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22.9.14

"His kind of woman"-John Farrow



Fronteras del crimen (Las) 1951

Director: John  Farrow   

Guión:  Frank Fenton-Jack leonard / Gerald Drayson Adams (relato: Star Sapphie)  

Música: Leigh Harline  

Fotografía:  Harry J.Wild  

Montaje:  Frederic Knudtson-Eda Warren  

Director artístico:  A.D'Agostino  

Productor:  Howard Hugues-Robert Sparks RKO

Actores:  



Jane Russell (Lenore Brent) y  Robert Mitchum (Dan Milner)



 
Mitchum con Charles McGraw (Thompson y Narrador) y John Mylong (Martin Krafft)

 
Mitchum con Raymond Burr (Nick Ferraro)




Leonor Brent nos ha avisado: ¿qué te ha parecido la película?,  le pregunta el actor Mark Cardigan. Bien, pero es demasiado larga, ¡una hora y media! Así que con sus dos horas, His kind of woman le parecería eterna.
Howard Hugues ha comprado la RKO, poca cosa al lado de sus grandes empresas, en particular en la aviación, pero eso le permite dar trabajo (o sea: la fama hollywoodiana y la cosecha de más beneficios)  a algunas de sus amantes (¿?) que tenían más recursos físicos que talento artístico. Aquí, como acababa de pasar con la joven desafortunada Faith Domergue en Where danger lives rodado el año anterior, quiere más y más de Jane Russell y, de paso,  hacer de Mitchum una muñeca de trapos. “un lobo solitario, sin familia, que toda su vida ha sido discreto” dirá el enviado del FBI. Hugues por supuesto lo consigue.. Pero necesitará de la ayuda del actor: Mitchum, prudente, acepta todas las torturas y las humillaciones con la impasibilidad que le caracteriza. ¡No se puede jugar con un contrato en la RKO! El problema lo tiene el director, John Farrow: aunque no tiene a Nicholas Musaraca a su lado, la fotografía del gran profesional Harry Wild, un guión clásico pero correcto que el mismo guionista ha supervisado le permiten sacar adelante una obra que gusta al jefe… pero él no puede reprimir su manía de director frustrado (ha hecho dos películas: Outlaw con la citada Jane Russell y Hell's Angels y decide entrometerse.

Vincent Price (Mark Cardigan) decide ayudar a Mitchum


 Hugues encuentra demasiado corta la secuencia final –que  pone a Mitchum en el aprieto ya citado – y convoca a su reciente adquisición, Richard Fleisher, en vez de tratar con Farrow. Tenemos aquí el primer síntoma: retomar la obra de otro, introducir nuevos elementos o probar con otro director. Lo hará también con Macao (de von Sternberg a Nicholas Ray), con The racket (Cromwell, Mel Ferrer). ¿Fleischer? ¿Por qué no? Ese acaba de realizar Narrow Margin,  que le abre de par en par la puerta del género. Acostumbrado a trabajar con pocos medios, Fleischer es el realizador ideal para retocar este final y acepta lanzarse a la operación. Nadie en el equipo ha contado con las excentricidades del gran jefe, sus contradicciones, sus brotes de maniaco-depresivo. Martin Scorcese era todavía muy pequeño para avisarlos. Howard Hugues encuentra que el papel de Nick Ferraro, confiado a Robert Wilke, no está interpretado de manera lo bastante violenta: porque lo que le gusta al jefe es más sexo-glamour y más violencia en el género.  Se convoca a Raymond Burr: no hay por qué quejarse cuando lo sumamos a Charles McGraw, Tim Holt, Vincent Price, el fiel Philip Van Zandt (que Farrow ha dirigido tantas veces) y por supuesto Mitchum. Eso promete un buen  cine negro. Sin embargo, Hugues se vuelve cada día más imprevisible y confuso en sus intervenciones: volver a rodar unas escenas sin que estos cambios aporten algo más a la veracidad de la acción o a la calidad de la ambientación. Sin olvidar a la señorita Jane Russell que tiene que cantar de vez en cuando e intentar enfocar mucho más la cámara sobre sus escotes o su bañador. La actriz rueda también para el cine negro: The Las Vegas Story (Robert Stevenson-1952), Macao (Joseph von Sternberg-Nicholas Ray-1952). Ver Filmografías de algunos de los actores en el Blog.


Sin embargo, todo había empezado como un buen cine negro: se habla de un hombre que tiene que medir 1,85 m, pesar 1,80 kg y tener 35 años: nada más y nada menos. Nick Ferraro desde Nápoles, su ciudad natal donde ha vuelto desde que  las autoridades EEUU le habían expulsado por sus malversaciones demasiado vistosas, quiere volver al lugar de todos los crímenes, entre Chicago, Nueva York o California, y necesita utilizar a un hombre como ese, su doble. O sea, Mitchum.. Ya veremos por qué. A  Dan le montan una trampa en su apartamento con el pretexto que debe dinero… le pegan. Todo eso organizado por un tal Corley, uno de los esbirros de Ferraro en California.

Paul Frees (Corley) y Mitchum


Corley invita a Dan a su mansión y le presenta a Arnold,  que le hace una oferta: 50 de los grandes para irse a Méjico un año o más. Tendrá instrucciones. La situación de Dan con sus deudas, una temporada en la cárcel (por haber caído, parece ser,  en otra trampa) es lo bastante difícil como para rechazar la oferta. Todo eso lo ha montado Corley para Ferraro pero a Dan le gusta la historia porque hay algo raro en todo eso y lo va a investigar a su manera. Ha dado un traspié, como dice Corley: ese le ha metido en un lío pero o Dan parece saberlo (o es que es muy  naif).
En Nogales-Méjico, en un bar,  con chile y frijoles. Ella está cantando “San Berdoo”, y  después en el avión, dirección Morro’s Lodge (Baja California-Méjico), se reúnen de nuevo Ella y El. Leonore dice que va a encontrarse ahí con su amante,  Mark Cardigan, actor de cine (Vincent Price en un papel que lo transforma todo en pastiche, lo que el actor disfruta particularmente).
En Morro Lodge: John Farrow (o puede que sea Fleischer) nos pasea con un largo traveling por esta residencia de lujo con sus salones, salas de juego y bungalows frente al mar. Dan da la vuelta a todo este mundillo, manos en los bolsillos preguntándose: ¿qué hago aquí, qué me espera? Se cuenta que pronunció estas frases en el plató antes de romperlo todo, harto de los  caprichos del jefe.

¿Se acaba el cine negro? No del todo, lo podemos adivinar por momentos en lo que sigue. Pero, a partir de ahora, vale la pena esperar la sobremesa,  un día de lluvia, medio tumbados delante de la mesa camilla para ver lo que queda como un divertido film de piratas, una pequeña comedia sobre problemas de amoríos en la que pasean algunos malos… Pero, al final, si nos dejamos llevar por el buen humor de algunos, la mala leche de otros, conseguimos pasar estas dos horas infinitas sin tantas dificultades y nos ganamos un número entre Mitchum y Raymond Burr con una pizca de Vincent Price memorables. 
 Lenore y Dan (Russell y Mitchum) se dicen cosas bonitas, con mucho humor,  toman el sol acompañados por Gershwin, la gente baila con la música de St Louis Blues transformado en rumba, el cisne de Camille Saint-Saens no para de morir cuando aparece la querida del jefe –El barroco Howard Hugues tiene todavía más manías de las que pensamos: sus mujercitas están siempre acompañadas por los adagios más famosos, de Tchaikovski a… Mahler que probó con Faith Domergue en Where danger lives. Los estudios están llenos de plantas sintéticas y Mark Cardigan lucha contra los piratas con su espada-Winchester para salvar a Dan Milner: lo hace sólo por el principio. Porque “los mortales son insoportables”.
La señorita Russell canta “Five Little Miles from San Berdoo” y los mejicanos le dicen por cortesía que habla bien el español.

¿Qué he venido a hacer aquí?: Dan, después de está pregunta existencial, se encuentra, para empezar,  con Morro (Philip van Zandt), el dueño del lugar, probable tapadera para Nick Ferraro, mirando a Leonore:
-Morro: es bonita además de interesante
-Dan: es bonita y eso es lo interesante.

Mitchum con Philip Van Zandt (Jose Morro)



Dan va a conocer a Crafft, el escritor que siempre  juega solo al ajedrez (quizás odie perder, dice Dan); y a Winton, hombre de negocios de la jet set. Se da cuenta en seguida de que el tal  Winton quiere ayudar a su manera a una pareja en luna de miel: se lo ha arreglado para que el joven marido pierda al juego y él está dispuesto a prestarle dinero… a cambio de… La joven esposa está muy nerviosa: Dan va a comportarse como Rick (está claro que ha visto Casblanca). Por fin conoce a Mark Cardigan, actor y cazador de ciervos.
Dan se fía de su intuición: presiona a Krafft y aparece un tal Thompson (el excelente Charles McGraw) que le da 10 de los grandes para esperar. ¿Esperar qué?  Le han elegido porque no está metido en problemas pero Thompson no le puede decir nada más, sino que: no es momento de involucrarse con una mujer, y menos si es la novia de otro dice Thompson. Es él quien parece llevar la operación Ferraro desde Morro Lodge, mientras Corley la llevaba desde California.

Mitchum con Tim Holt (Bill Lusk)



Llega el actor Tim Holt de noche en su avión: tiene el papel de Bill Lusk,  enviado del FBI, totalmente delirante como aviador supuestamente borracho.  Ese va a contactar con Dan: con la pipa en mano,  le anuncia que va a ser víctima de un plan de Ferraro y Thompson.  Excelente  actuación de Holt, pero muy corta, ya que el gran jefe Howard Hugues ha decidido que aquí todo tiene que pasar en familia y dar al género negro un ambiente hollywoodiano de fiesta entre mafiosos y mundanos.
Llega también la mujer de Mark:  Marjorie Reynolds es Helen Cardigan. Ha actuado también en Ministery of Fear Fritz Lang) acompañada por Gerald, el agente de publicidad de Mark,   enfadado por las relaciones entre el actor y Lenore: “en Hollywood no hay nada privado”  dice Gerald que quiere defender los asuntos matrimoniales que tan a pecho toman los estadounidenses republicanos…
Tal como lo anunciamos: Thompson sorprende a Tim Holt y lo elimina.

Charles McGraw y Tim Holt


Mark decide ayudar a Dan: dice a su mujer: vuelve a Hollywood mientras voy en busca del verdadero triunfo o de una muerte gloriosa
Mark a Dan: ¿qué tiene Ferraro contra usted?
Dan: Le gusto. Le gusto tanto que quiere ser yo… soy muy joven para morir. ¿Y usted?
Mark: ¡muy conocido! Ya le han matado en tantas películas…

Dan en el barco con Ferrero. Ahí están Corley, Thompson,  Krafft y, por supuesto, el temible Ferraro (Raymond Burr que echábamos de menos después de Blue Gardenia de Fritz Lang)… Y ahora se desvela el plan diabólico de Ferraro-Burr: utilizar el don de cirujano estético de Krafft, cuya maldad crece a lo largo de la película, para transformar sus rasgos en los de Dan Milner que, lo adivinamos, tendrá que desaparecer de la superficie terrestre. El tema de fondo de la película aparece al final como típico de una serie B. En 1947, Vincent Sherman con Nora Prentiss (La sentencia) o Delmer Daves con Dark Passage (La senda tenebrosa) nos habían contado todo eso. Robert Mitchum va pasar todavía cuarenta minutos más en la película, pero en mano de Ferraro y sus hombres. Puñetazos, látigos, baño de vapor, jeringa con drogas de los nazis… Ferraro: quiero que sea consciente, que vea de cerca la muerte…
Mientras, Mark Cardigan intenta montar un ataque con la ayuda de los policías mejicanos: ayuda torpe de estos inútiles indígenas en lo que es un ataque étnico por parte de Howard Hugues y el guionista bastante desagradable en cuanto a la superioridad estadounidense; está claro que Vincent Price tiene que fingir para cumplir con su contrato con la RKO.
Mark,  al final del ataque pirata: ¡yo pago las copas, amigo mío,  dice a Dan liberado, igual que nosotros!

Robert Mtichum sometido a las torturas en el barco de Raymond Burr


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"Where dangers lives"-John Farrow



Donde habita el peligro 1950 

Ver Filmografías en este Blog
Director: John  Farrow     

Guión:  Charles Bennett / Leo Rosten (relato)   


Música: Roy Webb   
Fotografía:  Nicholas Musuraca  

Montaje:  Eda Warren   

Dirección artística:  Albert D'Agostino-Ralph Berger 
  
Producción:  Irwin Allen RKO

Actores:






 
Robert Mitchum es Dr. Jeff Cameron-Faith Domergue es Margo Lannington-Claude Rains es Frederick Lannington


Maureen O'Sullivan es Julie Dawn


Charles Kemper es el jefe de policía de Postville
Ralph Dumke es Klauber
Billy House es Bogardus, juez de paz de Postville
Harry Shannon es Dr. Maynard
Philip Van Zandt es Milo DeLong
Jack Kelly es Dr. James Mullenbach, socio de Jeff en el hospital
Lillian West es Mrs. Bogardus
Ray Teal es el sheriff Joe Borden


Como a Robert Ryan, los estudios RKO  abrieron las puertas de la iconografía del cine negro a Robert Mitchum desde 1946 con The locket, seguido por Crossfire, Out of the past, The big steal hasta esta película. Pero, para Howard Hugues, Mitchum tiene que pasarlo mal: algunos de sus personajes son de los que dicen ¿Qué estoy haciendo aquí? (frase que pronuncia en Las fronteras del crimen). Después de ser el médico enfermo, víctima de los enredos de la pareja  Margo y Frederick Lannington, vuelve como enfermero para ser víctima de la cara de ángel que le ofrece Jean Simmons dos años más tarde (Angel Face-). También una historia de suicidio y de niña de papá. Entre estos dos ambientes hospitalarios, este pobre Mitchum sufre todas las torturas posibles por orden del sádico Raymond Burr en His kind of woman (Las fronteras del crimen-1951-John Farrow).
En Where the danger lives, Mitchum interpreta al medico Jeff Cameron. Éste, en vez de seguir ofreciendo rosas blancas a la pálida Julie, enfermera en el mismo hospital, decide mandar unas rosas rojas a la morena Margo que ingresaron una noche en el servicio de urgencias por un intento de suicidio. La moral de la época sobre el tema del suicidio no permite aclarar lo que ha hecho ni lo que le han hecho, probablemente un lavado de estómago.. Jeff la salva, se enamora y consigue su dirección y va a contarle la canción de ¡Qué bello es vivir! Cuando descubre que la lujosa mansión de Margo es donde habita el peligro, ya es muy tarde. ¿Qué ha pasado?


Después de unos días y unas cuantas noches de amour fou, Margo le anuncia que tiene que encontrarse con su padre que acaba de llegar. Una vez solo, Jeff no acepta esta huida precipitada, decide ir a ver al viejo padre y anunciarle que quiere casarse con Margo. Su timidez le empuja a tragar unos cuantos cocktails y, borracho como sólo Mitchum sabe serlo, se presenta en la mansión de todos los peligros. Porque el viejo no es el padre; es el marido. Lo clásico: hombre rico mayor se casa con joven guapa, dinero a cambio de compañía y cuidados. Jeff se marcha, disgustado pero un grito le obliga dar la vuelta: encuentra a Margo herida: Violencia domestica.  Jeff se interpone, el viejo saca toda su mala leche, le pega con el atizador, él le da un puñetazo a lo Mitchum, va a lavarse la cara. Cuando vuelve, se da cuenta que el viejo ha muerto.
El buen médico diagnostica también su propia conmoción cerebral (los golpes del viejo, la borrachera…). El buen ciudadano piensa que conviene llamar a la policía. ¿Y Margo en todo eso? Nada de policía, huir a Méjico: coger el coche, algunas joyas y abrigo de piel, tomar las riendas como pueda, tirar de un Jeff que, entre conmoción y borrachera le explica el diagnostico: lenta parálisis de los miembros o de un lado entero… Margo intenta no dejarse llevar por el pánico. Pero ahora el peligro habita en todas partes: los indicios son cada vez más claros, el engaño más evidente, las mentiras y las contradicciones patentes, pero Jeff no tiene fuerza para impedir que siga esta loca huida: está claro que Margo no quiere otra cosa que llegar a Méjico lo antes posible, que puede echar toda la culpa a Jeff. No quiere que éste escuche la radio.


Aquellos a quienes piden ayuda se aprovechan de su situación,  les engañan, cada vez tienen menos dinero. Qué importa, ella ha acumulado dinero ahí, al otro lado de la frontera, a escondidas durante todos estos años con el viejo… ha sido tratada psíquicamente por especialistas… ¿La muerte del viejo marido? Si no es Jeff, es Margo… eso lo sabremos más tarde. Vamos a vivir con ellos hasta el final esta huida, la decadencia ineluctable de dos enfermos, presa fácil para los pequeños negociantes del país profundo, o hazmerreír de un pueblo en fiesta.



Mitchum vive su conmoción cerebral más como  un borracho que como un médico responsable que, por sus conocimientos, tendría que saber mejor que nadie cuidar de su estado de salud: el papel de borracho le es por supuesto más fácil y probablemente el alcohol le ayudó durante el rodaje de la película. No es el amor lo que se impone a la simple supervivencia, ya que sabe por donde anda la pérfida Margo, entonces ¿por qué se empeña en actuar según las iniciativas de una enferma mental? A pesar de algunas inverosimilitudes y de un desarrollo previsible de la narrativa, el actor crea una caracterización del doctor Jeff Cameron con unos matices interesantes: una cierta ingenuidad se pone de manifiesto en los primeros tiempos del enamoramiento loco, una infinita paciencia frente al nerviosismo y la confusión al borde de la histeria de la amada. Sin embargo, uno podría tener algunas dudas en cuanto a esta inocencia. ¿Naif, el doctor Cameron? Lo que está claro es que no tiene esta ingenuidad que brota en la mirada y la voz (¡ah, la voz de Orson Welles!) del marinero O’Hara, atrapado en la red de The lady from Shanghai y de su marido, el abogado Bannester. Una duda planea sobre sus intenciones, como un leve indicio en las primeras escenas después del encuentro con Margo: este medico, admirado por todo el servicio hospitalario,  ha decidido instalarse por su cuenta y montar una consulta privada o una clínica,  una empresa que necesita fondos y garantías. El “papá” de la niña Margo puede ser un enganche igual a los grandes ojos negros (y poco expresivos pero son al gusto de Jeff) de la presunta hija. Lo que está claro es que Jeff se olvida enseguida de Julie, su novia enfermera, mujer del director Farrow y madre de Mia,: Maureen O’Sullivan.


Todo eso es muy “humano” a fin de cuenta: ¡el doctor Cameron se porta tan bien y tiene tanta paciencia con los niños hospitalizados! A pesar de las dudas sobre su comportamiento inicial, o su actuación monolítica que confunde el trauma craneal con el estado de borrachera, Jeff sabe bajar unas escaleras y la secuencia vale por toda la película.  Su caída, eterna, en la escalera del hotel de Postville, al final de la escapada es de lo mejor de Mitchum, igual que su primera aparición en La noche del cazador. ¡Adiós, rosas rojas! Con la morena Margo, se acabó, pero ¿conseguirá llegar hasta la puerta?

Le avisó Lannington: si se la lleva, el tiempo pasa y llega el final del camino, doctor Cameron


¿Qué queda de este tremendo melodrama?
Una excelente calidad técnica que crea un ambiente de tintes particularmente negros: la foto de Nicholas Musuraca, por supuesto, y el buen trabajo de un equipo de profesionales curtidos en el cine negro de la RKO (¡Bueno! Roy Webb ha tenido que incluir unas partituras de clásicos románticos rusos,…y hasta Gustav Mahler,  cuando aparece la cara de Faith, interrumpiendo así su excelente música de acompañamiento. Orden del gran jefe, probablemente) .


Pero el guión tiene fallos. Si evocamos The lady from Shanghai (Welles-1947)  a propósito del personaje de Jeff Cameron, por supuesto no significa una comparación de las dos obras, planteamiento absurdo. Se trata de poner en evidencia las limitaciones de una narración sobre el tema del engaño: la manipulación, aquí limitada al plan de Margo, no está tratada con bastante fuerza. La actriz Faith Domergue, único centro de interés para el proyecto del productor Howard Hugues –además del beneficio comercial esperado –, tiene su parte en esta limitación: la expresión de la cara y del cuerpo denotan una falta de profesionalismo, aunque el papel de la perturbada mental no es de lo más fácil. Sin embargo, la actuación de Marilyn Monroe en su interpretación de un personaje similar es mucho más convincente en Don’t Bother to Knock (Roy Baker-1952).
Por otra parte, el talento de Charles Bennett como guionista (Foreign Correspondent-Alfred Hitchcock-1940)  no se manifiesta aquí. La historia de Leo Rosten,  huir de una persecución policiaca con una persona psíquicamente frágil,  ha sido representada en el cine negro con más éxito. Joseph H.Lewis la trata magníficamente en Gun Crazy (El demonio de las armas) en rodaje el mismo año: Bart –John Dall,  cuida de Laurie –Peggy Cummins. Nicholas Ray da a Keechie –Cathy O’Donnell el difícil papel de templar los impulsos de Bowie –Farley Granger en  They live by night (Los amantes de la noche-1948). El amor lo puede todo. Pero la fuga de estos dos personajes a merced de los eventos por no tener un potencial de razón para enfrentarlos, opuestos en sus mecanismos de supervivencia,  puede dar una magnifica película surrealista y poética, pero en el género realista no deja lugar a suspense, y el desenlace es previsible. Sus propias maquinaciones desbordan a Margo.  Descubrimos muy pronto sus cálculos (confusos) en la narración: la apertura de una cuenta en Méjico sacando  el dinero a Lannington, sus improvisaciones durante la huida,  con el fin de aprovecharse de Jeff, su única seguridad a pesar de su estado, también retenerlo para poder cargarlo con la muerte del marido si hace falta.


Estas  improvisaciones de Margo ¡podrían ser contrastes, bifurcaciones intempestivas como las que maneja un Mankiewicz! El cinismo y el poder de Frederick Lannington, viejo y enfermo como los personajes ebrios de dominación que tan bien caracteriza  Orson Welles, están justo desdibujados y la presencia en la pantalla de Claude Rains –que  corresponde a la única secuencia del asesinato –podría haber sido mejor aprovechada. El actor da una interpretación magistral del personaje de Lannington .  Esta riqueza en las interrelaciones y las situaciones merecía un tratamiento más contundente, una visión reflexiva sobre los entresijos de la mente humana. Como tantas veces con Howard Hugues, lo que cuenta es que el objetivo de la cámara sea dirigido hacia su amante del momento. Menos mal que respetó el tiempo total de la obra y el ritmo impuesto por John Farrow y que no tomó la decisión de cambiar de director o de dirigir él mismo con el fin de alargar esta huida de la pareja, añadiendo más elementos barrocos como la escena del pueblo de barbudos en la que podía haber adivinado el germen de una posible comedia.  Lo consiguió con His kind of woman (Las fronteras del crimen) al año siguiente, alargando la película una hora. La bajada a los infiernos de la pareja con estos encuentros,  algunos previsibles como los engaños sobre la compra de un coche o las joyas empeñadas, otros más divertidos como la fiesta de los barbudos, son,  a fin de cuenta, anecdóticos. Lo más decepcionante es este final de comedia romántica con la vuelta de la rosa blanca en el centro hospitalario y este plano final sobre la señora Farrow,  mujer del director y suegra de Woody Allen unos cuantos años más tarde. La habíamos olvidado totalmente.


Así que Faith Domergue demuestra patéticamente que hace lo que puede –que no es tanto –para ser este personaje mentalmente frágil, Y John Farrow hace lo que puede entre este guión poco trabajado y las exigencias inquisitorias de su productor y jefe, lo que hace que Donde habita el peligro no consiga dar inspiración y creatividad a la representación de la decadencia de estos dos seres,  a cada minuto más enfermos, envolviéndose en una red cada vez más apretada,  asfixiante; agradecemos, eso sí, la calidad de la ambientación de un buen cine negro en manos del equipo técnico de la RKO.


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28.8.14

"Affair in Trinidad"-Vincent Sherman




  La dama de Trinidad 1952

Director: Vincent  Sherman  
Guión: James Gunn Oscar Saul (relato: Virginia Van Upp y Bernie Giler   
Música:  George Duning/Morris Stoloff   
Fotografía:  Joseph Walker   
Montaje: Viola Lawrence   
Dirección artística: Walter Holscher 
 Producción: Vincent Sherman-Rita Hayworth-Virginia Van Upp -Columbia


Una obra negra sobre la organización de un complot nazi dirigido contra los EEUU, previsible, un poco confusa pero con un buen ritmo de la primera a la última escena. Por su temática,  podría ser un divertimiento sin pretensiones, en primera parte antes de la gran película,  como solían proyectar algunas salas de barrio en estos años de buen cine…  si no hubiera un “pero”: los dos protagonistas. Emparejados, constituyen un mito del cine hollywoodiano. Así que desde esta primera escena – el principio de la investigación sobre la muerte de un ciudadano estadounidense en el territorio británico de Trinidad – esperamos los bailes y… la bofetada de Glenn a Rita. En este punto de la obra, verdadero relajamiento de las tensiones acumuladas, como después de un orgasmo, no importa más que el beso de “The end”.
Hay algo más que este  “pero”: es la diferencia en la repetición. Si la obra es menor (que Gilda) con respecto a las expectativas del presente espectador, gana sin embargo en su atmosfera negra; el glamour y la relación amor-odio entre los protagonistas –  marido incluido –  de la película de 1946,  absorbe lo que Affair in Trinidad restituye a chorros: la descripción detallada de una investigación con sus resortes criminales, judiciales y también políticos en una sociedad multiétnica en la que cada uno tiene un papel muy definido. El aspecto más confuso que concierne a la organización pseudo-nazi dirigida por Max Fabian (Alexander Scourby, actor sin sombra ni huellas que yo sepa),  no limita el interés por la estructura narrativa. Ésta tiene su fundamento en la convergencia de todos sus elementos y de sus personajes hacia un único punto, o más bien,  cuerpo: Chris Emery /Rita Hayworth.



Cada uno lanza el lazo en su dirección para controlar sus pasos,  hasta que ella se quede totalmente bloqueada y al borde del abismo. Acepta que estos hombres tiren de los hilos. Se doblega delante de algunos funcionarios británicos y estadounidenses que la chantajean, desde el momento que esta colaboración forzada, consecuencia del asesinato de su marido, Neal Emery, le devolverá su pasaporte y la libertad de marcharse donde quiera. Como Ingrid Bergman en Notorious (Encadenados-Hitchcock), pone su vida en peligro y acepta ayudarles a desenmascarar a Max Fabian,  comprometido con el supuesto enemigo alemán. Cuando Steve Emery (Glenn Ford) llega a Trinidad para encontrarse con su hermano Neal que le ha escrito para que venga, le anuncian que éste ha sido asesinado, decide conducir su propia investigación y sospecha de su cuñada, Chris Emery, aunque el lazo que lanza esta cargado de deseo. La bofetada tan esperada de Glenn demuestra que este lazo era el más débil por no tener otra meta que declarar un sentimiento que parece ir más allá del simple deseo físico (que no es poco)… o, por lo menos, es lo que nos hace creer este “director de mujeres” que es  Vincent Sherman. En esta repetición de Gilda,  hay todavía más diferencias y el simulacro – que no pastiche – está perfectamente conseguido: Chris agita su cabellera cuando aparece y baila la rumba, pero ella no es Gilda. Su potencial de acción se desata y las fuerzas en movimiento actúan con intuición e inteligencia aunque, en el momento de más suspense, tiene un descuido que demuestra que quedaba sitio para algo más de suspense. La diferencia se debe al devenir de la actriz  entre Gilda y Chris, más exactamente entre 1946 y 1947: Orson Welles, La dama de Shanghai justo después de Gilda, la versión “wellesiana” de Sanson y Dalila con la mutilación de la cabellera de la diosa, mito absoluto de Hollywood, delante de los periodistas, el recurso a la mitología para identificarla con Circe, maga manipuladora,  el control de las emociones de la señora Ballister después de las pulsiones de Gilda. Y ahora, casi cinco años después de esta pesadilla, Sherman, le ofrece esta nueva explosión, la alegría de Chris cuando baila: ¡qué empiece la fiesta!, o como dice alguien en la recepción que ofrece Max Fabian:  Señoras y señores: la Dama de Trinidad. ¡ Abrochasen los cinturones!
George Duning compone una partitura de acompañamiento, el toque caribeño de una rumba sensual revisitado por la industria hollywoodiana.  Podemos pensar que fue una fuente de inspiración para las bandas sonoras de James Bond en sus viajes a Nassau o a la isla del doctor No, este personaje más temible y violento que Walter, Bronek y Franz Huebling, el equipo pro-nazi de Max Fabian.  Al espectador de 1952 no le hace falta más que oír un nombre que le recuerda al enemigo reciente o la palabra V2, antepasado de misiles, drones y otros artilugios,  para que su imaginación ponga en marcha las emociones correspondientes a bajo coste. 


Rudolph Maté, este gran fotógrafo que siguió la carrera de Rita Hayworth,  ya no está aquí para aconsejar al director de fotografía; la última vez fue con Charles Lawton para The lady from Shanghai. Pero el director de fotografíaJoseph Walker, para su última película (ver filmografía en el Blog), ha aprendido la lección. El mito invade, devora la pantalla que le ofrece el maestro Sherman que también produce la película con Rita Hayworth y Virginia Van Upp . La belleza provoca el propio guión, se enfrenta a la banalidad de los diálogos y a esta bofetada de Glenn Ford,  sólo un pequeño pedo insignificante para Chris. Su hada madrina ha sacado las antenas de su intuición: la fiel criolla Dominique (Juanita Moore), vela sobre el destino de Circe liberada. Intuimos en la mirada de Rita Hayworth que, ahora mismo, después de esta ridícula bofetada,  podría, delante de todos, transformar a Glenn Ford en cerdo como lo hizo Circe con la tripulación de Ulises. En este tremendo simulacro, la naturaleza,  hostil al hombre,  sabe contenerse y, con la bendición de Vincent Sherman,  hace esta última concesión al juego publicitario de Hollywood: dar el beso final a este pobre animal que se atreve a levantar la mano sin conocer los poderes de la magia.

Algunas secuencias


Antes de descubrir las palmeras caribeñas con el sonido de la rumba de George Dunning, Hollywood va de pedagoga abriendo un mapa como lo hizo Bill Clinton para explicarnos dónde estaban los Balcanes, antes de que la OTAN los bombardeen: “Entre América del Norte y del Sur…… las islas del Caribe exóticas y llenas de colorido. En otros tiempos, remotas y poco conocidas, la historia las saca ahora de la oscuridad para pasar a formar parte de los acontecimientos mundiales. Entre esas islas, destaca la colonia británica de Trinidad”. Está claro que la historia de la colonización toma en cuenta estas islas desde Cristobal Colón, pero los estadounidenses entran en la danza cuando les toca. Como en A lady without passport (Joseph H. Lewis-1950) con la presión sobre las instituciones cubanas en la epoca de Batista en el marco del control de la isla por los servicios de inmigración estadounidenses, o también en Riff Raff (Ted Tetzlaff-1947) con la apropiación de las materias primas de América del Sur (Perú) por empresas petroleras estadounidenses en Panamá, tenemos con Affair in Trinidad un documento de interés sobre la región, su relación con los EEUU, y la manera en que la industria cinematográfica estadounidense  publicita en el mundo 

Inspector Smythe (Torin Thatcher) y Anderson (Howard Wendell)


 En Trinidad, ocupada por los británicos, Anderson, el encargado de la embajada de los EEUU controla los movimientos de los residentes estadounidenses más en acuerdo con los intereses de su país y de su aliado que de las personas. Su gestión para que el inspector Smythe, súbdito del imperio de su majestad en Port of Spain, no retenga el pasaporte de Chris Emery, es de lo más tímido. Decir que ahora Trinidad forma parte de los acontecimientos mundiales es un dulce eufemismo para desvelarnos que unos ciudadanos estadounidenses en relación con otros de nacionalidad alemana u antiguos aliados del III Reich están en complot para instalar una base de misiles en la isla.

Chris Emery (Rita Hayworth) trabaja en “El Caribe”: hace una entrada espectacular bailando y cantando “Clic ClicBum, Clic Bum Trinidad Lady”.



Steve Emery (Glenn Ford)

  
Steve lanza su propia investigación después del juicio en el que el dueño del club, Wittol (hombre a sueldo de Fabian), intenta orientar la causa de la muerte de Neal Emery hacia problemas de celos.

Wittol (Steven Geray)


Wittol critica la actitud de los estadounidenses en la relación entre hombre y mujer: “cuando un hombre está casado con una diosa, debe esperar que otros hombres la adoren ¿cómo podía este hombre sentir que la poseía totalmente?”. A la paliza que recibe por parte de Steve, responde más tarde el intento de asesinato de éste.

Dominique (Juanita Moore)  aconseja a Chris


-Dominique: “El privilegio de una criada buena e ideal es ser impertinente”
-Steve a Chris: “yo, en tu lugar, no discutiría con ella”.
La actriz Juanita More, más conocida por su papel de Annie Johnson en Imitación a la vida (Douglas Sirk), actúa en el género negro con No questions asked (Sidney Sheldon-1951), Witness to murder (El único testigo-Roy Rowland-1954).


Pero Chris no tiene más remedio que trabajar para los servicios secretos anglo-americanos y espiar a Fabian en su propia casa.


Alexander Scourby es Max Fabian
 Fabian no tarda en descubrir su doble juego. Walters, que parece ser el verdadero organizador del complot,  está furioso, no solo por la presencia de Chris sino también por  la actitud de Veronique, siempre borracha, lo que aumenta los riesgos. Bronek será eliminado cuando halla dado las informaciones necesarias.  

Alexander Scourby deja las series TV para interpretar a Max Fabian en Affair in Trinidad. Esta claro que Glenn Ford le persigue: le gusta introducirse en su casa para quejarse. Lo hará una vez más en The Big Heat (Los Sobornados-Fritz  Lang-1953) ya que Scourby tiene el papel del infame Mike Lagana. No tendrá más actuaciones en el género.


 Valerie Bettis interpreta a Veronique,  mujer de Franz Huebling (Karel Stepanek), el especialista en V2. Actriz de TV, es también aquí coreógrafa de los bailes de Rita Hayworth.
Karel Stepanek tiene un papel no acreditado en The third man (El tercer hombre-Carol Reed-1949) y actúa en unos cuantos thrillers rueda la película negra: No Highway (Henry Koster-1951)y Cita a las once (Alfred Werker-1952) antes de Affair in Trinidad.
Steven Geray es Wittol. Ver en este blog su impresionante filmografía cine negro: empieza en 1941 con Shanghai Gesture (Joseph von Sternberg) y sigue hasta 1955 con A bullet for Joe de Lewis Allen.
Conviene aquí homenajear a Viola Lawrence en el montaje: poca veces citada pero con una filmografía en el cine negro que empieza con nada menos que The lady from Shanghai. Trabaja también con Rudolph Maté y Nicholas Ray (ver filmografía en el blog).

El plano tan esperado


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3.7.14

"Key Largo"-John Huston



Cayo Largo 1948

Director: John Huston C Key Largo  

Guión:  Richard Brooks /John Huston (Adaptacion de la obra teatralde Maxwell Anderson de 1939) 
  
Música Max Steiner 

Fotgrafía  Karl Freund  

Montaje: rudi Fehr   

Productor:  Jerry Wald-Warner Bros.


Actores:




Humphrey Bogart (Frank McCloud) y Lauren Bacall (Nora Temple)

 
Edward G. Robinson (Johnny Rocco/Howard Brown) con Thomas Gomez ("Curly")

  
Claire Trevor /Gaye Dawn,  vista desde un ángulo sugestivo


Notamos la presencia de
Lionel Barrymore (James Temple) -Harry Lewis ("Toots" Bass) -Dan Seymour (Angel Garcia, visto en The Big Heat) -Marc Lawrence / Ziggy

A la relación que une a Huston y Bogart (con siete películas juntos) y a la amistad que une a Bogart y Richard Brooks, conviene añadir que el equipo se beneficia  de actores que se conocen por haber trabajado juntos en varias ocasiones.  Bogart y Bacall, el famoso producto publicitario Warner de la industria hollywoodiana,  ruedan aquí su cuarta y última película juntos –después Have and have not (1944), The big sleep (1946) de Howard Hawks y Dark Passage (Delmer Daves-1947). Bogart y Claire Trevor han coincidido en Dead End (1937),  y los dos con Edward G.Robinson en The Amazing Dr.Clitterhouse (1938). Bogart y Robinson tienen en común tres otras películas en sus filmografías: Bullets or Ballots (1936), Kid Galahad (1937) y Brother Orchid (1940). Claire Trevor recibe un Oscar por Key Largo;  conviene hacer notar también que Edward G.Robinson es el actor principal y su fama supera la de Bogart en esta época.  
Algunas anécdotas más: el nombre del barco que conduce Frank McCould para llevar a Rocco y su banda a Cuba tiene el nombre del barco de Bogart: Santana. Claire Trevor canta a capela “Moonin’Low” de Ralph Rainger estrenada en el musical de Broodway The little Show en 1929. La secuencia tiene un gran dramatismo. Se sabe también que los exteriores filmados durante el huracán corresponden en realidad a unos rushes del melodrama producido el mismo año por la Warner,  Night into Night con Ronald Reagan. Esta claro que el terrible huracán de 1935 que mató a cerca de 800 personas en los Cayos de Florida ha sido una fuente de inspiración para la literatura y el cine. 


 Frank McCloud, veterano de la segunda guerra mundial llega a Cayo Largo para saludar a Nora y James Temple, la viuda y el padre de George, un compañero muerto en el combate. El hotel que tienen los Temple está ocupado por el famoso gangster Johnny Rocco y su banda. En el momento que Frank declara que su “primera novia fue una barca”, Rocco exige de éste que le ayude a dejar los Estados Unidos con su banda y que los conduce a Cuba. El cara a cara en alta mar final entre Frank y Rocco sucede al tenso encuentro a puerta cerrada en el hotel de la familia Temple.
La adaptación se aleja de la obra teatral original, estrenada en Bradway en 1939, que sitúa la acción en plena guerra civil española: la banda de Rocco ha reemplazado a unos bandidos mejicanos y Frank, el héroe estadounidense, era un desertor del ejército español que muere al final de la obra. John Huston no era muy favorable a este tipo de guión, típico de la industria cultural estadounidense de la época con unos gángsteres que ocupan una casa y mantienen rehenes a unos inocentes (aquí, por lo menos, no hay niños pero sí un héroe): pensamos en Suddenly (Lewis Allen-1954) o Desesperate hours (William Wyler-1955) con un Bogart bastante más cansado en el papel del “malo”. Sin embargo, el director, animado por Bogart, acepta el proyecto y con Richard Brooks, amigo del actor, se instala a Key West para escribir juntos el guión. Los dos guionistas rizan el rizo de la adaptación con un final que se inspira en la obra de Hemingway, “To have or have not”, que la película Tener o no tener (1944) había cambiado. Cuenta Huston: “   Nuestra adaptación de  “Key Largo” actualizaba y dramatizaba la obra homónima de Maxwell Anderson. Las grandes esperanzas que provocaron la llegada de Roosevelt al poder ya se habían esfumado. El hampa –encarnado en la pantalla por Edward G.Robinson y sus acólitas –volvía todavía más potente por causa de la apatía general. Eso era el tema de nuestra película. Edward G.Robinson aceptó el papel con reticencias. No le gustaba este tipo de personaje, como si fuese realmente un gángster impaciente por comprarse una nueva conducta. Lo que hemos conservado [de la obra de Anderson] es la primera escena donde vemos a Robinson en la bañera, un puro entre los labios; se parece a un crustáceo dentro de su caparazón”.

Rocco acosa a Nora, su “gatita salvaje”

  
En realidad, el personaje de Rocco, estereotipo del gángster que ningún obstáculo consigue parar, es más bien una representación del famoso Lucky Luciano. Frank intenta calmar al viejo Temple que habla de deportación y de exterminación muy fácilmente. frente al peligroso Rocco,  su discurso se hace más diplomático: “Rocco, le pido perdón para el señor Temple, no sabe de quien habla… sus ideas, señor Temple son muy anticuadas. Pertenecen a una época en la que los Estados Unidos creían poder pasar de los Rocco…Sí, Rocco era más que un rey, un emperador… el maestro del chantaje…me creía algunas palabras: no estamos sacrificando tantas vidas humanas para volver a ese mundo de después de la última guerra mundial; luchamos para limpiar el mundo de sus antiguos males, de sus antiguos vicios… y lo que quiere Rocco es que quiere más ¿verdad Rocco?”.  O sea, la diferencia entre el conservador republicano Temple y el demócrata Frank McCould reside en la manera en la que conviene tratar al mundo de los negocios; pero tienen un punto común: la obligación de obedecer al mercado corrupto cuando ese los amenaza. “Mátame” dirá Rocco a Frank pero el arma no estaba cargada y John Rodney / Clyde Sawyer, el policía que piensa que debe cumplir con su deber caerá en lugar de Frank. “La pistola no estaba cargada pero él no lo sabía” dice Rocco: las armas que te da el imperio mercantil no acaba con ese pero pueden acabar contigo (más vale un cobarde vivo que un héroe muerto será la conclusión de Gaye, a la espera de un vaso de whisky) .


  Lo que le puede desestabilizar es este formidable huracán que azotea Cayo Largo ésta noche: la fuerza de la naturaleza no se combate como la de los humanos, sobre todo cuando estos son tus rehenes. Frank se ríe de Rocco: “¿no le gusta la tormenta, verdad?¿Por qué no la amenaza con la pistola? Si no se calma, ¡dispara!”.   
En esta época de posguerra y de entrada en la “guerra fría” con la correspondiente designación de un nuevo enemigo, los poderes institucionales de los Estados Unidos están empezando a presionar a sus industrias, y particularmente a la cinematográfica tan necesaria para la propaganda hasta el clímax del maccartismo que conducirá a Bogart, Bacall, Huston y tantos otros a militar en contra de la Comisión de actividades anti-americanas  y a favor de la libertad de opinión y de la prensa.  Así que la utilización de la obra de teatro de Anderson actualizada permite a John Huston y Richard Brooks desarrollar en Key Largo un fuerte mensaje político que apela a la resistencia contra el terror que quiere propagar un sistema de poder. En el momento que la inhumanidad de la banda de Rocco se hace patente, no queda más remedio que ir más allá de la denuncia y rebelarse: Frank McCould, militar desilusionado y amargado después de la guerra mundial, tardará en involucrarse en un asunto que al principio consideraba como ajeno al propósito de su viaje a Cayo Largo. “Cuando uno ha sido un luchador, sigue siéndolo  para toda la vida” dira James Temple para animarlo.

Lionel Barrymore (James Temple) 

  A Gaye y Nora que le aconsejan aprovechar la noche para impedir que Rocco y sus cuatro acólitos lo utilicen para huir a Cuba, Frank responde poniendo fin al conflicto entre su razón y su corazón: “Cuando la razón os dice una cosa y el corazón otra, es el corazón el que tiene razón. No es que un Rocco de más o de menos cambie algo en este mundo, pero tengo que lanzarme”. Acaba por comprometerse con James y Nora Temple para combatir desde la honradez y la ética,  en contra de la dominación del hombre por el hombre. Por supuesto, la mirada de Lauren Bacall es un aguijón para tal decisión… Aunque la actriz, desde Dark Passage, ha limitado su capacidad glamorosa: abandona los cambios de vestidos de alta costura de The Big Sleep para transformarse en enfermera, con falda, blusa y muchos bolsillos, para cuidar de un inválido: Lionel Barrymore en esta película y –un corto momento – el propio Bogart en la película de Delmer Daves… lo que no impide a Rocco llamarla “gatita salvaje” y acorralarla hasta que le escupe a la cara.


 Bogart se encuentra por supuesto muy cómodo en el papel del héroe virtuoso que actúa para el bien de la humanidad. Con esta cicatriz en el labio, prueba de su paso por el ejército, tiene esta expresión propia de los que lo han vivido todo, esta mirada cansada de los que lo han visto todo.  Y su voz característica, atonal, lanza las palabras como las balas de una ametralladora que nada puede parar.  Huston sabe cómo y cuándo enfocar la cámara sobre su cara; la presencia y la actuación de Lauren Bacall permiten que resalte todavía más. Sin embargo, nos encontramos en unas circunstancias parecidas a las de Casablanca, con la capacidad técnica de Michael Curtiz y su relación laboral con Bogart, no tan profunda pero parecida a la de Huston, y con la presencia luminosa de Bergman. En estas dos películas, Bogart encuentra la posibilidad de caracterizar a unos personajes que corresponden perfectamente al momento adecuado en su trayectoria profesional. Estas coincidencias el actor las tuvo ya en El bosque petrificado, obra teatral de Robert Sherwood en 1934: Bogart interpretaba a Duke Mantee, un gángster que aterroriza en un lugar perdido a sus rehenes, entre los que se encuentra un poeta, Leslie Howard. La Warner había previsto una adaptación al cine con Leslie Howard y Edward Robinson, dos actores de primera,  como lo eran también George Raft y James Cagney, dejando atrás a Bogart. Pero Howard insistió para que su amigo Bogart retome su papel que había contribuido al éxito de la obra teatral. Para Humphrey Bogart, El bosque petrificado (Archie Mayo-1939) significa el primer momento de gloria en el cine. Desarrolla los elementos propios a la representación del sadismo y el despotismo con la economía de medios que sabrá afinar a lo largo de su carrera. El encuentro profesional con John Huston empieza cuando éste último escribe el guión de The Amazing Dr.Clitterhouse (Anatole Litvak-1938) donde  Bogart coincide con Robinson y, a continuación, el guión de High Sierra (Raoul Walsh-1940) con Ida Lupino, donde Bogart saca provecho de su papel anterior en El bosque petrificado. Este giro en su carrera que le sitúa en lo alto en los castings (pero todavía por debajo de Edward G.Robinson) se confirma cuando el propio Huston toma la rienda de la dirección con The maltes falcon y que la bienvenida negativa de George Raft para el papel principal  propulsa a Bogart en la piel de Sam Spade, icono del detective privado del cine negro naciente.  En Key Largo, Bogart que acaba de despertarse del Sueño Eterno de Hawks y Chandler; han pasado cuatro años desde que resolvió el conflicto entre Tener o no tener: esta claro que su encuentro con Bacall le permitió acabar con “The Battiling Bogarts” el apodo con que la pareja Bogart-esposa nº3 representaba sus escándalos y peleas con olor de incendio y tabaco, perfume de whisky. Con la nº4 sus buenas intenciones no le permiten acabar con el tabaco que es el elemento publicitario clave del producto Bogart-Bacall. Así que la nº4 entra progresivamente en este papel de enfermera, tan marcado en está última película juntos… antes del declive… y exceptuando el epifenómeno de In a lonely place en el que Nicholas Ray ayude a Bogart a hacer que brille una vez más su estrella al lado de otra: Gloria Grahame.  



  Robinson, a pesar de que no le guste el papel de Rocco, lo maneja perfectamente: la secuencia en que monta su discurso patético sobre su poder pasado mientras le están afeitando es antológica. Diabólico, mata dos pájaros de un tiro con su mala pasada a su socio Marc Lawrence / Ziggy en un asunto de falsos billetes deshaciéndose de su amante Gaye.   

Marc Lawrence / Ziggy

  La buena sorpresa en este equipo de calidad la dan el veterano Lionel Barrymore y sobre todo Claire Trevor que sabe interpretar a la mujer marginada por su condición de prostituta, una caracterización que la persigue en Hollywood desde La diligencia de John Ford, aunque consigue también ser Mrs.  Grayle,  la femme fatal más temible del cine negro (Murder, my sweet de Dmytryk). En Key Largo, en esta caracterización de la alcohólica, cantante  “recuperada” por su antiguo amante Rocco, la actriz nos regala el momento más emocionante de la película en ésta canción a capela que, en sus letras, retrata su propia condición.


  Conviene destacar que la película mantiene un tono excesivamente teatral en esta adaptación de la obra de Anderson y el final enfático con Bogart de vuelta a Cayo Largo conduciendo el barco añade peso al discurso patriótico de circunstancia. Huston añade un toque poético a este final con unos planos de Bacall en un rayo de luz, un homenaje afectuoso a la pareja amiga: Bacall ángel de la guardia de Bogart, como también lo sugiere Delmer Daves en la aparición de Bacall en Dark Passage. Pero, más allá de la calidad de la interpretación y de la dirección, su interés reside en su mensaje político. Lo señalamos anteriormente: ¿Cómo resistir a la deshumanización de la sociedad estadounidense, a la fuerza del terror organizado, a los sistemas de poder? Una de las cualidades del guión de Huston y Brooks consiste en plantear el problema de la delicuescencia de la sociedad desde el primer cuarto de hora, en boca de Gaye: apoyada en la barra, ella, excitada y borracha,  escucha en la radio, los resultados de una carrera de caballos y se queja de apostar siempre por los perdedores.   




  Sin embargo, Huston esboza una sutil y transparente tela de fondo a esta problemática de la sociedad occidental y de sus conflictos, encerrada, enjaulada, aterrada por la fuerza de la naturaleza que se manifiesta alrededor de sus muros de hormigón. Otra sociedad vive, se desplaza, migra, se resigna a quedarse fuera de los muros cuando amenaza el huracán. Desde la primera escena –la llegada de Bogart a Cayo Largo, en un autobús que la policía local para, en busca de dos indios escapados de la cárcel –oimos esta conversación entre el chofer y Frank:
-Chofer: Estos indios que han huido de la cárcel deben de ser de por aquí; siempre vuelven al redil
-Frank: Y éste es Cayo Largo
…-Chofer: ¡Estúpidos! ¡Les faltaban 30 días y se escapan!
-Frank: 30 días en la cárcel para un indio son como 30 años para otra persona
Estos indios recorren un camino paralelo al de Frank / Bogart, ahí fuera; pero él no vuelve a casa; se va a encerrar con  estos otros blancos estadounidenses,  que tampoco pertenecen a Cayo Largo,  en un hotel mientras se acerca el huracán.  Mientras, los indios de otra isla vienen a refugiarse a Cayo Largo, protegidos por el señor Temple en su hotel: “Charlie Wenoka y su familia, de la isla Crawfish. Son de sangre noble; él es el jefe del pueblo seminola. Desciende de los  dioses. Vende conchas a los turistas” . Pero el jefe mafioso Rocco no permitirá a Temple que acoge a la familia de la isla Crawfish.
 La foto, este corto flash de los amerindios que se resguardan de los meteoros enloquecidos bajo el porche del hotel en el que el mundo de los blancos se descompone, es el regalo de John Huston al arte cinematográfico.

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