseph H. Lewis


Esta página pertenece al Dossier CINE NEGRO-Joseph H. Lewis


Con más de cuarenta películas en veinte años, Lewis ha demostrado su capacidad creativa y una originalidad dentro de este tipo de producción con bajo presupuesto que fue bautizado serie B. Ofrecía unas películas para sesiones dobles en las salas de cine de barrio para el disfrute de unos espectadores que todavía no valoraban al autor sino al divertimiento del momento. Sin embargo, era un tipo de películas que, a menudo, dejaba una huella en la memoria, no tanto por el tema como por un tipo de imagen y un ritmo –un montaje– que más adelante tendrá una influencia esencial en el cine europeo, el cual tendrá a continuación una repercusión en el cine estadounidense.  El crítico Andrew Sarris sitúa a Lewis al lado de Stanley Donen, Don Siegel, Frank Tashlin y Budd boetticher en un capítulo de su libro "The american cinema" que titula "Expressive Esoterica": son unos directores que, para Sarris, tienen un estilo difícil o muy particular como para catalogarlos  con una definición clara . sin embargo, sus obras, a pesar de unos rasgos irritantes, son elegantes y tienen unas cualidades que merecen gran consideración a pesar de haber sido infravalorados, no reconocidos en su época.
Rodaje de The undercover man 1949:
Lewis está sentado con boina blanca
La adaptación cinematográfica de varios géneros –espionaje, bélico, western, policiaca… –que no crean en la obra de Lewis una visión universal y lo bastante personal,  hace difícil situar esta obra en la  "política a de autores".  Sin embargo, un debate  sobre esta calidad de "autor" parece estéril  en el caso de Lewis que ha firmado dos películas "cultas", obras maestras del CINE NEGRO para muchos cinéfilos,  que tratamos en este Dossier: The Big Combo y Gun Crazy.  Un rodaje en dos o tres semanas, unos actores que, aunque conocidos, no eran de los más cotizados, una distribución en salas sin publicidad: todas estas limitaciones parecen haber actuado como un catalizador sobre Joseph H. Lewis que va sacar una gran creatividad en el tratamiento del cine negro desde el final de la Guerra Mundial con My Name Is Julia Ross (1945), So Dark the Night (1946) 1947: The Swordsman(1947), Gun Crazy (Deadly as the Female-1949), A Lady without Passport. (1950), Desperate Search(1952),  Cry of the Hunted(1953),  The Big Combo(1954).

A pesar de haber firmado un contrato de siete años con la Columbia, la abandona después de cuatro años y rueda Gun Crazy en 1949 con la King Bros de los hermanos King, unos mafiosos de las máquinas tragaperras  reconvertidos en arte cinematográfico con películas de gángsteres como Dillinger (Max NOsseck-1945) o The Gangster (gordon Wiles-1947). Invierten en la película con la intención de salir de la serie B y pasar a la A con un rodaje en 30 días.

La distribución falla totalmente y la película sale en Enero de 1950, distribuida al final por United Artists en pocas salas, con el título de Deadly is the Female. Es un fracaso. El reintento en Agosto del mismo año con el título de Gun Crazy es un nuevo fracaso. La película entra en la lista de obras maestras malditas y pasa a la de películas cultas con la nueva ola francesa.
El Dossier CINE NEGRO pone en evidencia la compensación que ofrece la serie B con su falta de medios y sus bajos presupuestos: una estimulación del deseo de experimentación por parte de los equipos de rodaje, empezando por los directores.  Joseph H. Lewis es uno de los directores que libera más sus facultades inventivas.  Es capaz de utilizar las estructuras formales minimalistas para sugerir la atmósfera deseada como lo señalamos en la secuencia final de The Big Combo. No tiene reparo en reutilizar el decorado que funciona y que no cuesta casi nada, como, por ejemplo, la entrada del despacho del detective… 

 … en Gun Crazy 
  …y en The Big Combo.
Pasa de los flashbacks  al  plano secuencia,  del primerísimo plano,… 
 Russ tamblyn  en Gun Crazy:
lorecordamos en  West Side Story (Robert Wise-1961) …
al panorámico,…
Gun Crazy
 ….   opone la forma nítida a la borrosa,
los claroscuros a la luz la más cruda.

Enlaces en la web:
wikipedia
Libro sobre su obra: Wayne State University Press



En Gun Crazy, Lewis controla todos los aspectos que permiten liberar la creatividad. Retoma el guión preliminar del autor de la novela, MacKinlay Kantor, y la redacción voluminosa que saca el guionista Millard Kaufman. Ese es en realidad Dalton Trumbo que ha sido juzgado en 1947 y condenado a once meses de cárcel  por la comisión de actividades antiamericanas y que pertenece a la lista negra de Hollywood. Trumbo  envia el guión desde México donde se ha exiliado y donde prepara, animado por Luis Buñuel, su proyecto fílmico a partir de  su novela Johnny cogió su fusil.  

Lewis reduce el guión de Gun Crazy, lo sintetiza para dar una sensación de velocidad, de ritmo acelerado que potencia la temática de los dos jóvenes lanzados en su loca aventura pasional. Utiliza una estética más compleja pasando de los interiores en estudio a exteriores con gran movimiento de calles con un estilo neorrealista, del expresionismo de la primera secuencia a la abstracción radical de la última secuencia de inspiración asiática con unas magnificas fotografías de la muerte de los amantes en  los cañaverales en la niebla.  

 A la voluntad de eficacia manifestada por Lewis en estas dos obras suyas, las más importantes en cuanto a CINE NEGRO, se añade su deseo de experimentar en la forma y en el ritmo  con Gun Crazy. El largo plan secuencia del robo en Hampton que sitúa al espectador en el asiento de atrás del coche de la pareja de atracadores hace de Gun Crazy un modelo de ingenio.   La  película condensa unas técnicas de escenografía, narrativa y montaje que Lewis va desarrollar a lo largo de su carrera. Lo que hace de esta obra tan poco reconocida en su estreno como revelada unos años más tarde por la política de autores de la Nouvelle Vague francesa, una obra aparte en las series B y en el cine negro.
Gun Crazy continúa…

En The Big Combo, Lewis se conforma con las reglas de las series B de presupuestos limitados. Elige una estética unívoca con  la utilización de planos secuencias y con la profundidad de campo, unos contrastes luminosos que eliminan el decorado y potencian las caras y los cuerpos en unos espacios indefinidos… 
… y nos ofrece una de las escenas de interrogatorio (o más bien de tortura del policía por el mafioso) más impactante del cine negro.

 The Big Combo  continúa…