15.6.11

Democracia (real) o dominación

  
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Esta página pertenece al Dossier: CON LOS DEMAS
Estamos experimentando la democracia de la representación caracterizada por el a priori de un proyecto nacional y una nación soberana [1]. Hemos tratado el tema de la soberanía en el Dossier LAS REGLAS DEL JUEGO en cuanto a la "Vulnerabilidad y seguridad".Esta soberanía nacional se manifiesta en particular en la decisión, la cual es el monopolio del jefe del Estado en los regímenes republicanos o el jefe de gobierno en las monarquías parlamentarias..




La decisión

La decisión del jefe confirma la soberanía del país cuando enseña su carácter absoluto, liberado de cualquier obligación normativa en, por ejemplo, loes estados llamados de "excepción" como una crisis económica, una revuelta o, por supuesto, una guerra [2]. Sin embargo, este rasgo absoluto tiende a volverse la norma cuando la mayoría de la representación política pertenece al mismo partido que el "soberano", lo que es el caso más frecuente. La soberanía se encuentra, de hecho, en manos de un corporalismo.

El culto a la personalidad que caracteriza las democracias modernas, estas sociedades del espectáculo anunciadas por Guy Debord, acompaña la aceptación de esta toma de decisión como prueba de dinamismo y de iniciativa del soberano elegido (ver en este Blog: "liderazgo")

Pero, la decisión absoluta pone de manifiesto los límites del sistema democrático actual, la debilidad de las instituciones y también hace resaltar una situación política de tipo dominante/dominado,…con la condición que la desinformación que la sustenta no ciegue al ciudadano.

El monopolio de la violencia


Además, en la democracia representativa, la decisión del soberano se toma en un contexto de antagonismo entre partidos políticos cuya lógica es el enfrentamiento. Hay alianzas y ataques directos a/o de la oposición. En el marco de la política exterior, el enfrentamiento es latente o declarado, hay siempre un enemigo designado, sea un país o una ideología que puede amenazar los "intereses vitales" de la soberanía. Esto lleva muy a menudo a las democracias que se autoproclaman avanzadas a encontrarse en contradicción con los principios de libertad y de derechos de los individuos.



La retórica del poder dominante consiste en afirmar que los humanos pueden legítimamente utilizar sus potenciales para crear una verdadera dinámica de iniciativas. En la realidad, el poder se apropia este potencial en el nombre de la soberanía nacional frente al peligro y a la competitividad internacional y organiza la fusión entre poder y violencia.

Max Weber manifiesta que el poder político tiene el monopolio de la violencia que equivale a afirmar que la violencia es su medio específico y exclusivo. Weber define el Estado como una relación de dominación de humanos sobre humanos, que se sostiene por medio de la violencia legítima.. El monopolio de la violencia de Estado permite al soberano decidir sobre la disolución de las manifestaciones pacificas, la designación del enemigo donde le convenga, en sus ciudades o en otras capitales.

Así frustrado, el potencial de los humanos en sus iniciativas y con sus diversidades puede volverse en contra de ellos si es necesario. El poder y la violencia del Estado invaden el espacio público de la política en beneficio de los medios y fines de lo que se llama lo político.



La dominación

A escala internacional, el poder de decisión pertenece a un "club", grupo restringido que pilota la gestión del mundo. El motor es un sistema económico y financiero opaco que utiliza el espacio público en el nombre del "bien de la humanidad". El piloto, lo que Bertrand Badie llama "el Directorio del mundo", «encarna el puño del poder dentro de un guante de paz universal»[3] .

Una "elite" domina el espacio público de todas las naciones, el espacio de la política de la humanidad. Se ha formado una oligarquía, más bien una "oligo-crácia" (ver Arkhos y Krátos), que dispone de un poder ideológico fundado sobre la integración de los poderes políticos, económicos, financieros y, por supuesto, mediáticos. Es un imperio mercantil globalizado, tal como lo describimos en LAS REGLAS DEL JUEGO.

Esta oligarquía orienta los focos de sus medios de comunicación en las direcciones que desea como, por ejemplo, las misas de los G7, 8, 20…, los tanques de reflexión, los cenáculos del Foro de Davos, del Grupo Bilderweg, de la Comisión Trilateral donde se encuentran los demócratas y republicanos estadounidenses y políticos europeos de la derecha y el centro[4] .

Grande es la tentación de ver un complot, una conspiración en tanto poder de dominación concentrado.

Sin embargo, parece más realista la descripción que da Noam Chomsky: «la consecuencia de una dinámica social autónoma, de una inescapable convergencia de intereses enmallados en una tupida trama de organizaciones y personas. Sólo la deslegitimación de este orden mediático-ideológico nos puede devolver la esperanza».



El condicionamiento

En cambio, lo que es evidente es la capacidad de condicionamiento propio de este tipo de dominación. Efectivamente, la gestión de los asuntos comunes al conjunto de los individuos responde al interés de unos cuantos y demuestra la debilidad del sistema político, o más bien su complicidad.

La tarea de poner la palabra y la imagen que los medias difunden pertenece a lo político. Lo hace en el marco de la retórica de la libertad individual y la igualdad de derechos, dando a la seguridad la parte que conviene en este condicionamiento. Es la ideología de la democracia liberal que se traduce por la sumisión de los individuos (Ver ¿Liberación o servidumbre? , en este Blog, apartado Textos, que trata del libreo de Jean-Léon Beauvois: ""Tratado de la servidumbre liberal: análisis de la sumisión")[5]



Así, el espejismo de la libertad hace olvidar la relación directa, biológica, con el bien común, fundamento de una Democracia Real. El alimento y la materia prima que la naturaleza ofrece se vuelven el objeto final de una cadena de producción abstracta. Los servicios públicos, en lugar de depender de los intereses y las necesidades directas de todos, como bien común, están cedidos a unas empresas privadas que tienen la competitividad como medios y el beneficio de los accionistas como fin. Las condiciones de explotación de las fuentes energéticas son antidemocráticas ya que benefician algunos en detrimento de las poblaciones que corren peligro por su salud y su vida en el caso de los escapes de gases o de radioactividad.

No se respectan los derechos de los individuos y la obsesión de la seguridad se vuelve el pretexto para la exclusión y la violencia. El individuo condicionado no puede ver la contradicción que implica la libertad individual que se le propone con el tipo de seguridad que se le impone. Mientras aplaude la instauración de esta falsa democracia en las antiguas dictaduras, no sabe que las "elites" que ha elegido son los que preparan estas futuras "elites" que serán elegidas en estas nacientes democracias.

Lejos de adelantarse a los flujos y los devenires de los que los han elegidos para eso, en vez de gobernar con la distancia necesaria, el poder político trata de los problemas de la sociedad en el día a día. Siempre con la obsesión de la seguridad, manipulando los miedos, sabe promover la exclusión en vez de la inclusión.

El individuo condicionado no sabe que ha elegido la autoridad de un poder político populista que, detrás de este falso acercamiento a la sociedad, sabe perfectamente obrar a favor de los grandes monopolios económicos y financieros. Lo hace a pesar de las promesas de control y regulación de estos monopolios.

El individuo, ignorante y condicionado, vota en contra de el mismo.

No sabe tampoco que, cuando expresa su indignación frente a la situación que genera tal sistema, mantiene el diálogo con él.

No sabe que cuando, en el nombre de una Democracia Real, reivindica un tipo de representación más acorde con los devenires de la sociedad, está actuando de modo que este sistema oligárquico se perpetúe…a no ser que las pulsiones emocionales de unos cuantos despierte de un coma social prolongado la masa de los individuos europeos.

La verdadera revolución ¿no sería, de hecho, este fenómeno de rebelión que conlleva la constitución y consolidación de un espacio de libertad? Como dice Hannah Arendt[6] , si la gran mayoría de los seres humanos ejercieran su poder, es decir, su acción concertada, no existiría dominación que los envilezca.

Notas

[1]Hasta ahora, los acuerdos y tratados internacionales de soberanía supranacional, como por ejemplo los que conciernen la Unión Europea, no han puesto en tela de juicio este dato. La creación de federaciones o confederaciones de Estados no modifica en absoluto la soberanía política que desarrollamos en este texto.

[2]Carl Schmitt: "Teología política"
[3]Bertrand Badie: "La diplomacia de connivencia"

[4]José Vidal-Beneyto: "La dominación ideológica"
[5]Ver también: Sheldon S.Wolin "La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido" mencionado en LAS REGLAS DEL JUEGO "Mercados y flujos"
[6 En preparación en este Blog: título Textos " Arendt y la dominación "
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